Vista exterior de la Mezquita de Al-Azhar en El Cairo, destacando su arquitectura impresionante.

La Mezquita de Al-Azhar: Joya del Cairo islámico

Al-Azhar lleva más de mil años funcionando sin interrupción, y eso la convierte en algo más que un monumento: es una institución viva. Se fundó antes que la universidad de Bolonia, antes que Oxford y antes que casi cualquier cosa que siga en pie en Europa, y todavía hoy sus dictámenes se leen en todo el mundo suní.

Para el visitante, además, tiene una ventaja: está abierta, es gratuita y se puede entrar. Mucha gente pasa de largo por la calle Al-Azhar camino de Jan el-Jalili sin saber que al otro lado de esa fachada hay uno de los patios más bonitos de El Cairo.

Fieles y visitantes en el interior de la mezquita de Al-Azhar, en El Cairo

Mil años de historia

La mezquita se levantó en el año 970 por orden de Yawhar al-Siquilí, el general que había conquistado Egipto para el califa fatimí al-Muizz. Fue el primer edificio importante de la ciudad nueva que estaban fundando, y esa ciudad se llamó al-Qahira: El Cairo. La primera oración se celebró en el 972.

El nombre viene probablemente de al-Zahra, «la resplandeciente», epíteto de Fátima, la hija del Profeta, de quien los fatimíes decían descender. Ellos eran chiíes ismailíes, y concibieron Al-Azhar como el centro doctrinal de su califato: un sitio para formar predicadores y difundir su versión del islam.

Del chiismo al sunismo

Eso duró dos siglos. Cuando Saladino tomó Egipto en 1171 y acabó con el califato fatimí, desmanteló la enseñanza chií y llegó a suspender la oración del viernes en Al-Azhar durante casi cien años. La mezquita quedó en un segundo plano hasta que los mamelucos la recuperaron: Baibars restauró el culto en 1266, y a partir de ahí sultanes y emires fueron añadiendo madrasas, minaretes y fundaciones piadosas alrededor del edificio original.

La gran transformación llegó en el siglo XVIII, con Abd al-Rahman Katjuda, que en 1753 amplió el espacio de oración y construyó la puerta que hoy es la entrada principal, la Bab al-Muzayinín o «puerta de los barberos», llamada así porque allí se afeitaba a los estudiantes.

Qué se ve dentro

Se entra por la Bab al-Muzayinín, se dejan los zapatos y se accede al sahn, el patio central. Es un rectángulo de mármol blanco rodeado por arcadas de arcos apuntados, con el cielo abierto encima y una acústica que apaga por completo el ruido de la calle. En un barrio tan denso como este, el contraste al cruzar la puerta es notable.

Fíjate en la decoración de las arcadas: los medallones y las bandas de estuco tallado que recorren la parte alta son fatimíes, del siglo X, y están entre lo más antiguo que se conserva de aquel periodo en Egipto. También sobrevive el mihrab original, el nicho que marca la dirección de La Meca.

El patio de la mezquita de Al-Azhar iluminado de noche

La sala de oración se abre al fondo del patio: un bosque de columnas de mármol —muchas reaprovechadas de edificios romanos y bizantinos, todas distintas entre sí— sosteniendo techos de madera y arcos de herradura. Al ser un edificio ampliado en épocas sucesivas, el interior no es homogéneo, y precisamente eso es lo interesante: se camina de un siglo a otro.

Desde el patio se ven cinco minaretes de distintas épocas. El más llamativo es el doble, con dos remates gemelos, que mandó construir el sultán Qansuh al-Ghuri hacia 1510 y que se ha convertido en la silueta característica del conjunto.

La universidad

La enseñanza empezó en el año 975, cinco años después de la fundación, y no se ha interrumpido desde entonces. Por eso Al-Azhar reclama el título de universidad en funcionamiento más antigua del mundo, un puesto que se disputa con la Qarawiyín de Fez.

