Casi todos los monumentos de Egipto muestran el resultado. Este muestra el proceso, y por eso es una de las visitas que más se agradece: un obelisco de cuarenta y dos metros todavía tumbado en la cantera, unido a la roca por su cara inferior, abandonado a medio tallar hace tres mil quinientos años porque le salió una grieta.
Es lo más parecido que hay a entrar en un taller faraónico el día en que todo se torció.

Los números
| Longitud | Unos 42 metros |
| Peso estimado | Cerca de 1.170 toneladas |
| Material | Granito rosa de Asuán |
| Encargado por | Probablemente Hatshepsut, hacia 1470 a.C. |
| Estado | Sin terminar, unido a la roca madre |
| Dónde | Canteras del norte, en la propia ciudad de Asuán |
De haberse levantado, habría sido con diferencia el obelisco más grande jamás erigido: pesaría más que dos aviones de pasajeros de fuselaje ancho juntos, y superaría en casi catorce metros al mayor obelisco antiguo que sigue en pie, el de la plaza de San Juan de Letrán, en Roma.
Por qué se abandonó
Los canteros habían excavado ya tres de sus cuatro caras y estaban rebajando la roca alrededor cuando el bloque se agrietó. El granito de Asuán tiene vetas y planos de debilidad, y una fractura de ese tamaño hacía imposible continuar: un obelisco partido no se puede levantar ni transportar.
Lo dejaron donde estaba. Y ese fracaso, para nosotros, ha sido una suerte enorme: en cualquier obelisco terminado se ve la superficie pulida y nada más, mientras que aquí queda a la vista todo el proceso interrumpido a media faena.
Cómo se tallaba el granito
El granito es una de las piedras más duras que existen y los egipcios no tenían herramientas de hierro cuando empezaron a trabajarlo. La solución fue usar una piedra todavía más dura.
En la cantera se han encontrado centenares de bolas de dolerita, del tamaño de un balón y de unos cinco kilos. Con ellas se golpeaba el granito una y otra vez, pulverizándolo poco a poco. No se cortaba: se machacaba. Alrededor del obelisco se ven perfectamente las zanjas resultantes, con esa superficie ondulada y rugosa que deja el golpeo repetido.
Se calcula que un equipo trabajando así avanzaba unos pocos milímetros por hora, lo que da idea del tiempo y de la mano de obra que exigía una pieza de este tamaño.
Sobre cómo se separaba después el bloque de su base, la explicación que suele contarse es la de las cuñas de madera introducidas en ranuras y humedecidas para que, al hincharse, partieran la piedra. Es un método documentado en canteras de piedra blanda, pero para el granito hay dudas razonables, y hoy se piensa que el desprendimiento se hacía también a golpe de dolerita, excavando por debajo hasta dejar el bloque apoyado en unos pocos puntos.

Para qué servía un obelisco
No eran monumentos conmemorativos sin más. Un obelisco era un rayo de sol petrificado: se erigían por parejas ante la entrada de los templos, con la punta recubierta de electro —una aleación de oro y plata— para que reflejara la primera luz del amanecer y la devolviera al cielo.
Se tallaban de una sola pieza, lo cual es la parte más difícil de entender. Cualquier otra construcción egipcia se hace por bloques; un obelisco es un monolito, y eso significa extraerlo entero, moverlo entero y levantarlo entero. Cómo se erigían sigue siendo objeto de debate: la hipótesis más aceptada es la del foso de arena, en el que el obelisco se deslizaba de base hacia un pozo que se iba vaciando lentamente hasta que la piedra basculaba y quedaba vertical.
Dónde acabaron los obeliscos egipcios
La mayoría no está en Egipto. Roma se llevó una decena en época imperial y conserva ocho, más que ninguna otra ciudad del mundo, incluido el propio Egipto.
| Obelisco | Dónde está | Altura | Faraón |
| Laterano | Roma, plaza de San Juan de Letrán | 32 metros | Tutmosis III y IV |
| Flaminio | Roma, plaza del Popolo | 24 metros | Seti I y Ramsés II |
| Obelisco de Hatshepsut | Karnak, en su sitio | 29 metros | Hatshepsut |
| Obelisco de Luxor | Templo de Luxor, en su sitio | 25 metros | Ramsés II |
| Su pareja | París, plaza de la Concordia | 23 metros | Ramsés II |
| Agujas de Cleopatra | Londres y Nueva York, una en cada ciudad | 21 metros | Tutmosis III |
| Obelisco de Teodosio | Estambul, hipódromo | 19 metros en pie | Tutmosis III |
El de Letrán, el más alto que sigue en pie en el mundo, salió precisamente de Karnak. El de la Concordia fue un regalo de Muhammad Ali a Francia en el siglo XIX; a cambio, Francia envió a El Cairo un reloj que, según la leyenda cairota, nunca ha funcionado y que puedes ver en el patio de la mezquita de Muhammad Ali.
Cómo se visita
La cantera está dentro de la ciudad de Asuán, a un par de kilómetros del centro, así que es un desplazamiento corto. El recinto está acondicionado con pasarelas de madera que rodean el obelisco y permiten verlo desde arriba y desde los lados.
- Calcula unos cuarenta y cinco minutos. No es una visita larga, y suele combinarse en la misma media jornada con la Presa Alta y el templo de Filé.
- Ve temprano. No hay una sola sombra en toda la cantera y el granito acumula un calor considerable.
- Busca las marcas de las bolas de dolerita en las zanjas laterales: es lo mejor del sitio y mucha gente pasa de largo sin verlas.
- Fíjate en la grieta. Recorre el obelisco en diagonal y se distingue con claridad; es la razón de que todo esto esté aquí.
- Hay otras piezas abandonadas repartidas por la cantera, entre ellas sarcófagos y bloques a medio extraer.
- Ve con guía si puedes. Sin explicación es una zanja en la roca; con ella, un taller detenido en el tiempo.
Qué más hay en Asuán
El obelisco es una parada dentro de una ciudad que da para varios días. En la misma zona están el templo de Filé, la Presa Alta, la isla Elefantina, las tumbas de los nobles de Qubbet el-Hawa, el mausoleo del Aga Jan, el monasterio de San Simeón y el Museo Nubio.
Y al atardecer, una faluca. Lo tienes todo en qué ver en Asuán.
Vale la pena la parada
Es probablemente el sitio de Egipto donde mejor se entiende cómo se hacían las cosas. No hay relieves ni colores ni oro: hay una piedra enorme, unas zanjas y una grieta. Pero delante de eso se comprende de golpe el esfuerzo que había detrás de cada uno de los obeliscos que sí se levantaron, y que hoy están repartidos por medio mundo.

