Hay un momento en la visita al Cairo islámico en el que la escala deja de tener sentido. Ocurre al cruzar el portal de la mezquita del sultán Hasan: un pasillo estrecho y en penumbra que gira sobre sí mismo y desemboca de golpe en un patio abierto de treinta y seis metros de altura, con cuatro arcos colosales enmarcándolo. La sensación de pequeñez es física.
Es, para muchos historiadores del arte, la obra maestra de la arquitectura mameluca, y una de las grandes construcciones religiosas de cualquier época.

Dónde está
Conviene aclararlo porque se confunde a menudo: la mezquita no está dentro de la Ciudadela de Saladino. Está justo debajo, en la plaza de Salah al-Din, al pie de la colina, y forma pareja con la mezquita de Al-Rifai, enfrentada a ella al otro lado de la calle.
Esa posición no es casual. Al levantarla tan cerca y tan alta, el sultán colocó su fundación en la línea de visión directa de la fortaleza donde residía el poder. Con el tiempo resultó ser un problema militar: en varias revueltas, los rebeldes subieron al tejado y bombardearon la Ciudadela desde allí, hasta el punto de que las autoridades acabaron demoliendo la escalera de acceso.
Historia
La mandó construir al-Nasir Hasan, hijo del sultán al-Nasir Muhammad, que llegó al trono siendo un niño y reinó en dos etapas separadas por un derrocamiento. Las obras empezaron en 1356 y se dieron por concluidas en 1363.
Fue un proyecto ruinoso. Las crónicas de la época recogen que el gasto diario era tan alto que el propio sultán llegó a plantearse abandonarlo, y que solo la vergüenza de dejar a medias un edificio así lo disuadió. El dinero salió en buena parte de las herencias sin reclamar de las víctimas de la peste negra, que había arrasado El Cairo pocos años antes.
El minarete que se cayó
En 1361, cuando la obra estaba muy avanzada, uno de los minaretes se derrumbó sobre la madraza. Murieron cerca de trescientas personas, la mayoría estudiantes y niños. La ciudad lo interpretó como un presagio, y el presagio se cumplió: apenas un mes después, el sultán Hasan fue depuesto y asesinado.
Su cuerpo nunca apareció, de modo que el mausoleo monumental que se había hecho construir dentro de su propia mezquita está vacío. Allí están enterrados dos de sus hijos, pero no él.
Cómo es
| Construcción | 1356 – 1363 |
| Promotor | El sultán al-Nasir Hasan |
| Superficie | Unos 7.900 metros cuadrados |
| Altura de los muros | Unos 36 metros |
| Portal de entrada | Unos 38 metros de altura |
| Minarete mayor | Más de 80 metros, el más alto de El Cairo |
| Minaretes | Dos; se planearon cuatro |
| Dónde | Plaza de Salah al-Din, al pie de la Ciudadela |
El edificio no es solo una mezquita: es un complejo de mezquita y madraza, con residencia para profesores y alumnos, hospital, baños y fuentes. Llegó a alojar a varios centenares de estudiantes internos.
Los cuatro iwanes
Aquí está la clave del diseño. Alrededor del patio central se abren cuatro iwanes, salas abovedadas de un solo arco enorme, abiertas por completo hacia el patio. Cada una estaba dedicada a una de las cuatro escuelas jurídicas del islam suní —hanafí, malikí, shafií y hanbalí—, con sus propias aulas y celdas de estudiantes en los pisos superiores.
Reunir las cuatro escuelas en un mismo edificio era una declaración: el sultán se presentaba como protector de todo el suní, no de una corriente concreta. Las celdas de los estudiantes se ven desde el patio, como ventanucos en las paredes altas.

El iwán de la qibla
El mayor de los cuatro y el más decorado. Su muro de fondo está revestido de mármoles de colores con una franja de inscripción cúfica en estuco que lo recorre entero, y en el centro se abre el mihrab, el nicho que marca la dirección de La Meca. A su lado, el minbar de mármol, y colgando del techo, la enorme estructura circular de lámparas.
Detrás de ese muro está el mausoleo, y esa disposición fue muy criticada en su momento: significaba que los fieles rezaban orientados hacia la tumba del sultán. Es una de las libertades que se permitió esta fundación.
El mausoleo
Una sala cuadrada cubierta por una cúpula, con las paredes revestidas de mármol y una banda de inscripciones. La cúpula original se derrumbó en el siglo XVII y la actual es una reconstrucción otomana, de perfil bulboso y distinto del que tuvo. Desde las ventanas se ve la Ciudadela.
Cómo visitarla
- Entra despacio. El efecto del pasillo de acceso, oscuro y estrecho, seguido de la explosión de luz del patio, es deliberado. No lo cruces mirando el móvil.
- Levanta la vista. Los muros de treinta y seis metros y la banda de inscripción bajo la cornisa son lo que hace única a esta mezquita.
- Ropa discreta, hombros y rodillas cubiertos, pañuelo para las mujeres, y descalzarse antes de pisar las alfombras.
- Evita el mediodía del viernes. Es una mezquita en uso.
- La entrada suele ser combinada con la mezquita de Al-Rifai, que está enfrente. Las tarifas se revisan a menudo.
- Calcula una hora para las dos.
Al-Rifai, enfrente
Aunque parezca de la misma época, es de principios del siglo XX: se construyó entre 1869 y 1912 imitando deliberadamente el estilo mameluco para hacer juego con su vecina. Dentro están enterrados varios miembros de la familia real egipcia, entre ellos el rey Faruk, y también Mohammad Reza Pahlaví, el último sah de Irán, que murió exiliado en El Cairo en 1980.
Qué hay cerca
Estás en el centro del Cairo islámico. Subiendo la cuesta tienes la Ciudadela con la mezquita de Muhammad Ali; caminando en dirección contraria, unos quince minutos, la mezquita de Ibn Tulun y la casa-museo Gayer-Anderson.
Las tres, más la mezquita de Al-Azhar y la calle Al-Muizz, forman el recorrido clásico de El Cairo islámico, que hacemos con guía en español.
Por qué merece la pena
Porque no se parece a nada. La mayoría de las mezquitas de El Cairo impresionan por la decoración; esta impresiona por la escala y por el vacío. Es un edificio de proporciones casi abrumadoras construido en siete años por un sultán adolescente que no llegó a verlo terminado y que ni siquiera está enterrado en él.
Y sigue en pie, con sus muros de treinta y seis metros, seis siglos y medio después.

