De todos los templos que quedan en pie en Egipto, el de Edfu es el que más se parece a lo que fue. No le falta el techo, conserva las salas interiores en su sitio, el pilono sigue teniendo sus treinta y seis metros de altura y hasta las puertas de madera del santuario podrían volver a colocarse. Entrar aquí es lo más cerca que se puede estar de ver un templo egipcio funcionando.
La razón de esa conservación es casi absurda: durante siglos, la arena del desierto lo enterró hasta el techo y encima se construyó un pueblo. Lo que para cualquier otro monumento habría sido el final, para Edfu fue la salvación.

Historia del templo
La primera piedra se puso el 23 de agosto del 237 a.C., bajo Ptolomeo III Evérgetes. La última obra se remató en el 57 a.C., en tiempos de Ptolomeo XII, el padre de Cleopatra. Ciento ochenta años de trabajo, con interrupciones largas provocadas por las revueltas del Alto Egipto contra el poder griego de Alejandría.
Los Ptolomeos eran una dinastía macedonia gobernando un país egipcio, y esa posición explica el edificio. Construir un templo de dimensiones colosales, con la iconografía tradicional y los textos rituales completos, era la forma más eficaz de presentarse ante el clero y ante la población como faraones legítimos. De ahí que Edfu sea a la vez el templo más tardío y el más ortodoxo: se hizo siguiendo el manual al pie de la letra.
No era el primer santuario del lugar. Debajo hay restos de un templo del Imperio Nuevo, orientado de este a oeste; el ptolemaico se giró de norte a sur y reaprovechó del anterior el naos de granito que todavía hoy ocupa el santuario, tallado en tiempos de Nectanebo II, unos tres siglos antes.
El abandono y el redescubrimiento
En el año 391 d.C., el edicto de Teodosio I prohibió los cultos paganos en todo el Imperio. Los templos egipcios se cerraron y muchos se reconvirtieron en iglesias. En Edfu se rasparon los rostros y las manos de las figuras divinas de los relieves —el daño es sistemático y se ve por todas partes— y el techo de la sala hipóstila quedó ennegrecido por el humo de los fuegos que se encendieron dentro.
Después vino el olvido. La arena fue cubriendo el recinto y sobre ella se levantaron las casas de adobe del pueblo de Edfu, hasta el punto de que a mediados del siglo XIX solo asomaba la parte alta del pilono. Auguste Mariette empezó a despejarlo en 1860, y lo que apareció debajo estaba prácticamente intacto.
| Dedicado a | Horus de Behdet, dios halcón |
| Construcción | 237 – 57 a.C., dinastía ptolemaica |
| Anchura del pilono | 79 metros |
| Altura del pilono | 36 metros |
| Superficie | Unos 7.000 metros cuadrados |
| Puesto | El segundo templo más grande de Egipto, tras Karnak |
| Excavado por | Auguste Mariette, a partir de 1860 |
Cómo está organizado por dentro
Los templos egipcios siguen todos el mismo esquema: se avanza desde el exterior hacia el santuario perdiendo luz y ganando estrechez, de modo que el espacio se va cerrando conforme aumenta el grado de sacralidad. En Edfu esa progresión se aprecia mejor que en ningún otro sitio porque están todas las piezas.
El pilono y el patio
El pilono son dos torres trapezoidales de treinta y seis metros unidas por la puerta central, con relieves colosales de Ptolomeo XII golpeando a los enemigos ante Horus y Hathor. Es la escena de rigor del faraón victorioso, repetida durante tres mil años sin apenas cambios. En la fachada se ven todavía las ranuras donde se encajaban los mástiles de los que colgaban los estandartes.
Detrás se abre el patio de las ofrendas, un espacio a cielo abierto rodeado por treinta y dos columnas de capiteles todos distintos: palmas, lotos, papiros, hojas compuestas. Esa variedad es un rasgo tardío, una libertad que los arquitectos del Imperio Nuevo no se habrían permitido. Al fondo del patio, flanqueando la entrada de la sala siguiente, está el famoso halcón de granito negro con la doble corona, que es la fotografía que todo el mundo se lleva de Edfu.
Las dos salas hipóstilas
La primera sala hipóstila, o pronaos, tiene dieciocho columnas dispuestas en tres filas y una fachada con muros de intercolumnio que dejan entrar la luz por la parte alta. A ambos lados de la entrada hay dos habitaciones pequeñas: la «casa de la mañana», donde el sacerdote se purificaba antes del rito, y la biblioteca, con una lista grabada de los libros que allí se guardaban.
La segunda sala hipóstila es más baja, más oscura y tiene doce columnas. De ella salen dos dependencias muy interesantes: el laboratorio, con las recetas de los perfumes y ungüentos sagrados escritas en las paredes, y la tesorería. A partir de aquí el techo baja y la luz prácticamente desaparece.
