Vista exterior del Templo de Abidos en Luxor, Egipto, con detalles arquitectónicos impresionantes.

Descubre el Templo de Abydos: Maravilla egipcia

Hay una razón concreta por la que los egiptólogos hablan de Abidos con un tono distinto al que usan para los demás templos: los relieves. Aquí está el mejor bajorrelieve que produjo Egipto, tallado con una finura que no se repite en ninguna otra parte, y en muchas capillas conserva el color original.

No es un sitio de escala monumental. No hay colosos ni salas gigantescas. Lo que hay es calidad de talla, y quien haya visto media docena de templos antes lo nota nada más entrar.

Interior del templo de Abidos

Los datos

Nombre actual El-Araba el-Madfuna, provincia de Sohag
Constructor Seti I, hacia 1290–1279 a.C.; terminado por Ramsés II
Dedicado a Osiris, Isis, Horus, Amón-Ra, Ra-Horajti, Ptah y el propio Seti I
Planta En forma de L, poco habitual, por la presencia del Osireion detrás
Distancia Unos 160 km al norte de Luxor, tres horas por carretera
Se combina con El templo de Dendera, en excursión de día completo

Por qué aquí

Abidos era la ciudad santa de Osiris, y para los egipcios eso significaba algo muy concreto: creían que aquí estaba enterrada su cabeza, el fragmento principal del cuerpo que Isis recompuso después de que Seth lo despedazara.

El sitio ya era sagrado mil quinientos años antes de que Seti I construyera su templo. En la necrópolis de Umm el-Qaab, a poco más de un kilómetro, están las tumbas de los primeros reyes de Egipto, de las dinastías I y II, hacia 3050–2700 a.C. Una de ellas, atribuida a un rey Escorpión, contenía centenares de etiquetas de hueso y marfil con signos grabados: los ejemplos de escritura más antiguos que se conocen en Egipto, de hacia el 3300 a.C.

Cuando el culto de Osiris se popularizó, esa necrópolis primitiva se reinterpretó como su tumba y Abidos se convirtió en el gran centro de peregrinación del país. La gente que no podía enterrarse aquí mandaba colocar una estela con su nombre para participar simbólicamente de las fiestas. Se han encontrado miles.

Los siete santuarios

Esta es la rareza arquitectónica del edificio. Los templos egipcios tienen un santuario al final del eje. Este tiene siete, alineados uno junto a otro al fondo de la segunda sala hipóstila, cada uno con su propia puerta y su propia decoración completa.

De izquierda a derecha: Seti I, Ptah, Ra-Horajti, Amón-Ra, Osiris, Isis y Horus. Que el faraón se incluyera a sí mismo entre los dioses, y en el primer lugar de la fila, dice bastante de las intenciones del edificio.

Los relieves de estas capillas son lo mejor del templo. Escenas de la liturgia diaria talladas en bajorrelieve muy fino: abrir el santuario, vestir la estatua, ofrecerle incienso, cerrar de nuevo. Es el manual ilustrado del culto egipcio, y en varias de ellas el color se conserva casi entero.

La lista real

En un corredor lateral, uno de los documentos más citados de toda la egiptología. Seti I y su hijo Ramsés, aún niño, aparecen ante una lista de setenta y seis cartuchos con los nombres de los faraones anteriores, desde Menes hasta el propio Seti.

Su valor es doble. Por un lado ordena la sucesión de dinastías y ha servido de esqueleto a la cronología egipcia moderna. Por otro, resulta revelador por lo que omite: no están Hatshepsut, ni Ajenatón, ni Tutankamón, ni Ay, ni los reyes hicsos. Es una lista oficial de antepasados legítimos, y los que se consideraban un problema simplemente no figuran. Es propaganda dinástica, y por eso mismo es tan interesante.

El Osireion, detrás del templo de Abidos

El Osireion

Detrás del templo, y varios metros por debajo del nivel del suelo, hay una construcción completamente distinta: una sala rectangular con enormes pilares monolíticos de granito rosa, sin decoración, rodeada de agua.

Es un cenotafio: una tumba simbólica de Osiris. El agua no es una filtración accidental, es el efecto buscado. La sala central se levanta como una isla sobre el nivel freático, reproduciendo la colina primordial que emergió de las aguas en el relato egipcio de la creación. Hoy el nivel ha subido y está más inundado de lo previsto.

Su aspecto ciclópeo y sin inscripciones ha alimentado la idea de que sería miles de años más antiguo que el templo. No lo es: forma parte del proyecto de Seti I, se conectaba con su templo por un pasadizo y sus cámaras interiores llevan textos funerarios de la dinastía XIX con el nombre del rey. El contraste de estilos es deliberado y buscaba precisamente que pareciera arcaico.

Los «jeroglíficos del helicóptero»

Conviene explicarlo porque es lo que más gente pregunta al llegar. En un dintel de la sala hipóstila hay un grupo de signos en el que, con buena voluntad, se ven un helicóptero, un submarino y una aeronave. Las fotos circulan por internet desde hace décadas.

Lo que hay en realidad es un palimpsesto. Seti I mandó grabar allí su titulatura; años después, Ramsés II reutilizó el dintel y grabó la suya encima, rellenando con yeso los signos anteriores. Con el tiempo el yeso se desprendió y quedaron a la vista las dos inscripciones superpuestas, mezcladas en un solo relieve.

Los signos de ambas se han identificado uno a uno y se leen sin dificultad. Es un accidente de conservación, del mismo tipo que se documenta en decenas de monumentos egipcios, y merece la pena verlo sabiendo qué se está mirando.

Cómo visitarlo

  • Se va desde Luxor, en unas tres horas por carretera, casi siempre combinado con Dendera en una excursión de día completo. Sale temprano y se vuelve al anochecer.
  • Es un día largo. Entre los dos templos y el trayecto se juntan diez o doce horas, así que conviene no encajarlo justo antes o después de otra jornada intensa.
  • Lleva agua y algo de comer. Fuera de los templos hay poco.
  • Ve con guía. En Abidos, más que en ningún otro sitio, lo que se ve son escenas rituales concretas, y sin alguien que las lea el templo pierde la mitad.
  • Baja al Osireion y date la vuelta completa al templo por fuera.
  • Hay muy poca gente. Es de los grandes monumentos de Egipto que se visitan casi en soledad.
  • Las tarifas se revisan con frecuencia. Consúltalas poco antes de viajar.

Qué buscar dentro

  • La capilla de Osiris y la sala de detrás, con el color mejor conservado del conjunto.
  • La escena de Seti I y el joven Ramsés lazando un toro con una cuerda, en el corredor de la lista real.
  • Los relieves de la liturgia diaria en las siete capillas, que se repiten con variaciones y permiten seguir la ceremonia paso a paso.
  • La parte terminada por Ramsés II, en hueco relieve más basto, para comparar con la de su padre y ver la diferencia de exigencia entre uno y otro reinado.

Por qué merece la pena

Porque es el mejor trabajo de talla que se conserva del antiguo Egipto y porque casi nadie lo ve. Está lo bastante lejos de Luxor como para quedar fuera de los circuitos cortos, así que se recorren sus salas sin colas y sin ruido, con la luz entrando por las claraboyas de piedra.

Y porque aquí, más que en ningún otro templo, se entiende qué se hacía dentro de estos edificios cuando funcionaban.

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