Templo de la Reina Hatshepsut en Luxor, destacando la arquitectura egipcia antigua.

El Templo de Hatshepsut: Maravilla del Antiguo Egipto

Aparece de golpe, al final de un valle desértico, encajado contra un acantilado de trescientos metros de roca vertical. Tres terrazas blancas superpuestas, columnatas perfectamente alineadas y rampas que suben en el eje central. No se parece a ningún otro templo egipcio, y lleva tres mil quinientos años ahí.

Su nombre antiguo era Dyeser-Dyeseru, «el sagrado de los sagrados», y lo mandó construir la mujer que gobernó Egipto durante veintidós años haciéndose representar con barba postiza.

Estatuas osiríacas en el templo de la reina Hatshepsut, en Luxor

Quién fue Hatshepsut

Hija de Tutmosis I y esposa de su medio hermano Tutmosis II. Cuando este murió, el heredero, Tutmosis III, era un niño, y ella asumió la regencia. Unos años después dio el paso siguiente: se proclamó faraón por derecho propio y gobernó hasta su muerte, hacia 1458 a.C.

No fue la primera mujer que reinó en Egipto —Sobekneferu lo había hecho tres siglos antes— pero sí la más poderosa y la que más construyó. Su reinado fue largo, pacífico y próspero, y se apoyó más en el comercio y en las obras públicas que en las campañas militares.

Para legitimarse hizo dos cosas. Se hizo representar con los atributos masculinos del faraón, incluida la barba ceremonial, y mandó grabar en este templo una historia oficial según la cual el dios Amón en persona era su padre.

El edificio

El proyecto es de Senenmut, su mayordomo y arquitecto, y su gran acierto fue no competir con el acantilado sino integrarse en él: las líneas horizontales de las terrazas y las verticales de las columnas repiten el ritmo de la pared rocosa que tienen detrás.

No partía de cero. Justo al lado, en el mismo circo rocoso, estaba el templo funerario de Mentuhotep II, de la XI dinastía y unos quinientos años anterior, que ya usaba terrazas. Senenmut tomó aquella idea y la llevó mucho más lejos.

Nombre antiguo Dyeser-Dyeseru, «el sagrado de los sagrados»
Construcción Durante el reinado de Hatshepsut, c. 1479-1458 a.C.
Arquitecto Senenmut
Estructura Tres terrazas unidas por rampas centrales
Desnivel total Unos 30 metros
Dedicado a Amón, con capillas a Hathor y Anubis
Dónde Deir el-Bahari, orilla oeste de Luxor

En la terraza superior, delante de los pilares, hay una fila de estatuas osiríacas de la reina, momiformes y con los brazos cruzados. En la intermedia están las dos capillas laterales: la de Anubis, con columnas de dieciséis caras que a los primeros egiptólogos les recordaron a las dóricas griegas y que son mil años anteriores, y la de Hathor, con capiteles rematados por la cabeza de la diosa con orejas de vaca.

Los relieves que hay que buscar

El nacimiento divino

En el pórtico norte de la terraza intermedia. Cuenta, escena a escena, cómo el dios Amón adoptó la forma de Tutmosis I para visitar a la reina Ahmose, cómo Jnum modeló a la niña en su torno de alfarero y cómo los dioses la reconocieron como legítima soberana de Egipto.

Es propaganda dinástica en estado puro y, a la vez, una de las secuencias narrativas más completas que se conservan del antiguo Egipto.

La expedición al país de Punt

En el pórtico sur, y probablemente lo mejor del templo. Hatshepsut envió una flota de cinco barcos a Punt, en algún punto de la costa del mar Rojo o del Cuerno de África, y mandó grabar el viaje entero: los barcos con las velas desplegadas, los peces del mar Rojo identificables por especies, las casas sobre pilotes de los habitantes, y la carga de vuelta.

Trajeron incienso, mirra, ébano, marfil, oro, pieles de pantera y babuinos vivos. Y algo insólito: treinta y un árboles de mirra con su cepellón, plantados después en la terraza inferior del templo. Los hoyos donde estuvieron todavía se pueden ver.

En esos relieves aparece también la reina de Punt, representada con un realismo poco habitual en el arte egipcio, que suele idealizarlo todo.

El templo de Hatshepsut iluminado de noche

El borrado

Al recorrer el templo se ven, por todas partes, huecos rectangulares picados a cincel donde había una figura o un cartucho. Alguien se dedicó sistemáticamente a eliminar el nombre y la imagen de Hatshepsut de sus propios monumentos.

Fue Tutmosis III, pero conviene matizar la explicación fácil. La campaña de borrado no empezó al morir ella, sino unos veinte años después, cuando él ya llevaba dos décadas reinando en solitario. Eso descarta bastante el rencor personal y apunta más bien a una operación política: asegurar la sucesión de su propio hijo eliminando el precedente de una mujer en el trono.

Funcionó durante milenios. Hatshepsut desapareció de las listas reales y de la memoria, y no se recuperó su historia hasta que se descifraron los jeroglíficos en el siglo XIX.

El sol de invierno

El eje del templo está orientado de manera que, en el amanecer del solsticio de invierno, la luz del sol entra por la puerta principal, atraviesa las terrazas y llega al fondo del santuario excavado en la roca, iluminando el nicho. Es la misma clase de precisión astronómica que se ve en Abu Simbel, y aquí pasa desapercibida porque no se ha convertido en festival.

Cómo visitarlo

  • Ve a primera hora. Es lo más importante. El templo mira al este, así que al amanecer lo tienes iluminado de frente; a partir de media mañana el sol pega directamente sobre las terrazas y no hay ni un metro de sombra.
  • Calcula una hora u hora y media. Se sube por las rampas y se recorren los tres niveles.
  • Busca las dos capillas laterales. Mucha gente sube en línea recta y se las pierde, y son lo mejor conservado en cuanto a color.
  • Hay un trenecito eléctrico desde el aparcamiento hasta la explanada, para no hacer a pie el último tramo sin sombra.
  • Las tarifas se revisan con frecuencia. Consúltalas poco antes de viajar.
  • Agua, sombrero y gafas de sol. El reflejo de la caliza blanca a mediodía es muy fuerte.

Cómo llegar

Está a unos cinco kilómetros del centro de Luxor, cruzando el río. Se llega en coche en unos veinte minutos por el puente, o cruzando en el ferry local y tomando un taxi al otro lado. Va incluido en todas las excursiones de la orilla oeste y en la parada de Luxor de los cruceros por el Nilo.

Con qué combinarlo

Con el Valle de los Reyes, que está literalmente al otro lado de la misma montaña —de hecho, hay un sendero que los une por arriba— y con los Colosos de Memnón. Es el circuito clásico de la orilla oeste, que puedes ver completo en qué ver en Luxor.

Por qué impresiona

Porque casi todos los templos egipcios se parecen entre sí, y este no se parece a ninguno. Es simétrico, horizontal, sobrio y está pensado desde el paisaje hacia dentro, algo que en arquitectura no volvería a hacerse con esta claridad hasta muchos siglos después.

Y porque lo mandó construir alguien que sabía que iban a intentar borrarla, y aun así lo construyó tan bien que sigue en pie.

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