Vista impresionante de los Colosos de Memnón en Luxor, Egipto.

Los Colosos de Memnon: Gigantes de Egipto

Van casi todos los autobuses que cruzan a la orilla oeste de Luxor, y la parada dura diez minutos. Dos estatuas enormes al borde de la carretera, unas fotos, y de vuelta al vehículo camino del Valle de los Reyes. Es una pena, porque los Colosos de Memnón son mucho más interesantes de lo que ese cuarto de hora deja ver: son lo único que queda en pie del templo más grande que se construyó jamás en Egipto, y durante dos siglos fueron la atracción turística más famosa del mundo antiguo.

Los dos Colosos de Memnón en la orilla oeste de Luxor

Qué son exactamente

Son dos estatuas sedentes de Amenhotep III, faraón de la XVIII dinastía que gobernó Egipto en torno al 1386-1349 a.C., durante el momento de mayor prosperidad del Imperio Nuevo. Miden unos dieciocho metros con el pedestal incluido —la altura de un edificio de seis plantas— y pesan alrededor de setecientas veinte toneladas cada una.

Están talladas en cuarcita, una roca durísima que no se encuentra en la zona: procede de las canteras de Gebel el-Ahmar, junto a la actual El Cairo, a unos seiscientos setenta y cinco kilómetros río abajo. Cómo se trasladaron dos bloques de ese peso a esa distancia sigue siendo objeto de discusión, porque a esa escala el transporte fluvial normal se queda corto.

Miran al este, hacia el Nilo y hacia el sol naciente. A ambos lados de las piernas del faraón hay figuras mucho más pequeñas: su esposa, la reina Tiy, y su madre, Mutemuia. En los laterales de los tronos aparece el dios Hapy, personificación de la crecida, atando los tallos de papiro y de loto que simbolizan la unión del Alto y el Bajo Egipto.

El templo que ya no está

Los colosos no eran un monumento independiente: flanqueaban la entrada del templo funerario de Amenhotep III, y detrás de ellos se extendía un recinto de unas treinta y cinco hectáreas, con tres pilonos sucesivos, patios porticados, un lago sagrado y centenares de estatuas. Fue el templo más grande construido en el antiguo Egipto, mayor que Karnak.

Duró poco. Estaba levantado en la llanura de inundación, demasiado cerca del río, y la crecida anual fue socavando los cimientos año tras año. Un terremoto acabó de derribarlo hacia el 1200 a.C., y a partir de ahí los faraones posteriores lo trataron como una cantera: bloques, columnas y estatuas del templo de Amenhotep III aparecen reutilizados en construcciones de Merenptah y de épocas posteriores. De todo aquello solo quedaron en pie los dos guardianes de la puerta.

Por qué se llaman Memnón

El nombre no tiene nada que ver con Egipto. Cuando los griegos llegaron a Tebas, siglos después, encontraron dos colosos anónimos y los identificaron con Memnón, rey de Etiopía, hijo de la diosa Eos —la Aurora— y héroe caído ante Aquiles en la guerra de Troya. La confusión cuajó y el nombre se quedó.

Encajaba demasiado bien con lo que ocurría allí cada mañana. En el año 27 a.C. un terremoto partió el coloso del norte por la cintura, y desde entonces la estatua empezó a emitir al amanecer un sonido descrito por los testigos como un lamento, un tañido metálico o la nota de una cuerda al romperse. La explicación física más aceptada es que el rocío nocturno se filtraba en las grietas y, al calentarse la piedra con los primeros rayos del sol, se evaporaba de golpe produciendo una vibración audible.

Detalle de uno de los Colosos de Memnón en Luxor

Para los griegos y los romanos aquello era Memnón saludando cada mañana a su madre la Aurora, y oírlo se convirtió en una peregrinación. Estrabón lo escuchó y dudó de su origen. Pausanias y Tácito lo mencionan. Y en el año 130 d.C. vinieron a escucharlo el emperador Adriano y su esposa Sabina, que se quedaron varios días porque la primera mañana la estatua no sonó.