Durante siglos el sistema fue el tradicional: los alumnos se sentaban en círculo alrededor de un maestro, junto a una columna del patio, y estudiaban Corán, hadiz, derecho, gramática, retórica, lógica y teología. No había cursos ni títulos como los entendemos hoy; era el profesor quien certificaba, mediante una iyaza, que un alumno estaba capacitado para transmitir a su vez lo aprendido.

La reforma decisiva llegó en 1961, cuando Al-Azhar se convirtió en universidad moderna y se le añadieron facultades de medicina, ingeniería, agricultura y comercio, además de abrirse a las estudiantes. Hoy la red completa —desde la enseñanza primaria hasta el doctorado, con centros por todo el país— escolariza a cerca de dos millones de personas.

Su biblioteca es una de las grandes colecciones del mundo islámico, con centenares de miles de volúmenes y decenas de miles de manuscritos, algunos de ellos únicos.

Peso político

El Gran Imán de Al-Azhar es, para buena parte del mundo suní, la máxima autoridad religiosa, y sus dictámenes tienen alcance internacional. La institución ha ejercido históricamente de contrapeso frente a las corrientes más rígidas, y ha condenado de forma explícita la violencia cometida en nombre del islam.

Esa posición la ha metido en todos los momentos decisivos de la historia moderna de Egipto. Desde Al-Azhar se predicó contra la ocupación napoleónica, sus ulemas mediaron entre gobernantes y población durante el periodo otomano, y en el siglo XX participó en los debates sobre independencia, reforma legal y educación. Sigue siendo, hoy, un actor con voz propia.

Fundación Año 970, califato fatimí
Primera oración 972
Inicio de la enseñanza 975
Minaretes Cinco, de épocas distintas
Dónde Calle Al-Azhar, Cairo islámico
Entrada Gratuita
Visita Abierta a no musulmanes, fuera de las horas de oración

Cómo visitarla

Sí se puede entrar, y no hay que pagar nada. Solo se piden tres cosas: descalzarse antes de pisar la alfombra, vestir de forma discreta —hombros y rodillas cubiertos, y pañuelo en la cabeza para las mujeres, que suelen prestarlo en la puerta— y no molestar a quien está rezando.

Evita los momentos de oración, sobre todo la del mediodía del viernes, que es la más concurrida y en la que la mezquita se llena. El resto del tiempo hay poca gente, se puede pasear con calma por el patio y sentarse un rato en las arcadas, que es lo que hace la mayoría de los estudiantes.

Se puede fotografiar sin flash, con la precaución elemental de no apuntar directamente a la cara de quien está rezando. Es posible que alguien se ofrezca a acompañarte por dentro; si aceptas, cuenta con dejarle una propina.

Qué hay al lado

Al-Azhar está en el centro exacto del Cairo medieval, y esa es su otra ventaja. Justo enfrente, cruzando la calle, tienes el bazar de Jan el-Jalili, y a su lado la mezquita de al-Hussein, uno de los santuarios más venerados de Egipto. A pocos metros arranca la calle Al-Muizz, y bajando por ella se llega enseguida a Wekalet El Ghouri, donde por la noche hay espectáculo de danza Tanoura.

Para comer, el café El Fishawy, en pleno bazar, lleva abierto desde finales del siglo XVIII y es una parada obligada aunque solo sea por el té con menta. Al lado está el restaurante Naguib Mahfuz, más turístico pero cómodo si vas con niños. Y enfrente de la mezquita, el parque Al-Azhar, en lo alto, tiene las mejores vistas del Cairo islámico al atardecer.

Todo esto se recorre a pie en una misma tarde. En El Cairo islámico tienes el itinerario completo, y en qué ver en El Cairo, el resto de la ciudad.

Por qué entrar

Es fácil quedarse fuera. La fachada da a una calle ruidosa, hay tráfico, hay vendedores, y desde ahí el edificio no parece gran cosa. Pero cruzar la puerta y encontrarse de golpe con el silencio del patio, con el mármol blanco y con las columnas romanas reutilizadas hace mil años, es una de esas cosas que justifican el viaje.

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