Vista impresionante de la Presa Alta en Asuán, Egipto.

La Presa Alta de Asuán: Maravilla de ingeniería

La parada en la Presa Alta dura veinte minutos y está en todos los itinerarios de Asuán, normalmente encajada entre el obelisco inacabado y el templo de Filé. Mucha gente la vive como un trámite: un muro de tierra enorme, un mirador, unas fotos y de vuelta al autobús.

Merece más atención, porque casi nada de lo que vas a ver en el resto del viaje sería como es sin ella. La presa cambió el régimen de un río que había gobernado la vida egipcia durante cinco mil años, borró del mapa una región entera y obligó a la mayor operación de rescate arqueológico de la historia.

Vista aérea de la Presa Alta de Asuán

Por qué se construyó

Durante milenios, Egipto vivió pendiente de la crecida. Cada verano el Nilo se desbordaba, dejaba una capa de limo fértil y se retiraba; de la altura que alcanzaba dependía si el año traía cosecha o hambre. Una crecida baja significaba escasez, y una demasiado alta arrasaba aldeas enteras.

Ya en 1902 los británicos habían levantado la primera presa de Asuán, ampliada dos veces, pero se quedaba corta. Tras la revolución de 1952, Gamal Abdel Nasser convirtió una presa mucho mayor en el proyecto emblemático del nuevo Egipto: acabaría con el ciclo de la crecida, permitiría regar todo el año y daría electricidad al país.

La presa que provocó una crisis internacional

La financiación se torció de una manera que acabó cambiando la geopolítica del siglo XX. Estados Unidos y el Reino Unido ofrecieron primero el dinero y lo retiraron en 1956, molestos por el acercamiento de Nasser al bloque soviético. Nasser respondió nacionalizando el canal de Suez para financiar la obra con sus ingresos, y de ahí salió la crisis de Suez, con la intervención militar de Francia, el Reino Unido e Israel.

Fue finalmente la Unión Soviética quien puso el crédito y los ingenieros. Las obras arrancaron en enero de 1960, el río se desvió en 1964, la presa quedó terminada en 1970 y se inauguró oficialmente en 1971. Trabajaron en ella decenas de miles de obreros egipcios y unos dos mil técnicos soviéticos, y murieron alrededor de quinientas personas durante la construcción.

Los números

No es una presa de hormigón como las que uno tiene en la cabeza, sino un dique de escollera: un terraplén gigantesco de roca y arena con un núcleo impermeable de arcilla en el centro. Esa es la razón de su perfil ancho y tendido.

Altura 111 metros
Longitud de coronación 3.830 metros
Anchura en la base 980 metros
Anchura en la coronación 40 metros
Volumen de materiales Unos 43 millones de metros cúbicos
Turbinas 12, de 175 MW cada una
Potencia total 2.100 MW
Construcción 1960 – 1970

Para hacerse una idea de la escala: con el material empleado se podrían construir diecisiete Grandes Pirámides. Cuando se terminó, la central eléctrica duplicó de golpe la capacidad instalada de Egipto y llevó la electricidad por primera vez a miles de aldeas del valle. Hoy, con una red nacional muchísimo mayor, su peso relativo en el suministro es pequeño, pero sigue siendo una pieza estratégica del sistema.

El lago Nasser

Detrás de la presa se formó uno de los mayores lagos artificiales del mundo: unos quinientos kilómetros de largo, con más de cinco mil kilómetros cuadrados de superficie y una capacidad superior a los ciento cincuenta kilómetros cúbicos de agua. Los dos tercios que quedan en Egipto se llaman lago Nasser; el tercio que se adentra en Sudán, lago Nubia.

Esa reserva es el verdadero seguro de vida del país. Permitió a Egipto atravesar sin hambruna la sequía del Sahel de los años ochenta, cuando la crecida falló varios años seguidos, y absorber sin daños las crecidas excepcionales de 1975 y 1988. Antes de la presa, cualquiera de esos episodios habría sido una catástrofe nacional.

Nubia bajo el agua

Aquí está la parte que la placa conmemorativa no cuenta. El embalse inundó por completo la Nubia histórica, una región con su propia lengua, su arquitectura de casas encaladas y de colores, y una continuidad cultural de milenios a ambos lados de la frontera.

