Vista remota impresionante de la Ciudadela de Saladino en El Cairo.

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Durante setecientos años, quien mandaba en Egipto vivía aquí. Sultanes ayubíes, mamelucos, gobernadores otomanos y la dinastía de Muhammad Ali gobernaron desde este espolón de la colina de Muqattam, hasta que en 1874 el jedive Ismail se mudó al palacio de Abdín y la Ciudadela dejó de ser el centro del poder.

Hoy es una de las visitas obligadas de El Cairo, y no solo por la mezquita de la cúpula que se ve desde media ciudad. Dentro hay tres mezquitas de tres épocas distintas, un palacio, varios museos y un pozo excavado noventa metros hacia abajo en la roca viva.

Las murallas de la Ciudadela de Saladino, en El Cairo

Por qué se construyó aquí

Saladino ordenó levantarla en 1176, poco después de acabar con el califato fatimí y hacerse con el poder en Egipto. Eligió el punto exacto por una razón práctica: es el único lugar elevado que domina a la vez las dos ciudades que entonces existían, el Cairo fatimí al norte y Fustat al sur, y desde el que se controla el acceso desde el desierto oriental.

La obra la terminó su sobrino al-Kamil en 1207, y desde entonces cada régimen fue añadiendo lo suyo. Por eso el recinto es un catálogo de estilos: murallas ayubíes, una mezquita mameluca, otra otomana temprana, un palacio del XIX y una mezquita imperial otomana tardía, todo dentro del mismo perímetro.

Qué ver dentro

La mezquita de Muhammad Ali

La que da la silueta. Se construyó entre 1830 y 1848 siguiendo el modelo de las grandes mezquitas imperiales de Estambul, con cúpula central de cincuenta y dos metros, dos minaretes de más de ochenta y un revestimiento de alabastro que le da nombre. Dentro está enterrado el propio Muhammad Ali, y en el patio, el reloj que le regaló Luis Felipe de Francia a cambio del obelisco de la Concordia.

Está contada al detalle en nuestro artículo sobre la mezquita de Muhammad Ali.

La mezquita de al-Nasir Muhammad

La más antigua que queda en pie dentro del recinto, de la primera mitad del siglo XIV, y la que casi nadie mira porque está justo al lado de la otra. Es mameluca y austera: un patio abierto rodeado de arcadas sobre columnas reaprovechadas de edificios anteriores, cada una distinta.

Lo llamativo son sus dos minaretes, rematados en bulbos cubiertos de cerámica vidriada verde y blanca, de clara influencia persa y sin equivalente en El Cairo. Fue la mezquita oficial del Estado durante toda la época mameluca.

La mezquita de Solimán Pachá

De 1528, en la parte norte del recinto. Fue la primera mezquita de estilo otomano construida en Egipto, apenas una década después de la conquista, y es pequeña, íntima y con la cúpula y el patio pintados de arriba abajo. Está fuera del recorrido habitual y suele estar completamente vacía.

Bir Yusuf, el pozo de Saladino

Lo mejor del recinto y lo que menos gente conoce. Para que la fortaleza pudiera resistir un asedio hacía falta agua propia, y se excavó un pozo de unos noventa metros hasta alcanzar el nivel freático, atravesando la roca.

Se hizo en dos tramos. Alrededor del pozo superior se talló una rampa en espiral por la que bajaban los bueyes, que accionaban una noria en el rellano intermedio; una segunda noria subía el agua desde el fondo. La rampa es lo bastante ancha para que pasara un animal de carga y sigue ahí, tallada en la piedra.

El palacio Gawhara

Construido en 1814 como residencia de Muhammad Ali, mezcla decoración otomana con muebles y espejos europeos. Hoy es museo. No tiene muchas piezas, pero los salones dan una idea muy clara del gusto de la corte egipcia del XIX.

Los museos

Van incluidos en la entrada general. El Museo Militar ocupa el palacio Haram y expone armamento, uniformes y vehículos, con los tanques del exterior como reclamo. El Museo de Carruajes guarda los coches de caballos de la familia real. Y el Museo de la Policía, más modesto, ocupa un edificio con una terraza que es también un mirador excelente.

Vista general de la Ciudadela con la mezquita de Muhammad Ali

La matanza de 1811

La Ciudadela tiene un episodio oscuro que conviene conocer, porque explica buena parte de la historia moderna de Egipto. En marzo de 1811, Muhammad Ali convocó a los jefes mamelucos a un banquete para celebrar el nombramiento de su hijo. Los mamelucos llevaban siglos siendo la casta militar dominante del país y eran su único rival serio.

Al terminar el acto, la comitiva bajó a caballo por el pasadizo estrecho que conduce a la puerta de Bab al-Azab. Las puertas se cerraron por delante y por detrás, y desde lo alto de los muros los abatieron a tiros. Con ello desapareció el poder mameluco y quedó despejado el camino para la dinastía que gobernaría Egipto hasta 1952.

Las vistas

Hay dos miradores y conviene asomarse a los dos. El de la explanada situada delante de la mezquita de Muhammad Ali, junto al muro sur, es el más conocido: se ve, en primer plano, la mole de la mezquita del sultán Hassan y la de Al-Rifai, enfrentadas en la plaza de abajo, y detrás, centenares de minaretes del Cairo islámico.

El segundo, en la terraza del Museo de la Policía, mira más hacia el oeste y es desde donde mejor se distinguen, en los días limpios de invierno y a primera hora, las siluetas de las pirámides de Guiza en el horizonte.

Cómo visitarla

  • Calcula media jornada. Con dos o tres horas se ve lo esencial; el recinto es grande y se camina bastante en cuesta.
  • Ve a primera hora. No hay sombra en las explanadas y el sol pega fuerte incluso en invierno.
  • Ropa discreta y calzado cómodo. Para entrar en las mezquitas hay que descalzarse y llevar hombros y rodillas cubiertos; en la puerta prestan túnicas.
  • Evita el mediodía del viernes, cuando las mezquitas están en uso.
  • La entrada incluye las mezquitas, el palacio y los museos. Las tarifas se revisan con frecuencia, así que conviene consultarlas poco antes de ir.
  • Bir Yusuf no siempre está abierto. Si lo está, no te lo saltes.

Qué hay al lado

Bajando de la Ciudadela, en la plaza que se ve desde el mirador, están la mezquita del sultán Hassan y la de Al-Rifai, y a un paseo corto la mezquita de Ibn Tulun, la más antigua de la ciudad conservada en su forma original. Es la combinación natural para completar el día.

Puedes ver el recorrido entero en El Cairo islámico y el resto de la ciudad en qué ver en El Cairo.

Merece la subida

La Ciudadela funciona como resumen: en un solo recinto se pasa de las murallas de Saladino a la mezquita mameluca, de ahí a la primera obra otomana de Egipto y por último al siglo XIX de Muhammad Ali. Ochocientos años de historia del país, uno detrás de otro, y desde arriba se ve todo lo demás.

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