El edificio rosa de la plaza Tahrir lleva abierto desde 1902 y es el museo arqueológico más antiguo de Oriente Medio. Durante más de un siglo lo tuvo todo: Tutankamón, las momias reales, los colosos, el oro. Hoy ya no lo tiene todo, y conviene saberlo antes de ir, porque en El Cairo hay ahora tres museos distintos repartiéndose lo que antes estaba bajo un solo techo.
Eso no lo convierte en una visita menor. Sigue guardando la paleta de Narmer, el Kefrén de diorita y los retratos de El Fayum, y sigue teniendo algo que los museos nuevos no pueden fabricar: el aire de gabinete decimonónico, con vitrinas de madera, etiquetas escritas a máquina y estatuas colocadas donde cupieron.

Primero, aclaremos cuál es cuál
Es la confusión más habitual entre los viajeros que preparan el viaje, y afecta directamente a lo que vas a ver.
| Museo | Dónde | Qué guarda |
| Museo Egipcio | Plaza Tahrir, centro de El Cairo | La colección histórica: Imperio Antiguo, Amarna, Tanis, retratos de El Fayum |
| Gran Museo Egipcio | Guiza, junto a las pirámides | El ajuar completo de Tutankamón y las grandes piezas monumentales |
| Museo Nacional de la Civilización Egipcia | Fustat, Cairo antiguo | Las momias reales y un recorrido por toda la historia del país |
El traslado de las momias reales, en abril de 2021, se hizo con una procesión nocturna de veintidós faraones por las calles de El Cairo que se retransmitió en directo a medio mundo. El de Tutankamón fue más discreto pero igual de definitivo. Si has leído guías antiguas que sitúan esas piezas en Tahrir, están desactualizadas.
La historia del edificio
El museo nace de una obsesión: la de Auguste Mariette, el arqueólogo francés que en 1858 convenció al gobierno egipcio de que había que dejar de exportar el patrimonio del país. Se creó un servicio de antigüedades y un primer depósito en Bulaq, junto al Nilo, que se inundó en 1878 y perdió parte de la colección.
Tras un paso intermedio por un palacio de Guiza, se convocó un concurso internacional para construir un museo de verdad. Lo ganó el francés Marcel Dourgnon, y el edificio neoclásico que proyectó se inauguró en 1902. Fue el primer edificio del mundo construido desde cero para albergar una colección arqueológica. Mariette está enterrado en el jardín de la entrada, bajo un sarcófago, con su estatua al lado.
Ese jardín merece cinco minutos antes de entrar: hay esfinges, capiteles, sarcófagos y fragmentos colocados entre las palmeras, y bustos de los grandes egiptólogos alrededor del estanque de papiros.
Qué ver dentro
La colección ronda los ciento veinte mil objetos expuestos, y el sótano guarda muchísimos más. Es imposible verlo todo, y tampoco tiene sentido intentarlo. Esto es lo que no deberías perderte.
La paleta de Narmer
Si el museo tiene una pieza única, es esta. Una placa de esquisto de sesenta y cuatro centímetros, de hacia el 3100 a.C., en la que el rey Narmer aparece con la corona blanca del Alto Egipto en una cara y con la roja del Bajo Egipto en la otra. Es el documento fundacional del Estado egipcio: la primera representación conocida de un país unificado, y el objeto con el que empieza toda la historia posterior.
Las obras maestras del Imperio Antiguo
El Kefrén sentado, en diorita negra, con el halcón Horus abrazándole la nuca desde atrás: probablemente la escultura egipcia más perfecta que se conserva. Las tríadas de Micerinos. Y Rahotep y Nofret, un matrimonio de la IV dinastía pintado con tal realismo y con unos ojos de cristal de roca tan vivos que, según cuentan, los obreros que los desenterraron salieron corriendo de la tumba.
Cerca están el Escriba sentado, el enano Seneb con su familia y el llamado «jeque del pueblo», una estatua de madera de un funcionario a la que los excavadores pusieron ese nombre por su parecido con el alcalde de la aldea vecina.

