Es el templo egipcio que más impresiona a quien ya ha visto otros, y por una razón concreta: conserva el techo. Entras en la sala hipóstila y no hay cielo abierto sobre las columnas, sino una bóveda de piedra completa, pintada, sostenida por veinticuatro columnas rematadas con el rostro de la diosa Hathor mirando en las cuatro direcciones.
Durante siglos estuvo negro de hollín, porque generaciones de gente vivió y cocinó dentro. La limpieza que se hizo a partir de los años dos mil retiró esa capa y dejó a la vista el color original: azules, rojos y ocres de hace dos mil años, en un estado que no se ve en ningún otro templo egipcio.

Los datos
| Dedicado a | Hathor, diosa del amor, la música y la alegría |
| Construcción actual | Desde el siglo I a.C., terminada en época romana |
| Culto en el lugar | Documentado desde el Imperio Antiguo |
| Fachada | Unos 35 m de ancho por 12 de alto |
| Sala hipóstila | 24 columnas con capiteles hathóricos |
| Situación | Orilla oeste del Nilo, junto a Qena, a unos 75 km al norte de Luxor |
Qué se ve
La sala hipóstila
Lo primero y lo que más se recuerda. Veinticuatro columnas dispuestas en cuatro filas, cada capitel con cuatro rostros de Hathor, de orejas de vaca, mirando a los cuatro puntos cardinales.
Muchas de esas caras están destrozadas a martillazos. No fue obra del tiempo: los primeros cristianos de la zona picaron sistemáticamente los rostros de la diosa, y en algunos puntos también los jeroglíficos. Es una capa más de la historia del edificio y conviene saber de dónde viene.
El techo astronómico
Sobre las columnas, dividido en franjas: las horas del día y de la noche, las constelaciones egipcias, los planetas, las barcas solares, y la diosa Nut arqueada tragándose el sol por la tarde y pariéndolo por la mañana. Es la representación del cielo más completa que dejó Egipto.
Una advertencia útil. El zodíaco de Dendera, el famoso relieve circular con los doce signos, no está aquí. Se arrancó del techo de una capilla de la azotea en 1821 a golpe de sierra y de pólvora, se vendió y hoy está expuesto en el Louvre. Lo que hay en su sitio es una réplica de escayola. Es correcto ir a verla, pero conviene saber qué se está mirando.
Las criptas
Bajo el suelo del templo hay una docena de cámaras estrechas donde se guardaban los objetos de culto más valiosos. Una de ellas se visita, agachado y por un pasadizo muy angosto, y merece la pena porque los relieves están intactos y a pocos centímetros de la cara.
Aquí es donde están las escenas que algunos llaman «las lámparas de Dendera» y que circulan por internet como prueba de que los egipcios tenían electricidad. Lo que hay tallado es un motivo religioso perfectamente conocido: una flor de loto de la que sale una serpiente, sostenida por un pilar dyed y protegida por un genio, una imagen de la creación que aparece en textos y en otros templos. La lectura eléctrica no la sostiene ningún egiptólogo, y los propios muros de la cripta explican en jeroglíficos qué representan.
La azotea
Se sube por una escalera interior decorada con la procesión de sacerdotes que llevaba la estatua de Hathor a lo alto en la fiesta del Año Nuevo, para exponerla al sol y renovar su fuerza. La escalera de bajada es distinta de la de subida, y las dos están talladas con la comitiva completa.
Arriba hay capillas dedicadas al culto de Osiris, la capilla del zodíaco y unas vistas excelentes del recinto y del valle. Es la mejor parte del templo y muchos grupos no suben.

Cleopatra en el muro trasero
Da la vuelta al templo por fuera hasta el muro del fondo. Allí, en un relieve monumental, están grabados Cleopatra VII y su hijo Cesarión haciendo ofrendas a los dioses.
No es un retrato en el sentido moderno —sigue la convención egipcia y no se le parecía—, pero es la única imagen oficial de Cleopatra que ha llegado hasta nosotros en un monumento egipcio, encargada por ella misma. Fue ella quien mandó terminar y decorar esta parte del templo.
El resto del recinto
- Dos mammisis o «casas del nacimiento», una de época nectanébida y otra romana, donde se celebraba el nacimiento del hijo divino de Hathor.
- El sanatorio, un edificio de adobe donde los peregrinos enfermos dormían esperando la curación por medio de los sueños, y donde se vertía agua sobre estelas cubiertas de conjuros para bebérsela después.
- El lago sagrado, un gran rectángulo de piedra con escaleras en las esquinas, hoy seco y ocupado por palmeras.
- El templo de Isis, en la parte trasera, muy arrasado.
- Una basílica copta del siglo V dentro del mismo recinto, una de las iglesias más antiguas de Egipto.
Quién era Hathor
Diosa del amor, de la música, de la danza, de la embriaguez festiva, de la belleza y de la maternidad, y a la vez diosa del cielo y protectora de los muertos en el occidente. Se la representa como vaca, como mujer con cuernos y disco solar entre ellos, o como el rostro de orejas bovinas de los capiteles.
Sus instrumentos son el sistro, un sonajero de metal, y el ménat, un collar pesado de cuentas que se agitaba en las ceremonias. Los verás por todo el templo en manos de las sacerdotisas.
La gran fiesta de Dendera era la del Bello Encuentro: la estatua de Hathor salía de aquí en barca, remontaba el Nilo durante cuatro días hasta el templo de Edfu y se reunía con la de Horus. Pasaban juntos dos semanas, con procesiones, música y una celebración multitudinaria, y luego ella volvía. Los dos templos están construidos en la misma época y con el mismo criterio, y visitarlos en el mismo viaje tiene sentido.
Cómo visitarlo
- Se va desde Luxor, en coche, en una hora y media aproximadamente, o en algunos cruceros que hacen la extensión hasta Dendera.
- Se puede llegar por libre en taxi o con conductor contratado; no hay ninguna restricción que lo impida.
- Se combina casi siempre con Abidos en una excursión de día completo, aunque son dos sitios muy distintos y el día resulta largo.
- Ve pronto. A media mañana llegan los autobuses de Luxor y la sala hipóstila se llena.
- Sube a la azotea y baja a la cripta. Es donde está lo mejor y donde va menos gente.
- Da la vuelta por fuera hasta el muro trasero, por Cleopatra.
- Calcula dos horas para verlo con calma.
- Las tarifas se revisan con frecuencia. Consúltalas poco antes de viajar.
Por qué merece la pena
Porque es el templo egipcio que mejor permite imaginar cómo eran estos edificios cuando funcionaban. En casi todos los demás falta el techo, falta el color y falta la mitad de los muros. Aquí está todo: la sala cubierta, la pintura, las criptas, la azotea, las escaleras de la procesión y el sanatorio donde dormían los enfermos.
Y porque queda a hora y media de Luxor, así que la mayoría de los viajeros no llega. Se visita con una tranquilidad impensable en Karnak.

