En Egipto la propina no es un detalle opcional que se deja si el servicio ha sido excelente: forma parte del precio real de casi todo. Se llama baksheesh y la vas a encontrar en el aeropuerto, en el hotel, en los templos, en el baño de una gasolinera y en el barco que te lleva a Filé. Si vienes de España, donde la propina es un extra voluntario y más bien modesto, el cambio de reglas puede resultar desconcertante los primeros días.
Esta guía resume lo que conviene saber antes de aterrizar: cuánto se da en cada situación, en qué moneda, cuándo no hace falta dar nada y cómo manejar las peticiones más insistentes sin sentirte incómodo ni pasarte de generoso.

Qué es el «baksheesh»
La palabra viene del persa bajshesh, que significa regalo o dádiva, y en Egipto abarca tres cosas distintas que conviene no confundir. Está la limosna, una obligación religiosa hacia quien lo necesita. Está el pequeño soborno con el que se agiliza un trámite, una práctica extendida pero que a ti como turista no te concierne. Y está la propina propiamente dicha: el dinero que dejas a quien te ha prestado un servicio.
Esa tercera acepción es la que te interesa, y es también la más frecuente. En la práctica funciona como una parte estructural del sueldo. Un maletero, un conductor o un vigilante de un yacimiento cobran un salario base muy bajo, y el resto de sus ingresos sale de lo que dejan los visitantes. No es un abuso dirigido al extranjero: los propios egipcios dan baksheesh constantemente entre ellos.
Por qué se espera que dejes propina
El salario mínimo en el sector privado egipcio ronda unos pocos miles de libras al mes, una cifra que en euros se queda muy por debajo de lo que costaría vivir en España. En el turismo esa base se completa con propinas, y en muchos puestos las propinas pesan más que la nómina. Por eso el gesto se espera incluso cuando el servicio ha sido simplemente correcto, sin nada extraordinario.
Entenderlo cambia bastante la experiencia del viaje. Dejar de ver cada petición como un intento de sacarte dinero, y verla como lo que es —el modo en que funciona ese mercado laboral—, quita tensión a un montón de pequeñas interacciones diarias.
Cuánto dar: tabla de referencia
Las cantidades que siguen son orientativas y están calculadas para el valor actual de la libra egipcia. Ten en cuenta que la moneda se ha devaluado mucho en los últimos años y que la equivalencia con el euro cambia con frecuencia, así que conviene comprobar el tipo de cambio los días previos al viaje en lugar de fiarte de cifras publicadas hace tiempo.
| Servicio | Propina orientativa |
| Traslado aeropuerto-hotel | 100-150 libras egipcias |
| Conductor, medio día | 100-150 libras |
| Conductor, día completo | 200-300 libras |
| Guía, medio día | 250-350 libras |
| Guía, día completo | 500-700 libras |
| Maletero del hotel | 50 libras por maleta |
| Servicio de limpieza | 50-100 libras por noche |
| Restaurante | 10 % de la cuenta |
| Taxi urbano | Redondear al alza |
| Aseos públicos | 10-20 libras |
| Personal de un crucero por el Nilo | 8-12 euros por persona y día, en el sobre común |
Sobre los restaurantes hay un matiz importante. Muchos establecimientos añaden ya un cargo por servicio del 12 % más el IVA, y ese cargo no siempre llega al camarero. Si ves «service charge» desglosado en la cuenta, con dejar un 5 % adicional en efectivo es suficiente. Si no aparece, el 10 % es la referencia habitual.
Guías, conductores y personal de hotel
El guía es quien más tiempo pasa contigo y quien más puede cambiar el viaje, así que es también quien recibe la propina más alta. Se le entrega al final de cada jornada o al terminar el circuito completo, según prefieras; en un tour de varios días, muchos viajeros dejan un único sobre el último día. El conductor cobra aparte, aunque vayan juntos, y conviene tener eso claro para no dejar una sola cantidad pensando que se reparte.
En el hotel, el maletero cobra en el momento y la limpieza se paga mejor a diario que en un pago único al marcharte, porque el turno cambia y así llega a quien realmente ha trabajado en tu habitación. Deja el dinero a la vista, sobre la almohada o la mesilla, y a poder ser con una nota: el personal suele evitar tocar dinero suelto por miedo a que lo acusen de robarlo.
