Asuán es la ciudad más tranquila de Egipto y, para mucha gente, la más bonita. Aquí el Nilo deja de ser un río ancho y manso y se convierte en un laberinto de islas, canales y rocas de granito redondeadas, con dunas doradas cayendo directamente al agua en la orilla oeste.
Fue durante milenios la frontera sur del país y la puerta hacia Nubia, y esa mezcla se sigue notando: la lengua, la música, los colores de las casas y la comida son distintos de los del resto de Egipto.

El circuito clásico
Tres visitas que están al sur de la ciudad, en la misma carretera, y que se hacen juntas en media jornada. Es lo que incluye cualquier crucero y casi cualquier circuito.
El templo de Filé
El santuario de Isis, en una isla, al que se llega en lancha. Fue el último templo del antiguo Egipto en seguir funcionando: aquí se grabó, en el año 394, la última inscripción jeroglífica conocida, y no cerró hasta que Justiniano lo ordenó por la fuerza en el siglo VI. Se desmontó bloque a bloque en los años setenta y se volvió a montar en la isla vecina de Agilkia para salvarlo del embalse. Todo el detalle, en nuestro artículo sobre el templo de Filé.
La Presa Alta
La obra que cambió Egipto: acabó con la crecida anual, dio electricidad al país y creó el lago Nasser. También inundó la Nubia histórica y desplazó a más de cien mil personas, y obligó a la mayor operación de rescate arqueológico de la historia. La parada es corta, pero merece saber qué se está mirando. Lo cuenta nuestro artículo sobre la Presa Alta.
El obelisco inacabado
Cuarenta y dos metros de granito todavía unidos a la cantera, abandonados hace treinta y cinco siglos porque la piedra se agrietó. Es el sitio donde mejor se entiende cómo trabajaban los canteros egipcios: se ven las zanjas hechas a golpe de bolas de dolerita. Más, en el obelisco inacabado.
Las islas
Elefantina
Justo enfrente de la corniche. Fue la capital de la primera provincia de Egipto y el puesto fronterizo desde el que se controlaba todo el comercio con Nubia: por aquí entraban el oro, el marfil y el incienso. En su extremo sur están las ruinas del templo de Jnum, el dios carnero de la catarata, y un nilómetro con la escalera excavada para medir la crecida.
En el resto de la isla hay dos pueblos nubios habitados, con casas encaladas y pintadas de azul, ocre y rosa, callejuelas estrechas y murales. Se cruza en las barcas públicas que salen continuamente de la corniche por muy poco dinero. Tienes más en la isla Elefantina.
La isla de Kitchener
Poco más de seis hectáreas convertidas enteramente en jardín botánico. Lord Kitchener la recibió como regalo a finales del siglo XIX y plantó en ella especies traídas de la India, de África oriental y del sudeste asiático. Hoy es un bosque de palmeras reales, ficus enormes y buganvillas, con senderos y bancos.
Es la mejor parada de media tarde de Asuán: se llega en faluca, se pasea una hora a la sombra y se vuelve al atardecer.
La orilla oeste
Qubbet el-Hawa
La colina perforada que se ve desde la corniche. Alberga alrededor de un centenar de tumbas excavadas en la roca, las de los gobernadores de Elefantina del Imperio Antiguo y Medio: los hombres que dirigían las expediciones hacia el sur. En la de Harkhuf está grabada la carta que le escribió el faraón niño Pepi II pidiéndole que trajera vivo al enano danzante que había encontrado en el país de Yam.
Se sube por una escalera empinada y arriba casi nunca hay nadie. Lo tienes todo en las tumbas de los nobles.

El mausoleo del Aga Jan
En lo alto de una duna, un edificio de granito rosa de estilo fatimí construido en los años cincuenta para Aga Jan III, líder espiritual de los ismailíes, que pasaba los inviernos en Asuán y pidió ser enterrado aquí. No se puede entrar, pero la silueta contra la duna es una de las imágenes de la ciudad.
