En un templo egipcio no hay nada decorativo. Cada objeto que sostiene una figura, cada corona, cada animal y cada trazo repetido en un muro significa algo concreto, y casi siempre lo mismo en todas partes durante tres mil años.
Aprender a reconocer una treintena de esos signos cambia por completo la visita: se pasa de mirar dibujos bonitos a leer, aunque sea a grandes rasgos, lo que el muro dice.

Antes de empezar: cómo funcionaban los jeroglíficos
Los egipcios llamaban a su escritura medu necher, «las palabras del dios». Tenía en torno a setecientos signos en la época clásica, y no es un alfabeto ni un sistema de dibujos: combina tres cosas a la vez.
- Logogramas. Un signo que vale por la palabra que representa. El dibujo de una casa, con una raya debajo, significa «casa».
- Fonogramas. Signos que valen por sonidos, sin relación con lo dibujado. El búho es la m, la boca es la r, las dos cañas juntas son y. Hay signos de una consonante, de dos y de tres. No se escribían las vocales, y por eso las transcripciones modernas de los nombres son convencionales: «Tutankamón» es una forma de leer twt-ˁnḫ-jmn, no su pronunciación real.
- Determinativos. Signos mudos que se ponen al final de una palabra para aclarar de qué clase de cosa se habla: unas piernas caminando detrás de un verbo de movimiento, un rollo de papiro detrás de una idea abstracta. No se pronuncian, se leen con los ojos.
Se escribían de derecha a izquierda, de izquierda a derecha o en columnas, indistintamente. Para saber en qué dirección leer basta con mirar hacia dónde miran las figuras: se lee hacia ellas.
El sistema dejó de entenderse en el siglo V y estuvo mudo mil cuatrocientos años. Durante ese tiempo se dio por hecho que cada signo era un símbolo místico, y esa idea equivocada, sostenida entre otros por Athanasius Kircher en el siglo XVII, retrasó el desciframiento. Lo resolvió Jean-François Champollion en 1822 a partir de la piedra de Rosetta, al comprender que los signos también anotaban sonidos.
Los treinta símbolos
1. El anj, la vida

El más conocido de todos: una cruz rematada por un lazo. Significa «vida», y en los relieves aparece siempre en manos de un dios, nunca de una persona corriente, porque lo que se está representando es al dios entregando la vida al faraón, a menudo acercándoselo a la nariz.
Lo verás por todas partes. Los cristianos coptos lo adoptaron después como crux ansata, lo que explica algunas cruces egipcias antiguas de forma extraña.
2. El pilar dyed, la estabilidad

Una columna con cuatro travesaños horizontales en lo alto. Significa «estabilidad» o «duración», y se interpreta como la columna vertebral de Osiris.
Había una ceremonia real, la de «erigir el dyed», en la que el faraón levantaba un pilar así con cuerdas: un acto de renovación del orden. Es frecuente en amuletos funerarios, colocado en la garganta de la momia.
3. El cetro uas, el poder

Un bastón largo rematado arriba por una cabeza de cánido estilizada —la del enigmático animal de Set, no identificable con ninguna especie real— y abajo por una horquilla de dos puntas.
Significa «dominio» o «poder», y lo llevan los dioses en la mano. El anj, el dyed y el uas aparecen a menudo juntos: vida, estabilidad y poder, que es lo que el dios concede al rey.
4. El ojo de Horus o udyat

Un ojo humano con la ceja, la marca lacrimal y la espiral de la mejilla del halcón. El amuleto más común del antiguo Egipto.
Viene del mito: en su lucha con Set por el trono, Horus perdió un ojo, y Thot se lo restituyó. De ahí que udyat signifique «el que está sano, el íntegro». Significa restauración, curación y protección, y por eso se pintaba en las proas de las barcas y se colocaba sobre la incisión del embalsamamiento.
Tiene además un uso curioso: sus partes se emplearon como signos de fracciones —un medio, un cuarto, un octavo y así hasta un sesenta y cuatroavo— en la notación de medidas de grano.
5. El shen, la eternidad

Un lazo de cuerda cerrado sobre sí mismo, con el nudo formando una barra recta debajo. Al no tener principio ni fin, significa lo que rodea, lo que protege y lo que dura siempre.
Se ve sujeto entre las garras del buitre y del halcón que sobrevuelan al rey en los relieves. Fue especialmente frecuente a partir del Imperio Medio, y estirado da lugar al cartucho.
6. El escarabajo

El escarabajo pelotero, jeper, que empuja delante de sí una bola y del que los egipcios veían salir crías aparentemente de la nada. Lo asociaron al sol que se empuja a sí mismo por el cielo y renace cada mañana, y al dios Jepri, el sol del amanecer.
El verbo jeper significa «llegar a ser», «existir». De ahí que sea el amuleto de la transformación por excelencia. Los llamados «escarabajos del corazón», grandes y con un conjuro grabado en la base, se colocaban sobre el pecho de la momia para que el corazón no declarase contra su dueño en el juicio.
7. La pluma de Maat

Una única pluma de avestruz. Representa maat: la verdad, la justicia, el equilibrio y el orden correcto del mundo, todo a la vez.
En la escena del juicio se coloca en un platillo de la balanza y el corazón del difunto en el otro. No tiene que pesar menos: tiene que equilibrarla. Si el corazón pesa de más, Ammit lo devora y el difunto deja de existir.
8. El ojo de Ra

