Turistas disfrutando de un almuerzo en la isla Al Fantin en Asuán.

Descubre la fascinante Isla Elefantina en Egipto

Desde la corniche de Asuán se ve, a doscientos metros escasos, una isla alargada con palmeras, casas de colores y unas ruinas en el extremo sur. Es Elefantina, y durante más de tres mil años fue el punto donde terminaba Egipto y empezaba África.

Cruzar cuesta unas monedas en el ferry público y cambia por completo el día: al otro lado no hay coches, hay dos pueblos nubios, huertos, niños jugando y uno de los yacimientos excavados más continuamente de todo el país.

La isla Elefantina, en el Nilo a la altura de Asuán

Por qué se llama así

Los egipcios la llamaban Abu, que significa a la vez «elefante» y «marfil», y los griegos tradujeron el nombre literalmente. Hay dos explicaciones y probablemente las dos sean ciertas: por aquí entraba en Egipto el marfil que llegaba del sur, y las rocas de granito redondeadas y grises que emergen del río alrededor de la isla se parecen bastante a lomos de elefante vistos desde la orilla.

La frontera de Egipto

Elefantina fue la capital de la primera provincia del país y su puesto fronterizo durante casi toda su historia. Aquí estaba la aduana, aquí se controlaba todo lo que subía y bajaba por el río —oro, marfil, ébano, incienso, pieles, esclavos— y desde aquí partían las expediciones hacia Nubia.

Los gobernadores de la isla llevaban el título de «guardián de la puerta del sur», y están enterrados justo enfrente, en la colina de Qubbet el-Hawa, en cuyas tumbas dejaron escritas sus biografías.

Qué se ve en el yacimiento

El templo de Satet

Es la joya arqueológica de la isla, aunque no lo parezca. Satet era la diosa de la crecida y de la frontera, y su santuario empezó siendo, hace unos cinco mil años, una simple capilla encajada entre tres bloques de granito.

Lo extraordinario es que se reconstruyó una y otra vez encima del mismo punto durante tres milenios, y las excavaciones han ido sacando a la luz esas capas superpuestas. Hoy se puede bajar y ver el santuario primitivo por debajo de las reconstrucciones posteriores: es una de las secuencias arquitectónicas continuas más largas que existen.

El templo de Jnum

Jnum era el dios carnero de la catarata, el que según la teología local modelaba a los seres humanos en su torno de alfarero y controlaba las aguas del Nilo. Su templo era el mayor de la isla; lo que se ve hoy corresponde sobre todo a las reconstrucciones de época tardía y ptolemaica, con la puerta monumental de Nectanebo II.

El nilómetro

Una escalera excavada en la roca que baja hasta el nivel del río, con marcas graduadas en las paredes. Servía para medir la altura de la crecida, y de esa medida dependía todo: los sacerdotes anunciaban al gobierno la cifra y con ella se calculaban los impuestos del año en todo Egipto.

Se conservan varios en la isla; el más visible está junto al templo de Satet y se puede recorrer.

El Museo de Asuán

Ocupa la antigua villa del ingeniero británico que dirigió la construcción de la primera presa. Es pequeño y algo anticuado, pero guarda los hallazgos de las excavaciones de la isla, con cerámica, estelas, sarcófagos y una momia de carnero sagrado.

Ruinas del recinto de templos en la isla Elefantina, Asuán

La historia que casi nadie cuenta

En el siglo V a.C., cuando Egipto era una provincia del Imperio persa, había en Elefantina una guarnición de soldados judíos al servicio del rey de Persia. Vivían aquí con sus familias desde hacía generaciones y tenían en la isla su propio templo dedicado a Yahvé, con altar y sacrificios.

Sabemos todo esto porque dejaron un archivo. A finales del siglo XIX aparecieron en la isla centenares de papiros y ostraca escritos en arameo: contratos de matrimonio, préstamos, divorcios, cartas familiares, listas de contribuciones y documentos legales. Es uno de los archivos privados más completos que se conservan del mundo antiguo.

Y contienen un episodio dramático. En el año 410 a.C., los sacerdotes del templo de Jnum, molestos por los sacrificios de corderos que se hacían al lado —el carnero era el animal sagrado de su dios—, consiguieron que se destruyera el templo judío. Se conservan las cartas que la comunidad envió a las autoridades de Jerusalén y de Samaria pidiendo permiso y ayuda para reconstruirlo. La primera quedó sin respuesta; enviaron una segunda tres años después.

Los papiros están hoy repartidos entre Berlín, Brooklyn y El Cairo, pero la historia ocurrió exactamente aquí.

Los pueblos nubios

Es lo que más gusta a quien cruza. En la mitad norte de la isla hay dos aldeas nubias habitadas, Kotí y Siou, con las casas encaladas y pintadas de azul intenso, ocre y rosa, puertas decoradas, callejuelas estrechas por las que no cabe un coche y murales en las paredes.

Se pasea sin rumbo, se saluda, se compra algo en una tienda diminuta y se toma un karkadé en una terraza junto al río. Hay casas de huéspedes familiares donde se puede dormir y cenar, y es una de las experiencias más recomendables de todo el sur de Egipto.

Una advertencia elemental de cortesía: son casas particulares, no un decorado. Pregunta antes de fotografiar a alguien.

Cómo llegar

El ferry público sale continuamente de la corniche de Asuán, a la altura del Museo Nubio, tarda cinco minutos y cuesta muy poco: es el transporte diario de los vecinos de la isla. Hay dos embarcaderos, uno para cada aldea.

La alternativa es contratar una faluca o una lancha por horas, que permite además rodear la isla, parar en la isla Botánica de Kitchener y volver al atardecer. Cierra el precio antes de subir.

Ten en cuenta que el recinto arqueológico, en el extremo sur, tiene entrada aparte del acceso a las aldeas, y que sus tarifas se revisan con frecuencia.

Consejos

  • Ve por la tarde. El yacimiento a media tarde, las aldeas al atardecer y la vuelta en barca con el sol poniéndose tras las dunas.
  • Calzado cerrado. El recinto arqueológico es irregular y hay bastante piedra suelta.
  • No hay sombra en la zona de los templos. Sombrero y agua.
  • Con guía se entiende mucho mejor. Sin explicación, las ruinas de Elefantina son un montón de muros bajos; con ella, tres mil años de capas superpuestas.
  • Calcula media jornada para el yacimiento, el museo y las aldeas sin prisa.

Merece cruzar

Elefantina no tiene un monumento espectacular que ponga en las postales. Lo que tiene es otra cosa: es el sitio donde Egipto terminaba, donde se medía la crecida de la que dependía el país entero, donde una comunidad judía tuvo un templo hace dos mil quinientos años, y donde hoy vive gente nubia en casas azules.

Y está a cinco minutos en barca de la corniche. Puedes verlo dentro de nuestras rutas por Asuán, con guía en español.

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