El monasterio de San Simeón
Un monasterio copto fortificado del siglo VII, abandonado en el siglo XIII, en pleno desierto detrás de las dunas. Conserva muros de siete metros, la iglesia con restos de pintura y las celdas de los monjes. Se llega en camello desde el embarcadero, o andando media hora por la arena.
Las excursiones desde Asuán
Abu Simbel
Está a unos doscientos ochenta kilómetros al sur, casi en la frontera con Sudán, así que es una excursión de día completo: se sale de madrugada, se conduce unas tres horas por el desierto, se visitan los dos templos y se vuelve. También hay vuelos.
Vale cada minuto de carretera. Son los dos templos que Ramsés II excavó en la roca en el siglo XIII a.C. y que se trasladaron enteros sesenta y cinco metros más arriba en los años sesenta. Más, en el templo de Abu Simbel.
Kom Ombo y los templos nubios
A cuarenta y cinco kilómetros al norte está Kom Ombo, el único templo doble de Egipto, dedicado a dos dioses a la vez y con un museo de cocodrilos momificados. Y al sur, en la orilla del lago, están Kalabsha, Beit el-Wali y el quiosco de Kertassi, trasladados también durante la campaña de la Unesco y visitados por muy poca gente.
Lo que no hay que perderse aunque no sea un monumento
- Una faluca al atardecer. Barcas de vela sin motor, silenciosas, que navegan entre Elefantina y la isla Botánica mientras el sol se pone tras las dunas. Es la mejor hora del día en Asuán y cuesta muy poco. Cierra el precio antes de subir.
- El Museo Nubio. Moderno, bien montado y dedicado a la cultura que quedó bajo el agua: arqueología, etnografía y la historia del traslado de los templos. Se ve en hora y media.
- Un pueblo nubio. En la orilla oeste, con casas de colores, cocina propia y una hospitalidad que se recuerda. Se puede cenar allí y volver de noche en barca.
- El zoco. Paralelo a la corniche, es un mercado de verdad: especias a granel, hibisco para el karkadé, dátiles, cestería y tejidos nubios. Mucho menos turístico que el de El Cairo.
- La isla de Sehel, sembrada de miles de inscripciones rupestres dejadas por expediciones a lo largo de tres mil años, incluida la Estela del Hambre.
Cuándo ir
De noviembre a marzo, sin discusión. Asuán es la ciudad más calurosa de Egipto: en verano se superan con holgura los cuarenta grados a mediodía y las visitas se hacen muy duras. En invierno, en cambio, los días son templados y luminosos, aunque conviene saber que las noches refrescan bastante y pueden bajar de los diez grados. Lleva una chaqueta para la faluca del atardecer.
Llueve tan poco que muchas casas ni siquiera tienen tejado inclinado.
Cuánto tiempo hace falta
| 1 día | Filé, la Presa Alta y el obelisco por la mañana; faluca por la tarde |
| 2 días | Se añade Abu Simbel, que ocupa una jornada entera |
| 3 días | Elefantina, Qubbet el-Hawa, el Museo Nubio, San Simeón y un pueblo nubio |
La mayoría de los cruceros dedican a Asuán uno o dos días. Si puedes, quédate una noche más: es la ciudad donde más apetece no hacer nada.
Cómo llegar
Hay vuelos diarios desde El Cairo, de poco más de una hora. El tren nocturno desde la estación de Ramsés, con coches cama, es la alternativa con más encanto y tarda unas doce horas. Y desde Luxor, además del coche y el tren, está la vía más bonita: el crucero por el Nilo, que hace el trayecto en tres o cuatro noches parando en los templos.
Puedes verlo en nuestros cruceros por el Nilo y en los paquetes de viaje a Egipto, todos con guía en español.
Por qué gusta tanto
Porque después de El Cairo y de Luxor, Asuán baja el ritmo. Hay menos gente, menos ruido, menos prisa, y el paisaje del río entre las rocas de granito no se parece a nada. Casi todo el mundo llega pensando en los templos y se va acordándose del atardecer en una barca de vela.

