Es el único templo doble de Egipto, y no en sentido figurado: está partido por la mitad de arriba abajo. Dos puertas, dos salas hipóstilas, dos series de antecámaras y dos santuarios, uno al lado del otro, perfectamente simétricos respecto a un eje central que no lleva a ninguna parte. Cada mitad pertenece a un dios distinto.
Está sobre un promontorio en un recodo del Nilo, a unos cuarenta y cinco kilómetros al norte de Asuán, y casi todo el mundo llega en barco, porque es parada obligada de los cruceros. Al atardecer, iluminado y reflejado en el agua, es de las imágenes que más se recuerdan del viaje.

Los datos
| Nombre antiguo | Nubt, «la ciudad del oro» |
| Construcción | Iniciada hacia 180 a.C. por Ptolomeo VI |
| Ampliaciones | Ptolomeos posteriores y emperadores romanos, hasta el siglo III d.C. |
| Material | Arenisca |
| Dedicado a | Sobek en la mitad sur y Haroeris en la norte |
| Distancia | Unos 45 km al norte de Asuán, 165 km al sur de Luxor |
Por qué está partido en dos
Kom Ombo estaba en la frontera entre dos territorios cuyas poblaciones veneraban a dioses distintos y, según las fuentes antiguas, no siempre se llevaban bien. En lugar de imponer un culto sobre el otro, los Ptolomeos construyeron un templo que servía a los dos exactamente por igual.
La simetría no es aproximada, es milimétrica. Cada mitad tiene su propia puerta en el pilono, su propio pasillo, sus propias capillas y su propio santuario, y ninguna es mayor que la otra ni está mejor situada. Es una solución política resuelta con arquitectura.
Cada lado alberga además una tríada familiar completa:
- Mitad sur (derecha): Sobek, el dios cocodrilo; Hathor, y su hijo Jonsu.
- Mitad norte (izquierda): Haroeris, «Horus el Viejo»; Tasenetnofret, «la buena hermana», y su hijo Panebtauy.
Conviene aclarar quién es Haroeris, porque las guías suelen decir simplemente «Horus» y no es lo mismo. Horus el Viejo no es el niño hijo de Isis y Osiris, sino una divinidad celeste mucho más antigua cuyos ojos son el sol y la luna. Aquí se le venera como sanador, y de ahí viene lo que hace famoso a este templo.
Los relieves médicos
En el muro exterior trasero, en la parte más alejada de la entrada, hay un panel que se lleva la atención de todos los grupos: una colección de objetos tallados en fila que se identifican tradicionalmente como instrumental quirúrgico. Bisturís, pinzas, ventosas, tijeras, sierras de hueso, espátulas, balanzas, esponjas y lo que parecen fórceps.
Debajo, dos figuras sentadas y una diosa arrodillada, en la que suele verse una escena de parto. Hay más medicina repartida por el templo: fórmulas, invocaciones y una lista de ofrendas relacionadas con la curación.
La interpretación no es unánime, y algunos egiptólogos consideran que parte de esos objetos son instrumentos rituales y no médicos. Pero el conjunto sigue siendo el testimonio gráfico más completo que se conserva de la práctica sanitaria en el Egipto antiguo, y por sí solo justifica la parada.
El calendario
Cerca de allí, otro relieve mucho menos visitado y no menos interesante: un calendario de fiestas que enumera mes a mes las ceremonias del templo y las ofrendas que correspondían a cada una. Es el equivalente antiguo del horario de un edificio en funcionamiento.
El pozo y los cocodrilos
En el recinto hay un pozo circular de piedra, con una escalera de caracol que baja hasta el nivel freático. Servía de nilómetro, para medir la crecida y calcular con ella los impuestos del año, y también para abastecer de agua al templo.
Junto a él hay una pequeña alberca. Se cree que en ella se criaban los cocodrilos sagrados de Sobek, que vivían alimentados por los sacerdotes y, al morir, eran momificados y enterrados en la necrópolis vecina.
De ahí sale el Museo del Cocodrilo, inaugurado junto al templo en 2012, con unos trescientos cocodrilos momificados expuestos por tamaños, desde crías recién salidas del huevo hasta ejemplares de más de cuatro metros. Están además los sarcófagos de madera, los huevos y los ataúdes en miniatura. Es pequeño, se ve en veinte minutos y es de los museos más impactantes de Egipto.

Los elefantes
Hay una razón práctica por la que este sitio importaba tanto a los Ptolomeos, y no aparece en casi ninguna guía.
Egipto había perdido el acceso a los elefantes de guerra indios que usaban sus rivales seléucidas, así que organizó expediciones para capturar elefantes africanos en el Sudán y el cuerno de África. Kom Ombo, por su situación en la ruta del sur, funcionó como campamento de adiestramiento y estación de paso de aquellos animales. La ciudad era también centro de comercio de oro procedente de las minas del desierto oriental, de donde le viene el nombre.
Lo que se ha perdido
Buena parte del templo ya no está. El pilono de entrada, el patio y todo el frente cayeron al Nilo cuando el río socavó el terreno, y lo que hoy se ve empieza prácticamente por la sala hipóstila. El resto quedó enterrado bajo la arena y las crecidas hasta que se despejó a finales del siglo XIX.
Eso tiene una consecuencia agradable para el visitante: al no haber techos ni muros exteriores completos, el templo entra en luz por todas partes y los relieves se ven mucho mejor que en cualquier otro. Aquí se conserva además bastante color original en los capiteles y en las cornisas.
Se sigue excavando. En 2018 aparecieron en el recinto un busto del emperador Marco Aurelio y una esfinge de arenisca de época ptolemaica.
Cómo visitarlo
- Casi todo el mundo llega en crucero, en la escala entre Edfu y Asuán. El barco atraca a cien metros del templo y se sube andando.
- Por carretera son unos cuarenta y cinco minutos desde Asuán, y se combina bien con una jornada por la orilla del Nilo.
- Ve al atardecer o de noche. Es cuando lo iluminan, y la diferencia es enorme.
- Calcula una hora, hora y media con el museo.
- Busca el muro trasero. Los relieves médicos, el calendario y el retrato del emperador Macrino están todos fuera del recorrido principal, en la parte de atrás, y muchos grupos no llegan.
- Entra en el museo. La entrada es aparte y merece mucho la pena.
- Las tarifas se revisan con frecuencia. Consúltalas poco antes de viajar.
Un detalle para buscar
En el santuario hay un relieve del emperador romano Macrino junto a su hijo Diadumeniano, vestidos de faraones y haciendo ofrendas a los dioses egipcios. Macrino reinó catorce meses en el año 217 y es una figura marginal de la historia romana; esta es prácticamente la única representación suya en un templo egipcio, y una de las últimas veces que un emperador aparece grabado a la manera faraónica.
Con qué combinarlo
Kom Ombo es la parada intermedia natural entre Edfu y Asuán, y forma parte del itinerario de casi todos los cruceros. En Asuán se enlaza con el obelisco inacabado, la presa alta y las tumbas de los nobles.
Si te interesan los templos tardíos y bien conservados, el otro imprescindible es el templo de Dendera, de la misma época y con el techo astronómico completo.
Por qué merece la pena
Porque es distinto de todo lo demás. Después de una semana de templos que repiten el mismo esquema, llegar a uno construido dos veces, con dos ejes paralelos y dos santuarios gemelos, obliga a mirar de otra manera.
Y porque la razón de esa rareza es completamente humana: dos comunidades, dos dioses y un arquitecto que resolvió el problema partiendo el edificio por la mitad.