La sala de Amarna
Es la más perturbadora del museo. Los colosos de Ajenatón, con el cráneo alargado, la mandíbula prominente, las caderas anchas y el vientre marcado, rompen tres mil años de convención artística de golpe. El faraón que intentó imponer el culto a un solo dios se hizo representar de una manera que nadie ha sabido explicar del todo: ¿enfermedad, teología, decisión estética?
En la misma sala están los relieves de la familia real bajo el disco solar y algunas de las cabezas del taller de Tutmose, el escultor que hizo el famoso busto de Nefertiti, hoy en Berlín.
El tesoro de Tanis
El hallazgo que casi nadie conoce, y que es lo más parecido a Tutankamón que sigue en Tahrir. En 1939, el francés Pierre Montet encontró intactas en el delta las tumbas de los faraones de las dinastías XXI y XXII: la máscara de oro de Psusenes I, su sarcófago de plata —material más escaso que el oro en Egipto—, joyería y vasijas. El descubrimiento coincidió con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y pasó desapercibido.
Los retratos de El Fayum
Tablas pintadas a la encáustica, de época romana, colocadas sobre el rostro de las momias. Son caras concretas, con peinados de moda, pendientes y miradas directas, y producen un efecto extrañísimo: después de recorrer salas llenas de figuras idealizadas, de pronto estás mirando a los ojos a alguien que vivió hace mil ochocientos años.
El ajuar de Yuya y Tuya
Bisabuelos de Tutankamón, enterrados en el Valle de los Reyes con una tumba prácticamente intacta que se encontró en 1905. Sus ataúdes dorados, sus máscaras y sus muebles fueron, hasta 1922, el hallazgo más rico de la egiptología.
Cómo visitarlo
| Dónde | Plaza Tahrir, centro de El Cairo |
| Metro | Estación Sadat, líneas 1 y 2, a pie de puerta |
| Horario | Todos los días; suele abrir a las 9:00 y cerrar al final de la tarde |
| Duración recomendada | Dos o tres horas |
| Entrada | Tarifa general, con reducción para estudiantes; se revisa con frecuencia |
Un aviso que ahorra disgustos: las salas se están reorganizando desde hace años, dentro de un proyecto de renovación integral, y algunas piezas cambian de sitio o se retiran temporalmente. Si vas a por algo concreto, conviene confirmarlo el mismo día.
La distribución es simple: la planta baja se ordena cronológicamente y en sentido contrario a las agujas del reloj, desde el periodo predinástico hasta la época grecorromana; la planta superior se organiza por temas y por hallazgos. Con dos horas y media se ve lo esencial sin agobios.
Ve pronto, a la hora de apertura, o a media tarde. Los grupos de los circuitos llegan a media mañana y las salas centrales se colapsan. Y ten en cuenta que el edificio no tiene aire acondicionado en la mayor parte de su superficie, algo que en verano se nota bastante.
¿Merece la pena si ya voy al Gran Museo?
Sí, y por razones distintas. El Gran Museo Egipcio de Guiza es un museo del siglo XXI: espacios amplios, iluminación estudiada, cartelas explicativas, el ajuar de Tutankamón completo por primera vez en la historia. Es espectacular y está pensado para el visitante.
El de Tahrir es lo contrario, y ahí está su encanto. Es denso, abarrotado, con vitrinas que no han cambiado en décadas y objetos amontonados que en cualquier otro país serían la pieza estrella de una sala entera. Recorrerlo se parece más a rebuscar en un almacén extraordinario que a visitar una exposición. Los dos juntos cuentan la historia completa; solo uno de ellos deja la sensación de haber descubierto algo.
Qué hay cerca
Estás en el centro exacto de El Cairo. A pie tienes el barrio de Downtown, con sus cafés y su arquitectura belle époque, y desde la estación de Sadat el metro te lleva en pocos minutos al Cairo copto o hacia el norte. En taxi corto llegas a la calle Muizz y al bazar de Jan el-Jalili.
La combinación clásica de una jornada en El Cairo es museo por la mañana y Cairo islámico por la tarde, dejando Guiza para otro día completo. En qué ver en El Cairo tienes el resto de opciones, y nuestras actividades en Egipto incluyen visitas guiadas al museo en español, que aquí ayudan más de lo habitual: sin explicación, muchas vitrinas son solo objetos bonitos sin cartel.

