Representación artística de dioses egipcios con símbolos y características únicas.

Mejores Dioses Egipcios: Deidades del Antiguo Egipto

Los egipcios no tenían una religión con un libro y un dogma, sino un sistema abierto en el que las divinidades se sumaban, se fundían unas con otras y cambiaban de papel según la época y la ciudad. Se conocen alrededor de mil quinientos nombres divinos a lo largo de más de tres mil años, aunque solo unas pocas decenas tuvieron culto extendido por todo el país.

Esta guía recorre los dioses que de verdad hacen falta para entender lo que vas a ver en un templo o en una tumba, y dice dónde encontrar a cada uno.

Representación de los dioses del antiguo Egipto

Cómo funcionaba el panteón egipcio

Conviene entender tres cosas antes de empezar, porque explican casi todas las aparentes contradicciones.

La primera es que las formas animales no son literales. Anubis no es un chacal: es un hombre con cabeza de chacal, o un chacal echado, y el animal funciona como un jeroglífico que identifica la función del dios. El chacal merodea los cementerios del desierto, así que el dios de los cementerios lleva su cabeza. El halcón vuela más alto que nada, así que el dios del cielo y de la realeza lleva la suya.

La segunda es el sincretismo. Dos dioses podían fundirse en uno sin que ninguno de los dos desapareciera. Amón, dios local de Tebas, se unió al Ra heliopolitano para dar Amón-Ra, y siguieron existiendo por separado. Lo mismo ocurrió con Ptah-Sokar-Osiris o con Ra-Horajti. No era una sustitución sino una suma.

Y la tercera es maat: el orden correcto del mundo, que abarca a la vez la verdad, la justicia, el equilibrio cósmico y el buen gobierno. Todo el sistema religioso egipcio existe para mantener maat frente al caos. La función principal del faraón era exactamente esa, y por eso aparece en los muros de todos los templos haciendo ofrendas.

Ra, el sol

El dios solar de Heliópolis y, durante buena parte de la historia egipcia, la divinidad de referencia. Se le representa con cabeza de halcón coronada por el disco solar rodeado de una cobra.

Su mito es un viaje diario. Ra navega el cielo en su barca durante el día, se hunde por el oeste al atardecer, atraviesa de noche las doce horas del inframundo enfrentándose a la serpiente Apofis y renace por el este al amanecer. Ese recorrido nocturno es exactamente lo que está pintado en las paredes del Valle de los Reyes: el faraón muerto se une a la barca solar y renace con ella.

Desde la V dinastía los reyes se titulan «hijo de Ra», y su nombre se incorpora al de infinidad de faraones: Ramsés, Sethy-Merenptah, Amenhotep. Su culto atraviesa prácticamente toda la historia faraónica, unos tres milenios.

Osiris, el rey muerto

El mito egipcio más completo que ha llegado hasta nosotros, y el que más se repite en el arte funerario.

Osiris reinaba sobre Egipto y enseñó a los hombres la agricultura. Su hermano Seth lo mató por envidia, despedazó el cuerpo y repartió los trozos por todo el país. Isis, esposa y hermana de Osiris, los buscó uno a uno con ayuda de Neftis y de Anubis, los reunió y, mediante magia, devolvió a Osiris la vida el tiempo suficiente para concebir a Horus. Después Osiris pasó a reinar sobre el Duat, el mundo de los muertos.

La consecuencia teológica es enorme: si un dios pudo morir y renacer, cualquiera podía hacerlo. De ahí que el difunto se identifique con Osiris en los textos funerarios y que la momificación reproduzca lo que Anubis hizo con su cuerpo.

Se le representa como una momia de piel verde o negra —los colores de la vegetación y del limo fértil—, con la corona atef y el cayado y el mayal cruzados sobre el pecho. Su centro de culto fue Abidos, donde se creía enterrada su cabeza y adonde peregrinaban los egipcios de todo el país.