Aquellos visitantes dejaron su firma. En las piernas y el pedestal del coloso norte hay más de un centenar de inscripciones en griego y en latín, grabadas entre el siglo I a.C. y el III d.C. Son grafitis de turistas antiguos: nombres, fechas y algún poema. Los más elaborados los firmó Julia Balbila, dama de la corte que acompañaba a Sabina, en cuatro epigramas todavía legibles.

El sonido cesó hacia el año 199 d.C., cuando el emperador Septimio Severo mandó reparar la estatua para congraciarse con el oráculo. Los bloques que le añadieron sellaron las grietas y Memnón no volvió a hablar. Se ve perfectamente dónde termina la piedra original y empieza el remiendo romano.

Lo que se está descubriendo ahora

Desde finales de los años noventa, un equipo internacional dirigido por la arqueóloga Hourig Sourouzian excava el templo funerario. El proyecto ha ido sacando del barro y de los campos de caña una cantidad extraordinaria de material: los cimientos de los tres pilonos, una avenida de esfinges, más de doscientas estatuas de la diosa Sejmet y varios colosos adicionales que estaban enterrados a pocos metros de profundidad.

Entre los hallazgos está la estatua de la princesa Isis, hija de Amenhotep III, aparecida junto a las piernas de uno de los colosos. Otros dos colosos, los que marcaban el segundo pilono, se han recompuesto a partir de centenares de fragmentos y vuelven a estar en pie por primera vez en más de tres mil años.

Si visitas el yacimiento con calma verás la obra en marcha detrás de las estatuas: es uno de los pocos sitios de Egipto donde puedes ver arqueología haciéndose, no solo el resultado.

Quién Amenhotep III, XVIII dinastía
Cuándo Hacia 1350 a.C.
Altura Unos 18 metros con el pedestal
Peso Unas 720 toneladas cada uno
Material Cuarcita de Gebel el-Ahmar, a 675 km
Dónde Orilla oeste de Luxor, antigua Tebas
Patrimonio de la Humanidad Desde 1979, dentro del conjunto de Tebas

Cómo visitarlos

Están al borde de la carretera que lleva del embarcadero a los valles, y no hay recinto ni taquilla: se ven desde fuera y la parada es gratuita. Por eso todos los circuitos de la orilla oeste los incluyen, normalmente como primera o última parada de la mañana.

La mejor luz es a primera hora, cuando el sol les da de frente, o al final de la tarde, cuando se recortan contra el cielo. Al mediodía el contraluz es duro y las fotos salen mal. Ten en cuenta que en la explanada hay vendedores de recuerdos bastante insistentes.

Merece la pena dedicar unos minutos a rodear el coloso del norte y buscar las inscripciones grecorromanas en las piernas: están a la altura de la vista, son perfectamente visibles y muy poca gente se detiene a mirarlas. Es lo más parecido que hay a leer el libro de visitas de un monumento hace dos mil años.

Qué combinar en la misma jornada

Los colosos se ven en veinte minutos, así que forman parte de un recorrido más amplio por la necrópolis tebana. Lo habitual es enlazarlos con el Valle de los Reyes, el templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari y, si el tiempo lo permite, Medinet Habu y el Valle de las Reinas.

Puedes ver todas las opciones en nuestras excursiones de un día en Luxor, y si prefieres el recorrido completo de las dos orillas en una jornada, con guía en español, tienes el tour de un día por la orilla oeste y este de Luxor. Los paquetes de viaje a Egipto incluyen la parada dentro del itinerario de Luxor.

Vale la pena parar

Los Colosos de Memnón no impresionan por lo que son —dos estatuas erosionadas, sin rostro reconocible, junto a una carretera— sino por lo que representan. Detrás de ellos hubo el templo más ambicioso de Egipto y delante de ellos pasaron, durante dos siglos, los turistas del Imperio romano, que venían de muy lejos a escuchar cantar una piedra.

Sabiendo eso, esos diez minutos de parada se viven de otra manera.

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