Turistas posando frente a la pirámide de Saqqara en Egipto.

Descubre la Necrópolis de Saqqara en Egipto

Media hora al sur de Guiza hay una franja de desierto de siete kilómetros donde Egipto enterró a sus muertos durante tres mil quinientos años sin interrupción. Se llama Sacara, fue la necrópolis de Menfis, y en ella está el edificio de piedra más antiguo que ha construido el ser humano.

Recibe una fracción de los visitantes de Guiza y, sin embargo, tiene tres cosas que las pirámides grandes no tienen: se puede entrar en casi todo, hay relieves con color, y sigue apareciendo material nuevo cada temporada.

Interior de la necrópolis de Sacara

La pirámide escalonada de Zoser

Hacia el 2650 a.C., el arquitecto Imhotep hizo algo que no se había hecho nunca: en lugar de levantar una mastaba de adobe, la construyó en piedra, y después apiló cinco más encima, cada una menor que la anterior. El resultado fue una montaña escalonada de sesenta metros de altura y la primera construcción monumental de piedra tallada del mundo.

Imhotep fue tan admirado por ello que siglos después los egipcios lo divinizaron, algo que no consiguió casi ningún otro personaje no real.

La pirámide es solo el centro de un recinto enorme. El muro perimetral, de caliza blanca y decorado imitando una fachada de palacio, mide unos 545 por 277 metros, con catorce puertas falsas y una sola de verdad. Dentro hay un patio para la fiesta heb-sed de renovación del reinado, capillas simuladas —macizas, sin interior— y la Tumba Sur.

Busca el serdab, una cámara sellada junto a la cara norte con dos agujeros a la altura de los ojos: dentro había una estatua de Zoser mirando hacia fuera, para que el rey pudiera ver los rituales. La que se ve hoy es una réplica; la original está en el Museo Egipcio.

El monumento reabrió en 2020 tras una restauración de catorce años, y ahora se puede bajar a su interior. Todo el detalle, en la pirámide de Zoser.

Los Textos de las Pirámides

Esta es la joya de Sacara y casi ningún circuito la menciona. La pirámide de Unas, último faraón de la V dinastía, es pequeña y por fuera parece un montículo de escombros. Por dentro es otra cosa.

Sus muros están cubiertos, del suelo al techo, de columnas de jeroglíficos pintados de azul: son los Textos de las Pirámides, un conjunto de fórmulas rituales para guiar al rey en su ascenso al cielo. Se grabaron hacia el 2350 a.C. y son los textos religiosos más antiguos que se conocen, mil años anteriores a los primeros libros bíblicos y mucho más antiguos que los Vedas.

Se entra agachado por un corredor descendente y se llega a una cámara con el techo pintado de estrellas y las paredes escritas. Es una de esas experiencias que justifican el viaje entero. La pirámide de Teti, en el otro extremo del yacimiento, tiene textos parecidos.

Las mastabas

Alrededor de las pirámides reales se enterraron los altos funcionarios de la corte, en tumbas rectangulares de muros inclinados llamadas mastabas. Las de Sacara conservan los mejores relieves de vida cotidiana del antiguo Egipto.

  • Mereruka. Visir de Teti y la tumba privada más grande del yacimiento, con treinta y tres cámaras. Hay escenas de caza en los marjales, de orfebres trabajando, de niños jugando y una estatua del difunto que parece salir de la pared.
  • Ti. Probablemente la mejor de todas por la calidad del relieve: la construcción de barcos, la matanza del ganado, la siembra y la cosecha, hipopótamos y cocodrilos entre los papiros.
  • Kagemni. Junto a la de Mereruka, con relieves de animales extraordinarios.
  • Wahtye. Hallada en 2018 y muy comentada por su estado de conservación. Es un sacerdote de la V dinastía, no del Imperio Nuevo, y su tumba conserva la policromía casi intacta.

El Serapeum

Lo más desconcertante del yacimiento. Es una galería subterránea de más de trescientos metros excavada en la roca, con nichos laterales a lo largo del corredor. En cada nicho hay un sarcófago monolítico de granito o de grauvaca de entre sesenta y setenta toneladas, con su tapa correspondiente.

Dentro se enterraba a los toros Apis, encarnaciones vivientes del dios Ptah. Cuando un Apis moría se le momificaba con los mismos ritos que a un faraón y se buscaba a su sucesor entre los terneros del país, identificado por unas marcas concretas en el pelaje.

Auguste Mariette lo encontró en 1851 siguiendo una pista de Estrabón, y descubrió veinticuatro de esos sarcófagos gigantescos, casi todos ya saqueados. Cómo se metieron ahí abajo piezas de setenta toneladas, y cómo se maniobraron en un corredor estrecho, sigue impresionando a cualquiera que baje.

Restos arqueológicos en la zona de Menfis y Sacara

Los animales

Sacara es también la mayor necrópolis animal conocida. En época tardía, los peregrinos compraban un animal momificado como ofrenda votiva al dios correspondiente, y la escala del negocio fue enorme.

Hay galerías con millones de ibis y de halcones ofrecidos a Thot y a Horus, catacumbas de babuinos, un cementerio de gatos en el Bubasteion —el recinto de la diosa Bastet— y, en las galerías del Anubieion, se han estimado varios millones de perros dedicados a Anubis.

Descubrimientos recientes

Sacara es hoy uno de los yacimientos más productivos de Egipto. Desde 2020 se han sacado a la luz centenares de ataúdes de madera sellados de Época Baja, con sus momias dentro, además de estatuas de bronce, papiros y talleres de momificación.

Buena parte de ese material ha pasado directamente a las vitrinas del Gran Museo Egipcio. Y las campañas continúan: es bastante probable que en tu visita haya excavaciones activas a la vista.

El Museo Imhotep

Está en la entrada del recinto, es moderno y pequeño, y merece los veinte minutos que ocupa. Reúne los hallazgos del yacimiento, explica la obra de Imhotep y tiene una sala dedicada a Jean-Philippe Lauer, el arquitecto francés que dedicó setenta años de su vida a restaurar el complejo de Zoser.

Cómo visitarlo

  • Calcula tres horas para ver Zoser, una pirámide con textos, dos mastabas y el Serapeum sin agobios.
  • Lleva linterna. Dentro de las tumbas la iluminación es escasa y los relieves se pierden. La del móvil vale.
  • Comprueba qué está abierto. Las tumbas se rotan y no todas están accesibles el mismo día. Pregunta en la taquilla nada más llegar.
  • Algunas tumbas tienen billete aparte del general, y las tarifas se revisan a menudo.
  • Calzado cerrado y agua. Se camina bastante por arena y no hay sombra entre monumento y monumento.
  • Ve por la mañana y encadena después con Dahshur, que está a veinte minutos.

Con qué combinarlo

La combinación clásica es Sacara, Dahshur y Menfis en la misma jornada. En Dahshur están las dos pirámides de Seneferu —la Acodada y la Roja—, que explican el paso de la forma escalonada a la lisa y en las que se entra sin colas. Y Menfis, la capital a la que servía toda esta necrópolis, conserva un coloso tumbado de Ramsés II.

Los tres juntos cuentan una historia completa, y son mucho más tranquilos que Guiza.

Por qué merece la pena

Porque Guiza impresiona pero no explica nada. Sacara sí: aquí se ve el primer intento de construir en piedra, el momento en que la escalera se convierte en pirámide lisa, los textos con los que un rey esperaba llegar al cielo y las escenas de gente corriente arando y pescando.

Y porque se puede entrar en casi todo, casi siempre sin cola.

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