Entre 1963 y 1964 fueron reasentadas más de cien mil personas: los nubios egipcios, en su mayoría, en poblados construidos alrededor de Kom Ombo, a cientos de kilómetros del río al que habían vivido asomados; los sudaneses, en Jashm el-Girba. Muchos no volvieron a ver sus pueblos, que hoy están a decenas de metros bajo el agua.

Es un asunto que sigue vivo. Si visitas un poblado nubio en Asuán y preguntas, te van a hablar de ello. Y explica por qué la cultura nubia se reivindica hoy con tanta fuerza en la música, la artesanía y la arquitectura de la zona.

La Presa Alta de Asuán vista de frente

La campaña que salvó Abu Simbel

Bajo esa misma agua iban a desaparecer decenas de templos. En 1960 la Unesco lanzó una llamada internacional que movilizó a cincuenta países y se convirtió en la mayor operación de salvamento arqueológico jamás emprendida.

Entre 1964 y 1968, los dos templos de Abu Simbel se cortaron en más de mil bloques de hasta treinta toneladas, se trasladaron y se volvieron a montar sesenta y cinco metros más arriba y doscientos metros más atrás, dentro de una montaña artificial de hormigón. La orientación se recalculó para que el sol siguiera iluminando el santuario dos veces al año.

El templo de Filé corrió una suerte parecida entre 1972 y 1980: se levantó una ataguía alrededor de la isla inundada, se vació el agua y se trasladó piedra a piedra a la isla vecina de Agilkia, remodelada para parecerse a la original. Kalabsha, Beit el-Wali, Dendur y otros conjuntos siguieron el mismo camino; algunos acabaron en museos de Nueva York, Madrid, Turín y Leiden como agradecimiento a los países que colaboraron. El templo de Debod, en Madrid, es uno de ellos.

De aquella campaña nació además la idea misma de patrimonio mundial: la Convención de la Unesco de 1972 es hija directa de lo que ocurrió en Nubia.

Lo que se ganó y lo que se perdió

Ninguna evaluación seria de la presa es unánime, y conviene no simplificarla en ningún sentido.

A favor En contra
Fin de las inundaciones destructivas y de las sequías catastróficas Desplazamiento de más de cien mil nubios
Riego durante todo el año y dos o tres cosechas donde antes había una El limo se queda en el fondo del embalse: los suelos dependen ahora de fertilizantes
Ampliación de la superficie cultivable Erosión del delta, que ya no recibe sedimento, y avance del mar
Electricidad para el desarrollo industrial y para el campo Aumento de la salinidad y de la esquistosomiasis en los canales de riego
Reserva estratégica de agua frente a años malos Caída de la pesca en el Mediterráneo oriental por falta de nutrientes

El balance que hacen los propios egipcios suele ser claro: con todos sus costes, la presa hizo posible sostener a una población que se ha multiplicado varias veces desde entonces. Pero el precio lo pagaron sobre todo los nubios y el delta.

Cómo es la visita

Se accede en coche por la propia coronación de la presa y se para en el mirador del extremo oriental, donde está el monumento de la amistad egipcio-soviética: cinco pétalos de hormigón de setenta y cinco metros que forman una flor de loto abierta. Desde arriba se ve el lago Nasser hacia el sur y el río encajonado hacia el norte, con las torres de la central a los pies.

Cosas prácticas que conviene saber:

  • Es una instalación estratégica. Hay control militar, se pasa un puesto de seguridad y hay direcciones en las que no se puede fotografiar. Haz caso a lo que indique tu guía.
  • La parada es corta, de quince a veinte minutos. No es una visita a pie ni hay recorrido interior.
  • No hay sombra en el mirador y el viento del lago es fuerte casi siempre.
  • Va siempre combinada con el obelisco inacabado y con Filé, en la misma media jornada.

Merece los veinte minutos

Vista sin contexto, la Presa Alta es un terraplén largo y poco fotogénico. Sabiendo lo que hay detrás —una crisis internacional, una región entera bajo el agua, veinte templos desmontados y vueltos a montar— esos veinte minutos se convierten en la bisagra que explica todo el Alto Egipto moderno.

Está incluida en nuestras rutas por Asuán y en todos los cruceros por el Nilo, con guía en español.

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