Vista panorámica de las ruinas de la ciudad de Menfis en El Cairo, Egipto.

Descubre la antigua Memphis: joya de Egipto

Conviene decirlo desde el principio, porque ahorra un disgusto: de Menfis no queda ciudad. Fue durante siglos la capital de Egipto y una de las mayores urbes del mundo antiguo, y hoy lo que se visita es un recinto pequeño entre palmerales, con un puñado de esculturas y algunos cimientos.

Sabiendo eso, la visita merece la pena. Porque las dos piezas que hay son extraordinarias, porque está a diez minutos de Sacara y porque entender qué fue este sitio explica por qué las pirámides están donde están.

El coloso de Ramsés II en el museo de Menfis

Los datos

Nombre actual Mit Rahina, provincia de Guiza
Fundación Hacia 3100 a.C., atribuida por la tradición a Menes
Nombres antiguos Inebu-hedy, «los muros blancos»; después Men-nefer, «duradera y bella»
Dios de la ciudad Ptah, el artesano que creó el mundo nombrándolo
Su necrópolis Desde Guiza hasta Dahshur, incluida Sacara
Dónde A unos 25 km al sur de El Cairo

Qué fue Menfis

Se fundó en el punto exacto donde el valle estrecho del Nilo se abre en el delta: el sitio desde el que se controlan a la vez el Alto y el Bajo Egipto. Ese emplazamiento es la razón de su existencia y explica que la eligiera el rey que unificó el país.

Su primer nombre fue Inebu-hedy, «los muros blancos», por la muralla encalada de la ciudadela. El nombre Menfis viene, a través del griego, de Men-nefer, que era en origen el nombre de la pirámide de Pepi I y acabó designando a toda la ciudad.

Fue capital de Egipto durante todo el Imperio Antiguo y siguió siendo, incluso cuando la capital política se trasladó a Tebas y luego a Alejandría, la mayor ciudad del país, su centro industrial y religioso y el lugar donde se coronaba a los faraones. Estrabón la visitó en época romana y la describió todavía como una gran ciudad, la segunda del país.

Su dios era Ptah, patrón de los artesanos y de los escultores. La teología menfita sostenía que Ptah había creado el mundo pensándolo con el corazón y pronunciándolo con la lengua, una idea de creación por la palabra notablemente abstracta para su época. Su templo era uno de los mayores de Egipto y el nombre griego de uno de sus recintos, Hut-ka-Ptah, dio a través del griego Aigyptos la palabra «Egipto».

Por qué desapareció

No fue un desastre, fue un desplazamiento. Cuando los árabes conquistaron Egipto en el año 641 fundaron su campamento en la otra orilla, en Fustat, que crecería hasta convertirse en El Cairo. Menfis quedó al lado de una ciudad nueva y en expansión, y durante siglos funcionó como cantera: sus bloques, sus columnas y sus revestimientos se fueron a construir mezquitas, murallas y palacios cairotas.

A eso se sumó el Nilo, que ha ido desplazando su cauce hacia el este, y el limo de las crecidas, que enterró lo que quedaba bajo varios metros de tierra fértil. Hoy la mayor parte del yacimiento está debajo de campos de cultivo y del pueblo de Mit Rahina, lo que hace muy difícil excavarlo.

Visitantes en la necrópolis de Sacara, junto a Menfis

Qué se ve hoy

El coloso de Ramsés II

La pieza principal, y sola justifica la parada. Una estatua de caliza de unos diez metros, tumbada boca arriba dentro de un pabellón construido a su medida, con una pasarela en alto que permite verla desde arriba.

Le faltan las piernas por debajo de las rodillas, y esa es la razón de que esté acostada. La talla es magnífica: se distinguen perfectamente los rasgos de la cara, el cinturón con su cartucho y el detalle de las manos. Verla en horizontal y a un metro de distancia, en lugar de a treinta metros de altura como estaba pensada, es una experiencia rara y muy recomendable.

Un segundo coloso del mismo par estuvo décadas en una plaza de El Cairo, delante de la estación de ferrocarril, hasta que se trasladó en 2018 al Gran Museo Egipcio.

La esfinge de alabastro

Al aire libre, en el jardín. Ocho metros de largo, cuatro de alto y unas ochenta toneladas de una sola pieza de calcita. Es la esfinge de alabastro más grande que se conoce y probablemente representa a un rey de la dinastía XVIII. Estaba en el recinto del templo de Ptah.

El resto del recinto

  • Las mesas de embalsamamiento de los Apis, grandes bloques de alabastro con canales tallados, donde se momificaba a los toros sagrados antes de llevarlos al Serapeum de Sacara.
  • Restos del templo de Ptah, apenas cimientos y algún bloque suelto.
  • Estatuas, estelas, sarcófagos y fragmentos repartidos por el jardín.

Y poco más. Media hora larga basta.

La necrópolis

Aquí está lo importante, y es la razón real por la que este lugar figura en todos los itinerarios. La necrópolis de Menfis se extiende más de treinta kilómetros a lo largo del borde del desierto e incluye, de norte a sur, Abu Rawash, Guiza, Zawiyet el-Aryan, Abusir, Sacara y Dahshur.

Es decir: las pirámides no están donde están por casualidad. Están ahí porque esta era la ciudad de los reyes que las construyeron, y sus tumbas se levantaron en el desierto, justo al oeste, a la vista de la capital.

Ese conjunto, con la ciudad, fue declarado Patrimonio Mundial en 1979.

Lo que hay al lado

  • La pirámide escalonada de Zoser, en Sacara, el complejo monumental de piedra tallada más antiguo del mundo.
  • La pirámide de Unas, con los Textos de las Pirámides, la literatura religiosa más antigua que existe.
  • El Serapeum, la galería subterránea donde se enterraba a los toros Apis en sarcófagos de granito de hasta setenta toneladas.
  • Las mastabas de Ti y de Mereruka, con los mejores relieves de la vida cotidiana del Imperio Antiguo.
  • Dahshur, con la pirámide Acodada y la Roja, ambas de Seneferu, padre de Keops. La Roja es la primera pirámide de caras lisas que se terminó, y se puede entrar sin colas.

Cómo visitarlo

  • Nunca se visita solo. Menfis, Sacara y Dahshur se hacen en la misma jornada, y es una de las mejores excursiones que se pueden hacer desde El Cairo.
  • El orden que funciona es Sacara primero, con calma, luego Menfis como parada breve y Dahshur al final, cuando ya se entiende qué se está mirando.
  • Calcula media hora en Menfis y un día entero para el conjunto.
  • Llévate agua y sombrero. Sacara y Dahshur son desierto abierto.
  • Ve con guía. En Menfis, sin alguien que cuente qué fue esto, se ven dos estatuas y un jardín.
  • Las tarifas se revisan con frecuencia. Consúltalas poco antes de viajar.

Por qué merece la pena

Por el coloso, que es una de las mejores esculturas que se pueden ver en Egipto y que casi nadie espera encontrar aquí.

Y porque pone las cosas en su sitio. Después de ver Guiza, Sacara y Dahshur sin saber qué las une, pasar por Menfis explica de golpe la geografía entera del Imperio Antiguo: una capital al borde del delta, y su cementerio real desplegado treinta kilómetros a lo largo del desierto de enfrente.

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