Dioses del antiguo Egipto representados en un relieve

Isis, la maga

La diosa más importante del panteón y la que más lejos llegó. Es esposa, hermana, viuda y madre a la vez: reconstruye a su marido, lo resucita, esconde a su hijo en los pantanos del delta para salvarlo de Seth y lo cura cuando lo pica un escorpión.

Su atributo no es la fuerza sino la heka, la magia, y por eso se la invocaba en los conjuros de curación domésticos más que a ningún otro dios. Se la representa con un trono sobre la cabeza —su nombre egipcio, Aset, significa «trono»— o con el tocado de cuernos y disco que tomó de Hathor, y muy a menudo amamantando a Horus niño.

Su culto salió de Egipto y se extendió por todo el Mediterráneo. Hubo templos de Isis en Grecia, en Roma, en Pompeya y hasta en Londinium. Su santuario de la isla de File, junto a Asuán, fue el último templo del antiguo Egipto en funcionamiento: se clausuró hacia el año 535, bajo el emperador cristiano Justiniano, más de un siglo antes de la llegada del islam a Egipto.

Horus, el halcón

Hijo de Isis y Osiris, y el dios directamente ligado al poder real. El faraón vivo era Horus; el faraón muerto pasaba a ser Osiris. Ese relevo es el fundamento de la monarquía egipcia.

El mito de sus disputas con Seth por el trono ocupó a los egipcios durante siglos y se conserva en varias versiones, algunas sorprendentemente crudas. En una de ellas Seth le arranca un ojo y Thot se lo restituye: ese es el origen del udyat, el ojo de Horus, el amuleto de protección más común de todo Egipto.

Se le representa como halcón, como hombre con cabeza de halcón, o como niño desnudo con el dedo en la boca y el mechón de la infancia. Su gran templo es el de Edfu, el mejor conservado de Egipto, con un halcón colosal de granito en la entrada.

Seth, el desorden

El asesino de Osiris, señor de las tormentas, del desierto y de las tierras extranjeras. Se le representa con la cabeza de un animal que no corresponde a ninguna especie identificable: hocico curvo, orejas rectangulares y cola bífida.

Pero reducirlo al «dios del mal» es un error que el propio Egipto no cometía. Seth es también el que viaja cada noche en la proa de la barca solar y clava su lanza en la serpiente Apofis: es la violencia necesaria para defender el orden. Hubo faraones que llevaron su nombre —Sethy I, Sethnajt— y dinastías enteras que lo tuvieron por dios protector.

Solo en épocas tardías, con la ocupación extranjera, acabó demonizado del todo y sus imágenes empezaron a ser martilleadas.

Anubis, el embalsamador

Un hombre con cabeza de chacal, o un chacal negro echado sobre un santuario. El negro no es el color del animal real sino el del limo del Nilo, es decir, el de la regeneración.

Fue el dios funerario principal antes de que Osiris ocupara ese lugar, y después se especializó: preside la momificación, guarda la necrópolis y conduce al difunto ante el tribunal. En las escenas de embalsamamiento, el sacerdote que dirige la operación lleva puesta una máscara de Anubis, de modo que la ceremonia repite literalmente lo que él hizo con Osiris.

Lo verás sujetando la balanza en prácticamente todos los papiros del Libro de los Muertos, y su tumba-santuario más impresionante es la capilla de Anubis del templo de Dendera y la del templo de Hatshepsut.

Maat, el orden

Más que una diosa, un principio. Se la representa como una mujer con una única pluma de avestruz en la cabeza, y esa pluma es el instrumento del juicio.

En la escena de la psicostasia, el corazón del difunto —sede de la conciencia para los egipcios, que no daban ninguna importancia al cerebro— se coloca en un platillo de la balanza y la pluma de Maat en el otro. Thot anota el resultado. Si el corazón pesa lo mismo que la pluma, el difunto pasa ante Osiris y accede a la vida eterna.