En qué moneda conviene dar la propina
Siempre en libras egipcias. Los euros y los dólares se aceptan y a nadie le van a molestar, pero quien los recibe tiene que ir a cambiarlos y pierde una parte en la operación, de modo que un billete de cinco euros vale bastante menos de lo que tú crees estar dando. Además, la moneda extranjera de metal —céntimos de euro, cuartos de dólar— no se puede cambiar en ningún sitio y es literalmente inservible.

El verdadero problema práctico no es la moneda, sino el cambio. Los cajeros egipcios sueltan billetes grandes, de doscientas y quinientas libras, y con eso no puedes dar propina a nadie. Cambia en cuanto puedas: paga algo pequeño en un supermercado, pídelo en la recepción del hotel o guarda los billetes chicos que te devuelvan. Llevar encima un fajo de billetes de diez, veinte y cincuenta libras te resolverá el día entero.
Cuándo no hace falta dar propina
No todo el mundo espera baksheesh, y hay situaciones en las que dar dinero es innecesario o incluso contraproducente.
- Cuando el servicio ha sido claramente malo. La propina se espera, pero no es obligatoria, y nadie te va a reprochar que no dejes nada si has recibido un mal trato.
- Cuando alguien no te ha prestado ningún servicio. Un desconocido que se acerca a «explicarte» un monumento en el que ya estás con tu guía, o que se ofrece a hacerte una foto sin que se lo pidas, está creando el servicio para poder cobrarlo.
- Cuando el cargo por servicio ya figura en la cuenta y prefieres no añadir nada más.
- En los mostradores oficiales: aduanas, control de pasaportes, taquillas de los yacimientos. Ahí no se da propina.
Hay un caso concreto que conviene anticipar. En algunos templos y tumbas, un vigilante te invitará a pasar detrás de una cuerda, a hacer una foto donde está prohibido o a entrar en una cámara cerrada, y después te pedirá dinero. Aceptar te expone a una multa y anima una práctica que perjudica la conservación del sitio. Un «no, gracias» y seguir andando es la respuesta adecuada.
Cómo dar la propina sin incomodarte
Hazlo con discreción
La propina se entrega en mano, doblada y sin ostentación. No se cuenta el dinero delante de la persona ni se anuncia la cantidad. Tampoco hace falta acompañarla de un discurso: un gesto con la cabeza y una sonrisa bastan, y en árabe siempre puedes decir shukran, gracias.
El bote común de los cruceros
En los cruceros por el Nilo lo habitual es que exista un fondo común que se reparte entre toda la tripulación, incluida la gente que nunca ves: cocina, lavandería, mantenimiento. Se deja en un sobre en recepción el último día, con el número de camarote escrito. Ocho a doce euros por persona y día es una referencia razonable. Si además quieres reconocer a alguien en concreto, dale su propina aparte y en mano.
Cuando te la piden directamente
Te va a pasar, sobre todo en Guiza, en Jan el-Jalili y en los alrededores de los templos de Luxor. Alguien te ofrece un camello, una foto, un pañuelo o simplemente una indicación, y después reclama. La fórmula que funciona es corta y firme: la, shukran (no, gracias), sin detenerte y sin entrar en conversación. Pararse a explicar por qué no quieres es lo que alarga la negociación.
Y una recomendación general: cierra siempre el precio antes, no después. Un paseo en calesa, en camello o en faluca se negocia en tierra y con la cifra dicha en voz alta por las dos partes. Deja claro también si el precio es por persona o por el grupo entero, porque ese es el malentendido más común.
Lo que consigues dejando propina
El efecto más inmediato es sobre quien la recibe: en muchos de estos oficios, las propinas de una temporada alta sostienen el resto del año. Pero también cambia tu propio viaje. Un guía al que se reconoce el trabajo alarga las explicaciones, te lleva a la tumba que no estaba en el programa y te avisa de a qué hora conviene volver para evitar los autobuses.
Visto así, el baksheesh deja de parecer un peaje y se convierte en lo que realmente es: la forma en que se engrasa el trato entre visitante y anfitrión en un país donde el turismo da de comer a millones de personas. Llevar billetes pequeños y tener claras las cantidades es, sencillamente, viajar bien informado.

