Vista frontal del Templo de Luxor en Egipto, un lugar emblemático de la antigua civilización egipcia.

Descubre el majestuoso Templo de Luxor en Egipto

Está en pleno centro de Luxor, junto a la corniche, entre hoteles y cafeterías. No hay que cruzar el río ni conducir por el desierto: se llega andando desde casi cualquier sitio de la ciudad. Y por la noche, iluminado, es probablemente la estampa más bonita de Egipto.

Su nombre antiguo era Ipet-resyt, «el santuario del sur», y no era un templo funerario ni un lugar de culto ordinario. Tenía una función muy concreta: aquí se renovaba, una vez al año, el poder divino del faraón.

El templo de Luxor iluminado por la noche

La fiesta de Opet

Cada año, durante la crecida, las estatuas de Amón, de su esposa Mut y de su hijo Jonsu salían del templo de Karnak en barcas procesionales y recorrían los tres kilómetros que separan los dos santuarios, por el río o por la avenida de las Esfinges, hasta llegar aquí.

La fiesta duraba entre once y veintisiete días según la época, y en ella el rey entraba en el santuario y salía renovado, confirmado por el dios en su condición divina. Fuera, la ciudad entera comía y bebía a costa del templo: los registros de reparto de raciones son enormes.

La avenida de las Esfinges, dos mil setecientos metros flanqueados por esfinges de cabeza humana, se recuperó y se reabrió al público en 2021 tras décadas de excavación. Hoy se puede recorrer a pie.

Quién lo construyó

El grueso del edificio es de Amenhotep III, en el siglo XIV a.C., que levantó el santuario, la sala hipóstila, el gran patio porticado y la columnata procesional. Un siglo después, Ramsés II añadió por delante un segundo patio y el pilono de entrada, con sus colosos y sus obeliscos.

Después siguieron interviniendo Tutankamón y Horemheb, que decoraron la columnata; Alejandro Magno, que construyó una capilla en el santuario; y los romanos, que rodearon el conjunto de un campamento militar.

Nombre antiguo Ipet-resyt, «el santuario del sur»
Construcción principal Amenhotep III, siglo XIV a.C.
Ampliación Ramsés II, siglo XIII a.C.
Dedicado a La tríada tebana: Amón, Mut y Jonsu
Longitud Unos 260 metros
Distancia a Karnak 3 kilómetros por la avenida de las Esfinges

El recorrido

El pilono y los colosos

La fachada de Ramsés II, con relieves de la batalla de Qadesh contra los hititas, precedida por sus colosos sentados. Delante había dos obeliscos de granito rosa; hoy solo queda uno.

El otro está en París. Muhammad Ali lo regaló a Francia en el siglo XIX y desde 1836 se levanta en la plaza de la Concordia. A cambio, Francia envió un reloj que puede verse en el patio de la mezquita de Muhammad Ali de El Cairo y que, según la leyenda cairota, nunca ha funcionado.

La mezquita suspendida

Nada más entrar en el patio de Ramsés II se ve algo desconcertante: una mezquita, en alto, con su puerta abriéndose varios metros por encima del suelo, sobre las columnas antiguas.

Es la mezquita de Abu al-Haggag, del siglo XIII. Se construyó cuando el templo llevaba siglos enterrado bajo la arena y las casas del pueblo, de modo que se levantó sobre lo que entonces era el nivel del terreno. Cuando en el siglo XIX se excavó el templo y se retiraron catorce metros de sedimento, la mezquita quedó colgada. Sigue en uso, y por eso no se ha tocado: es el mejor testimonio visible de cuánto se había enterrado este edificio.

La columnata de Amenhotep III

Catorce columnas papiriformes de casi veinte metros, en dos filas, que formaban el eje procesional. En sus muros laterales, Tutankamón mandó grabar la fiesta de Opet completa: la salida de Karnak, las barcas, los músicos, los acróbatas, los soldados, la gente. Es la mejor documentación gráfica que existe de una fiesta egipcia.

El gran patio y la sala hipóstila

El patio de Amenhotep III está rodeado por una doble fila de columnas papiriformes cerradas, y es de los espacios mejor conservados y más elegantes del Egipto faraónico. Detrás se abre la sala hipóstila, con treinta y dos columnas en cuatro filas.

Columnas del interior del templo de Luxor

La capilla romana

Al fondo, una sala que los romanos convirtieron en capilla del culto imperial y decoraron con pinturas de los emperadores de la tetrarquía. Después se cubrieron con yeso cristiano, lo que paradójicamente las protegió. Restauradas hace pocos años, permiten ver tres capas de uso religioso —egipcio, romano y cristiano— en el mismo muro.

Al lado, la capilla de las barcas construida por Alejandro Magno, con el macedonio representado como faraón haciendo ofrendas a Amón.

Cómo visitarlo

  • Ve de noche. Es el consejo principal. El templo abre por la tarde y permanece iluminado; las sombras de las columnas, los colosos recortados y la ausencia de calor lo cambian todo. Y hay mucha menos gente.
  • Calcula hora u hora y media. Es compacto y se recorre en un eje.
  • Está en el centro. Se llega a pie desde los hoteles de la corniche.
  • Busca la mezquita desde dentro del patio, para ver a qué altura queda la puerta original.
  • Las tarifas se revisan a menudo. Consúltalas poco antes de viajar.
  • La avenida de las Esfinges arranca en la parte trasera y se puede caminar hacia Karnak; el trayecto completo son tres kilómetros sin sombra, así que de noche o a primera hora.

Con qué combinarlo

Con Karnak, al otro extremo de la avenida, que es enorme y se ve mejor de día. Y con el Museo de Luxor, que está a diez minutos andando por la corniche, abre también por la tarde y guarda estatuas procedentes de este mismo templo: en 1989 apareció bajo el patio un escondrijo con veintiséis esculturas enterradas en época romana, y hoy son la joya del museo.

La orilla oeste —el Valle de los Reyes, el templo de Hatshepsut y los Colosos de Memnón— es otro día distinto, cruzando el río. Lo tienes ordenado en qué ver en Luxor.

Por qué merece la pena

Porque es el templo egipcio más fácil de visitar y uno de los más completos: está en el centro de la ciudad, se ve en una hora, abre de noche y contiene, en el mismo recinto, un santuario faraónico, una capilla de Alejandro Magno, pinturas romanas de emperadores y una mezquita medieval en uso.

Tres mil quinientos años de culto continuado en el mismo sitio, y todavía suena la llamada a la oración desde dentro.

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