Junto a la balanza espera Ammit, «la devoradora»: cabeza de cocodrilo, cuartos delanteros de león y traseros de hipopótamo, los tres animales más temidos del valle del Nilo combinados en uno. Si el corazón pesa de más, Ammit lo devora y el difunto deja simplemente de existir. No es una diosa a la que se rindiera culto: es la consecuencia dibujada del fracaso.

Thot, el escriba

Dios de la escritura, del cálculo, del tiempo y de la magia, representado con cabeza de ibis o como babuino sentado. Los egipcios le atribuían la invención de los jeroglíficos, que llamaban medu necher, «las palabras del dios».

Es el árbitro y el notario del panteón: media entre Horus y Seth, restituye el ojo arrancado, anota el resultado del pesaje del corazón y lleva la cuenta de los años del reinado. Los escribas, que formaban la élite administrativa del país, le vertían unas gotas de tinta antes de empezar a trabajar.

Su ciudad era Jemenu, la Hermópolis griega, donde se le enterraron miles de ibis y babuinos momificados.

Diosas del antiguo Egipto

Hathor, la alegría

Diosa del amor, la música, la danza, la embriaguez y la belleza, y también diosa del cielo y nodriza del rey. Se la representa como vaca, como mujer con cuernos de vaca y disco solar, o como rostro humano con orejas bovinas en los capiteles.

Sus objetos son el sistro, un sonajero metálico ritual, y el ménat, un collar de cuentas pesado que se agitaba. En las tumbas aparece acogiendo al difunto en la montaña de occidente.

Su templo de Dendera es de los más completos que existen, con el techo astronómico pintado y las criptas decoradas. También tiene su propio templo junto al de Ramsés II en Abu Simbel, dedicado a la reina Nefertari identificada con ella.

Sejmet, la ira

La otra cara de Hathor. Mujer con cabeza de leona y disco solar, diosa de la guerra, de la peste y también de la curación, porque quien envía la enfermedad puede retirarla.

El mito de la destrucción de la humanidad cuenta que Ra la envió a castigar a los hombres y que se entregó a la matanza con tal furia que ya no podía detenerse. Para salvarlos, Ra hizo teñir de rojo miles de jarras de cerveza y las derramó por el suelo; Sejmet las tomó por sangre, se las bebió, se emborrachó y se durmió. Al despertar era de nuevo Hathor. De ahí las fiestas de la embriaguez y los rituales anuales para apaciguarla.

Amenhotep III mandó tallar centenares de estatuas suyas en granito negro, una por cada día del año, repartidas hoy por los museos del mundo. Puedes ver una fila impresionante en el templo de Karnak y en el Museo Egipcio.

Bastet, el hogar

Empezó siendo también una leona y fue suavizándose hasta convertirse en gata doméstica, la forma con la que se la conoce. Protegía la casa, el parto, la infancia y ahuyentaba las serpientes y las alimañas, que es exactamente lo que hace un gato en un granero.

Su ciudad era Bubastis, en el delta, donde se han excavado enormes cementerios de gatos momificados. Heródoto describió su fiesta anual como la más concurrida y la más desatada de todo Egipto.

De aquel respeto por los gatos procede una anécdota que contaban los griegos: que los persas de Cambises tomaron la ciudad fronteriza de Pelusio poniendo gatos delante de sus tropas, porque ningún egipcio se atrevía a disparar. La cuenta un autor muy tardío y probablemente sea leyenda, pero indica hasta qué punto era conocida esa devoción.

Amón y Amón-Ra

Amón era un dios local de Tebas cuyo nombre significa «el oculto». Cuando los príncipes tebanos expulsaron a los hicsos y fundaron el Imperio Nuevo, su dios de ciudad se convirtió en dios del imperio, se fundió con Ra y pasó a ser rey de los dioses.

