Camino pintoresco con carneros que lleva al Templo de Karnak en Luxor.

El majestuoso Templo de Karnak en Egipto

Karnak no es un templo: es un recinto religioso que se estuvo construyendo durante dos mil años. Treinta y tantos faraones fueron añadiendo patios, pilonos, capillas, obeliscos y salas, cada uno sobre o junto a lo que había dejado el anterior, hasta convertirlo en el mayor complejo de culto de la Antigüedad.

Eso explica por qué desconcierta al llegar. No hay un edificio, hay una acumulación, y entenderla es la mitad de la visita.

El templo de Karnak, en Luxor

Los datos

Nombre antiguo Ipet-isut, «el más selecto de los lugares»
Construcción Desde el Imperio Medio, c. 1970 a.C., hasta época romana
Recinto de Amón Unas 25 hectáreas
Conjunto completo Unas 80 hectáreas, con los recintos de Mut y Montu
Dedicado a Amón-Ra, y la tríada tebana con Mut y Jonsu
Distancia a Luxor 3 kilómetros por la avenida de las Esfinges

En el recinto de Amón, que es el que se visita, cabrían holgadamente una decena de catedrales góticas. Y es solo una parte del conjunto: al sur está el recinto de la diosa Mut y al norte el del dios Montu, ambos en gran medida cerrados al público.

Cómo se recorre

La visita sigue el eje principal, de oeste a este, y con una particularidad curiosa: se avanza hacia atrás en el tiempo. Lo primero que se cruza es lo último que se construyó.

La avenida y el primer pilono

Se entra por una avenida de esfinges con cabeza de carnero, el animal sagrado de Amón, cada una protegiendo entre las patas una pequeña figura del faraón.

Detrás está el primer pilono, la fachada monumental de más de cuarenta metros de altura. Es el más grande de los diez que tiene Karnak y también el más tardío: se empezó en la XXX dinastía y nunca llegó a terminarse. Se nota porque le faltan los relieves y porque, por dentro, sigue en pie parte de la rampa de adobe que usaban para subir los bloques. Es uno de los pocos sitios donde se puede ver cómo se construía.

El gran patio

Un espacio enorme rodeado de columnas, con capillas a los lados. En el centro queda en pie una única columna de veintiún metros: es lo que sobrevive del quiosco del faraón kushita Taharqa, que tuvo diez.

La gran sala hipóstila

Lo que casi todo el mundo viene a ver, y con razón. Cinco mil metros cuadrados cubiertos por ciento treinta y cuatro columnas dispuestas en dieciséis filas.

Las doce centrales, con capitel de papiro abierto, miden veintiún metros y sostenían un techo más alto que dejaba entrar la luz por unos ventanales de celosía de piedra. Las ciento veintidós restantes, con capitel de papiro cerrado, son más bajas. Ese desnivel es lo que crea el efecto: se camina en penumbra entre columnas gigantescas y la luz entra en haces desde arriba.

La empezó Seti I y la terminó su hijo Ramsés II, y los relieves de ambos se distinguen a simple vista: los de Seti son en bajorrelieve, más finos; los de Ramsés, en hueco relieve, más profundos y rápidos de ejecutar.

Columnas de la sala hipóstila del templo de Karnak

Los obeliscos

Más allá quedan dos. El de Tutmosis I, de unos veintidós metros, y sobre todo el de Hatshepsut, de casi veintinueve: es el obelisco antiguo más alto que sigue en pie en Egipto, tallado en una sola pieza de granito de Asuán.

Tiene una historia detrás. Tutmosis III, que no podía derribarlo sin cometer sacrilegio contra un monumento dedicado a Amón, lo hizo rodear con un muro de mampostería para ocultarlo. El muro protegió las inscripciones de la erosión durante siglos, de modo que el intento de borrarla acabó conservándola mejor.

El lago sagrado

Ciento veinte metros por setenta y siete, excavado por Tutmosis III y alimentado por el nivel freático. Los sacerdotes se purificaban en él antes de los rituales y allí se criaban las aves acuáticas sagradas.

En la orilla hay un escarabajo colosal de granito, dedicado por Amenhotep III al dios Jepri, el sol del amanecer. La costumbre local dice que dar siete vueltas a su alrededor trae suerte, y verás a bastante gente haciéndolo.

El museo al aire libre

En el lado norte, y muy poca gente entra. Reúne edificios desmontados y reconstruidos pieza a pieza, entre ellos la Capilla Blanca de Sesostris I, del Imperio Medio, de una elegancia extraordinaria y con los relieves mejor tallados de todo Karnak. Sus bloques aparecieron reutilizados como relleno dentro del tercer pilono.

El patio de la Cachette

Entre el séptimo pilono y el eje sur. En 1903, al sondear bajo su pavimento, apareció un depósito con más de ochocientas estatuas de piedra y varios miles de bronces, enterrados ordenadamente en época ptolemaica: era la forma reglamentaria de retirar las ofrendas acumuladas durante siglos sin destruirlas. Buena parte del Museo Egipcio salió de este agujero.

El jardín botánico de Tutmosis III

Una sala pequeña, detrás del santuario, con las paredes cubiertas de relieves de plantas y animales que el faraón trajo de sus campañas en Siria. Es, literalmente, un catálogo de historia natural del siglo XV a.C., y está casi siempre vacía de visitantes.

Los sacerdotes de Amón

Karnak no era solo un templo: era la mayor institución económica de Egipto. Las donaciones reales de tierras, ganado, minas y personal se acumularon durante siglos, y en el Imperio Nuevo el dominio de Amón llegó a controlar una porción enorme de la riqueza del país, con decenas de miles de personas trabajando para él.

Ese poder acabó siendo político. Al final del Imperio Nuevo, los sumos sacerdotes de Amón en Tebas gobernaban de hecho el sur de Egipto con independencia del faraón. Buena parte de la historia tardía del país se explica por el pulso entre la corona y este templo.

Cómo visitarlo

  • Ve a primera hora. Abre temprano, y las dos primeras horas tienen la mejor luz en la sala hipóstila y muchísima menos gente.
  • Calcula dos horas. Menos de eso da para el eje principal y poco más.
  • Sal del eje central. El museo al aire libre, el jardín botánico y el patio de la Cachette están a pocos metros del recorrido habitual y casi nadie los pisa.
  • Llévate agua y sombrero. Salvo en la sala hipóstila, no hay sombra.
  • El espectáculo de luz y sonido es de los mejores de Egipto: se recorre el templo a pie de noche, iluminado por partes, hasta una grada junto al lago sagrado. Comprueba en qué idioma es la sesión del día.
  • Las tarifas se revisan a menudo. Consúltalas poco antes de viajar.

Con qué combinarlo

Con el templo de Luxor, al otro extremo de la avenida de las Esfinges, que se ve mejor de noche. Karnak de día y Luxor de noche es el plan clásico de la orilla este, y deja libre otra jornada para el Valle de los Reyes y el templo de Hatshepsut, al otro lado del río.

Lo tienes ordenado en qué ver en Luxor.

Por qué impresiona

Porque no hay nada comparable. La sala hipóstila es el espacio cubierto más grande que dejó la Antigüedad, y sigue produciendo el efecto para el que se diseñó: hacer sentir pequeño a quien entra.

Y porque, mires donde mires, hay un faraón distinto. Karnak es el edificio en el que más generaciones consecutivas de personas han trabajado en toda la historia.

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