Templo de Philae, un ejemplo destacado de la arquitectura antigua en Egipto.

Templo de Philae: Un Tesoro Arquitectónico en el Nilo

Hay una fecha grabada en un muro de Filé: 24 de agosto del año 394. Es el último texto jeroglífico datado que se conoce, escrito por un sacerdote llamado Esmet-Ajom cuando la escritura de los faraones llevaba siglos en retirada y el cristianismo ya dominaba el Imperio. Con esa inscripción se cierra, literalmente, la escritura egipcia.

Filé fue el último lugar donde se siguió adorando a los dioses antiguos, y por eso su historia es distinta de la de cualquier otro templo del país. Además está en una isla, se llega en barca y es probablemente el sitio arqueológico más bonito de Egipto.

El templo de Filé sobre la isla, cerca de Asuán

Isis, y por qué aquí

El templo está dedicado a Isis, la diosa que reconstruyó el cuerpo despedazado de su esposo Osiris y lo devolvió a la vida el tiempo justo para concebir a Horus. Diosa de la magia, de la maternidad y de la fidelidad conyugal, fue la divinidad egipcia de mayor alcance: su culto se extendió por todo el Mediterráneo y llegó a tener templos en Pompeya, en Roma y hasta en Britania.

Filé era su santuario principal. La isla está justo al sur de la primera catarata, en la frontera con Nubia, y funcionaba como punto de encuentro entre egipcios y nubios: unos y otros peregrinaban hasta aquí. En una isla vecina, Biga, se situaba una de las tumbas de Osiris, y cada diez días la estatua de Isis cruzaba el agua para visitarlo.

Quién lo construyó

El conjunto se levantó a lo largo de unos setecientos años. El edificio más antiguo es el pabellón de Nectanebo I, faraón de la XXX dinastía, hacia el 370 a.C. El grueso del templo de Isis es obra de los Ptolomeos, sobre todo de Ptolomeo II, y los emperadores romanos siguieron añadiendo construcciones hasta bien entrado el siglo II.

Pabellón de Nectanebo I Lo más antiguo del recinto, hacia 370 a.C.
Templo de Isis El edificio principal, con dos pilonos, patio y santuario. Ptolemaico
Mammisi La «casa de nacimiento», donde se celebraba el alumbramiento de Horus
Templo de Hathor Pequeño y alegre, con músicos y flautistas en los relieves
Quiosco de Trajano Catorce columnas de época romana, sin techar; la «cama del faraón»
Puerta de Diocleciano En el extremo norte de la isla

El quiosco de Trajano es la imagen que todo el mundo se lleva de Filé: un rectángulo de columnas abiertas al río, con los capiteles todos distintos y el techo que nunca llegó a construirse. Da directamente al agua.

El último templo

Aquí está lo que hace único a este sitio. Cuando el cristianismo se impuso en Egipto y Teodosio prohibió los cultos paganos en el año 391, los templos del país cerraron. Filé no.

La razón era diplomática. Los blemios y los nobatas, pueblos nubios del sur, veneraban a Isis, y un tratado firmado con Roma en tiempos de Diocleciano les reconocía el derecho a seguir haciéndolo y a llevarse la estatua de la diosa en procesión. Mientras ese acuerdo se mantuvo, los sacerdotes de Filé siguieron oficiando.

De ahí salen las dos últimas inscripciones de la historia de la lengua egipcia: el jeroglífico del 394 y un texto demótico del 452. Casi un siglo después, hacia el año 537, el emperador Justiniano ordenó cerrar el santuario por la fuerza, encarcelar a los sacerdotes y convertir el templo en iglesia dedicada a san Esteban.

Esa segunda vida también dejó huella, y se ve al recorrerlo: cruces coptas grabadas sobre los relieves antiguos, rostros de dioses picados a golpes e inscripciones griegas de los monjes. Tres mil años de religión egipcia terminan en estas paredes, y encima se superpone la siguiente.

El templo de Filé visto desde el agua

El templo que estuvo bajo el agua

La primera presa de Asuán, terminada en 1902 y recrecida dos veces después, dejó Filé sumergida durante la mayor parte del año. Solo emergía unos meses, cuando se abrían las compuertas. Durante medio siglo, los viajeros llegaban en barca de remos y navegaban literalmente por encima del templo, mirando hacia abajo las columnas bajo el agua verdosa. Las fotografías de esa época son extraordinarias.

Cuando se proyectó la Presa Alta quedó claro que el nuevo embalse lo dejaría sumergido para siempre, esta vez sin emerger nunca. La Unesco organizó el rescate.

Entre 1972 y 1980 se levantó una ataguía de acero alrededor de la isla, se vació el agua del interior, se desmontaron los edificios en unos cuarenta mil bloques numerados y se volvieron a montar en la isla vecina de Agilkia, situada a mayor altura. A Agilkia hubo que rebajarle la roca y remodelarle el perfil para que se pareciera lo más posible a la Filé original. El trabajo duró ocho años.

Cómo se visita

Se llega en coche hasta el embarcadero de Shellal, al sur de Asuán, y de ahí en lancha motora: unos diez o quince minutos de travesía entre rocas de granito. El precio de la barca se negocia con el barquero y suele ir aparte de la entrada, así que conviene cerrarlo antes de subir, ida y vuelta incluidas.

La aproximación por el agua es la mitad de la experiencia: el templo va apareciendo sobre la isla y se desembarca justo delante del pabellón de Nectanebo.

  • Ve a primera hora, antes de que lleguen los grupos de los cruceros, o a última hora de la tarde.
  • Calcula hora y media en la isla, más los traslados.
  • Busca las cruces coptas y los relieves picados. Están por todas partes una vez que sabes qué mirar.
  • Fíjate en las marcas del agua sobre la piedra: en muchos muros se distingue la línea hasta donde llegó el embalse.
  • Lleva sombrero y agua. En la isla no hay sombra salvo dentro de las salas.
  • Las tarifas se revisan a menudo. Consulta la entrada actualizada antes de ir.

El espectáculo de luz y sonido

Se celebra por la noche y es de los mejores de Egipto, en buena medida porque incluye el trayecto en barca en la oscuridad y un recorrido a pie por el templo iluminado antes de sentarse en la grada. Dura alrededor de una hora.

Cada sesión se narra en un idioma distinto y el español no está todas las noches. Comprueba la programación del día o reserva a través de una agencia que lo gestione.

Con qué combinarlo

Filé se hace en la misma media jornada que la Presa Alta y el obelisco inacabado: los tres están en la misma carretera al sur de la ciudad y es el circuito clásico de Asuán. Con la tarde libre quedan la isla Elefantina, el Museo Nubio o una faluca al atardecer.

Está incluido en todas nuestras rutas por Asuán y en los cruceros por el Nilo, con guía en español.

Por qué merece la pena

Por la isla, por la barca y por las columnas sobre el agua, desde luego. Pero sobre todo porque este es el sitio donde termina el antiguo Egipto. Aquí se escribió el último jeroglífico y aquí se apagó, a la fuerza, un culto que llevaba tres milenios funcionando.

Cuando estés dentro, busca los relieves con las caras borradas. Esa es exactamente la frontera entre dos mundos, marcada a cincel.

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