El resultado se ve en Karnak, que durante siglos fue la mayor institución económica de Egipto además de un templo. Los sumos sacerdotes de Amón llegaron a gobernar de hecho el sur del país.

Ese poder es la clave para entender el episodio de Ajenatón. Cuando el faraón impuso el culto exclusivo del disco solar Atón, cerró los templos, borró el nombre de Amón de los monumentos y trasladó la capital, estaba desmontando el aparato religioso más poderoso del país. Duró lo que duró su reinado: a su muerte se restauró todo, se abandonó su ciudad y su nombre fue borrado a su vez. Aquel fue el único episodio realmente monoteísta de la historia egipcia; el culto de Amón-Ra, por muy dominante que fuera, siempre convivió con los demás.

Jonsu, la luna

Hijo de Amón y de Mut, con quienes forma la tríada tebana. Dios lunar y del tiempo, representado como una momia joven con el mechón de la infancia, el disco y el creciente lunar sobre la cabeza.

Se le atribuía poder para expulsar a los espíritus y curar enfermedades, y hay una estela famosa que narra cómo su estatua fue enviada a una corte extranjera para sanar a una princesa. Su templo, pequeño y muy bien conservado, está dentro del recinto de Karnak.

Diosa del antiguo Egipto en un relieve de templo

Otros que reconocerás enseguida

Ptah Dios de Menfis y de los artesanos, momiforme y con gorro ajustado. Creó el mundo pensándolo y nombrándolo.
Nut y Geb El cielo y la tierra. Ella arqueada sobre él, cubierta de estrellas, tragándose el sol cada noche.
Sobek Cabeza de cocodrilo, señor de las aguas. Sus templos están en Kom Ombo y en el Fayum.
Jnum Cabeza de carnero. Modela a los seres humanos en su torno de alfarero. Templo en Esna.
Neftis Hermana de Isis y su compañera en el duelo. Aparecen las dos protegiendo los sarcófagos.
Bes Enano barbudo y grotesco, protector del parto y del sueño. No tenía templo: estaba en las casas.
Taueret Hipopótamo hembra erguida, protectora de las embarazadas. También doméstica y muy querida.
Serket Escorpión sobre la cabeza. Protege contra el veneno y custodia uno de los vasos canopos.

Dónde ver a cada uno

  • Amón, Mut y Jonsu: en Karnak, cada uno con su recinto.
  • Hathor: en Dendera, el templo más completo dedicado a una sola diosa.
  • Horus: en Edfu, con el halcón de granito en el patio.
  • Sobek y Haroeris: en Kom Ombo, un templo doble y simétrico compartido por dos dioses.
  • Isis: en la isla de File, frente a Asuán.
  • Osiris y Anubis: en las tumbas del Valle de los Reyes y en cualquier papiro funerario del Museo Egipcio.
  • Ra-Horajti, Amón-Ra y Ptah: sentados en el santuario de Abu Simbel, junto a Ramsés II divinizado.
  • Sejmet: en la fila de estatuas de granito negro de Karnak.

Qué pasó con todo esto

La religión egipcia no se apagó de golpe. Con la conquista romana en el año 30 a.C. dejó de tener respaldo estatal, aunque los emperadores siguieron apareciendo representados como faraones en los muros de los templos durante siglos. La cristianización de Egipto, a partir del siglo III, fue lo que la desplazó de verdad.

Los últimos jeroglíficos fechados se grabaron en File en el año 394, y el último texto en escritura demótica poco después. Ese mismo templo, el último en funcionamiento, se clausuró hacia el año 535 por orden de Justiniano y se convirtió en iglesia. La conquista árabe llegaría más de cien años después, en el 641, cuando el país ya era mayoritariamente cristiano.

Y sin embargo quedó mucho. La imagen de Isis amamantando a Horus influyó en la iconografía cristiana posterior, el ojo udyat sigue vendiéndose en todos los bazares del país y la balanza del juicio de los muertos reaparece, con otros nombres, en religiones posteriores.

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