El santuario
Tras la sala de las ofrendas y el vestíbulo se llega al santuario, un recinto independiente rodeado por un corredor de capillas. Dentro está el naos de granito gris de Nectanebo II, el mueble sagrado donde se guardaba la estatua de culto, y una reproducción moderna de la barca procesional en la que se sacaba al dios en las grandes fiestas.
Merece la pena recorrer el corredor que rodea el santuario. En sus muros está grabado el llamado «mito de Horus»: la guerra del dios halcón contra Seth, el asesino de su padre Osiris, representada como una secuencia de escenas con sus textos, casi un guion teatral que se recitaba durante la fiesta de la Victoria.

Los textos de Edfu
Si Edfu es tan importante para la egiptología no es solo por su estado de conservación, sino por lo que hay escrito en sus muros. Prácticamente cada superficie está cubierta de inscripciones: rituales diarios, calendarios de fiestas, listas de ofrendas, himnos, inventarios de las propiedades del templo e incluso las medidas exactas del edificio.
Ningún otro templo egipcio conserva un corpus comparable. Los «textos de Edfu» son la fuente principal para saber cómo funcionaba de verdad un templo del antiguo Egipto: qué se hacía cada mañana, quién podía entrar en cada sala, qué se ofrecía, qué se cantaba. Buena parte de lo que damos por sabido sobre la religión egipcia procede de aquí.
La fiesta más importante era la del Buen Encuentro. Cada año, la estatua de Hathor salía de su templo de Dendera y navegaba río arriba durante varios días hasta Edfu, donde se celebraba su reunión con Horus. Duraba dos semanas, atraía a peregrinos de todo el país y era, básicamente, la boda anual de los dioses.
Los colores originales
Durante mucho tiempo se dio por hecho que la decoración de Edfu era piedra desnuda. Los trabajos de limpieza de los últimos años, financiados en parte por la Fundación Gerda Henkel, han demostrado lo contrario: bajo siglos de hollín y suciedad quedan restos abundantes de la policromía original, con azules, verdes y rojos vivos, y también láminas de pan de oro sobre las figuras principales.
Los trabajos siguen en curso y van dejando a la vista zonas del techo y de las columnas con un aspecto totalmente distinto al que tenían hace una década. Si tu guía te señala una franja de color en lo alto de un capitel, préstale atención: así se veía todo el templo.
Cómo llegar
Edfu está a unos 110 kilómetros al sur de Luxor y a unos 105 al norte de Asuán, en la orilla occidental del Nilo. La inmensa mayoría de los visitantes llega en crucero por el Nilo, porque el templo es parada fija de todos los itinerarios entre Luxor y Asuán y los barcos atracan a un par de kilómetros.
Desde el embarcadero, el trayecto tradicional se hace en calesa, un coche de caballos que recorre las calles del pueblo hasta la puerta del recinto. Es parte de la experiencia y a mucha gente le encanta; si prefieres no usarla por el estado en que a veces están los animales, hay taxis y microbuses haciendo el mismo trayecto.
Por libre también se puede. Hay trenes y autobuses desde Luxor y desde Asuán, con unas dos horas de viaje, aunque la estación de Edfu queda en la otra orilla y hay que cruzar el puente. Si vas por tu cuenta, lo más práctico es contratar un coche con conductor en Luxor y combinar Edfu con Kom Ombo en la misma jornada.
Horarios, entradas y consejos
El recinto abre por la mañana temprano y cierra a última hora de la tarde, con horario algo más amplio en verano. Las tarifas de los yacimientos egipcios se revisan con frecuencia y hay tarifa reducida para estudiantes con carné internacional, así que conviene consultar el precio actualizado en lugar de fiarse de cifras publicadas hace tiempo. Si llegas en crucero, la entrada suele ir incluida en el paquete.
- Ve temprano. Los grupos de los cruceros llegan casi todos a la misma hora de la mañana y el patio se llena. La primera hora y el final de la tarde son mucho más tranquilos.
- Lleva una linterna pequeña. Las salas interiores están muy oscuras y hay relieves espléndidos que sin luz simplemente no se ven. La del móvil sirve.
- Sombrero, agua y calzado cerrado. El patio y la explanada no tienen sombra y en Edfu aprieta el sol incluso en invierno.
- Sube a la terraza si está abierta. Desde lo alto del pilono, cuando permiten el acceso, se ve la planta completa del templo y el pueblo alrededor.
- Ve con guía. Aquí más que en ningún otro templo, saber leer las escenas cambia por completo la visita: sin explicación son muros bonitos; con ella, un relato seguido.
Por qué no te lo puedes saltar
Karnak es más grande, Abu Simbel más espectacular y el Valle de los Reyes tiene el color de las tumbas. Pero ninguno de ellos te deja entender cómo era un templo egipcio como monumento completo, con su puerta, su patio, sus salas en penumbra y su santuario al fondo. Edfu sí, y por eso está en todos los itinerarios de qué ver en Egipto que merecen ese nombre.
Si viajas con nosotros, la parada en Edfu está incluida en todos los cruceros entre Luxor y Asuán, con guía en español y entradas gestionadas. Solo tienes que bajar del barco.