Conviene no confundirlo con el anterior, aunque a veces se dibujen parecido. El ojo de Ra no es un objeto sino una entidad: la fuerza femenina que sale del dios sol para actuar por él, y que se encarna en diosas como Hathor, Sejmet, Uadyet, Bastet o Tefnut.
Es protectora y es feroz a la vez. En el mito de la destrucción de la humanidad, Ra envía su ojo a castigar a los hombres bajo la forma de la leona Sejmet, y luego tiene que emborracharla para detenerla. La cobra erguida sobre la frente del faraón es una de sus manifestaciones.
9. El ka

Dos brazos levantados, doblados por el codo. Representa la fuerza vital que se recibe al nacer y que sobrevive al cuerpo, pero que necesita seguir alimentándose.
Ese es el motivo de todo el sistema funerario egipcio: las ofrendas de comida y bebida en las tumbas, las listas de ofrendas grabadas en los muros y las estatuas del difunto en las que el ka podía instalarse. La expresión egipcia para morir era «pasar a su ka».
10. El ba

Un pájaro con cabeza humana. Es la otra parte de la persona: lo que la hace ser ella y no otra, lo más parecido a lo que llamaríamos personalidad.
A diferencia del ka, el ba se mueve. Podía salir de la tumba de día, volar por el mundo de los vivos y volver al cuerpo por la noche, y por eso aparece revoloteando sobre la momia en los papiros funerarios. Que el cuerpo se conservara importaba precisamente para que el ba tuviera adónde regresar.
11. El uróboros

La serpiente que se muerde la cola, formando un círculo. Aparece en textos funerarios del Imperio Nuevo, y en concreto en el santuario dorado de Tutankamón, rodeando el cuerpo del dios sol.
Representa el tiempo cíclico y la renovación continua: lo que termina donde empieza. De Egipto pasó al mundo griego, y de ahí a la alquimia medieval, donde tuvo una larga fortuna.
12. La Amenti y el Duat

Amenti significa «el occidente»: el lugar por donde se pone el sol y, por tanto, la tierra de los muertos. De ahí que todas las necrópolis egipcias estén en la orilla oeste del Nilo y que a los difuntos se les llamara «los occidentales».
El Duat es el mundo subterráneo que el sol atraviesa cada noche y por el que el difunto debe pasar. Los textos de las tumbas reales son, literalmente, la guía de ese recorrido.
13. El tyet, el nudo de Isis

Parecido a un anj pero con los brazos caídos. Se le llama «nudo de Isis» o «sangre de Isis», y se asocia a la protección de la diosa y a lo femenino.
Como amuleto funerario se tallaba preferentemente en materiales rojos —jaspe, cornalina, vidrio rojo— y se colocaba sobre el cuello de la momia. Es frecuente encontrarlo emparejado con el pilar dyed, formando la pareja Isis y Osiris.
14. La corona roja, desheret

Con su respaldo alto y su espiral de alambre saliendo hacia delante. Es la corona del Bajo Egipto, es decir, del delta, en el norte.
15. La corona blanca, hedyet

Alta y cónica, terminada en un bulbo. Es la corona del Alto Egipto, el valle, en el sur. Es la que lleva Osiris dentro de su corona atef.
16. La doble corona, sejemty

Las dos anteriores encajadas una dentro de la otra: la blanca metida dentro de la roja. Se llama sejemty, «las dos poderosas», y en griego pschent.
Significa que quien la lleva gobierna las dos tierras. Es la imagen visual de la unificación de Egipto y no la lleva nadie más que el rey.
17. El cayado y el mayal

El heka, un cayado corto de pastor, y el nejaja, un mayal de tres tiras. Se llevan cruzados sobre el pecho y son las insignias reales por excelencia, las que sujeta Osiris y las que se ven en la máscara de Tutankamón.
La lectura habitual es que el cayado representa el gobierno —el rey como pastor de su pueblo— y el mayal, el sustento, por su relación con la agricultura y el ganado.
18. El sistro

Un sonajero de metal con varillas transversales sueltas que suenan al agitarlo. No es un instrumento de música cualquiera: es un objeto de culto, propio de Hathor, y lo agitaban las sacerdotisas y las mujeres de la familia real.
Su sonido, seco y metálico, servía para apaciguar a la diosa y para ahuyentar lo hostil. Muchos llevan el rostro de Hathor en el mango. Lo verás por todo el templo de Dendera.
19. El disco solar alado

Un disco con dos grandes alas extendidas y, a menudo, dos cobras. Es Horus de Edfu, y está tallado sobre prácticamente todas las puertas de templo de Egipto.
Su función es protectora: preside el umbral y guarda el paso. Si te fijas al entrar en cualquier templo, lo tendrás encima de la cabeza.
20. El seba, la estrella

Una estrella de cinco puntas. Los techos de las cámaras funerarias y de muchos templos se pintaban de azul y se cubrían de ellas, para convertir la sala en cielo nocturno.
Los egipcios eran observadores meticulosos del cielo: orientaban los edificios por las estrellas y organizaban el año por la salida helíaca de Sirio, que anunciaba la crecida. Las estrellas circumpolares, que nunca se ponen, eran «las imperecederas», y hacia ellas apunta el corredor norte de la Gran Pirámide.
21. La corona azul, jepresh

Un casco abombado cubierto de pequeños círculos, con la cobra al frente. Se la llama «corona de guerra» porque los faraones aparecen con ella en las escenas de batalla, aunque también se usaba en ceremonias.
Apareció en el Segundo Periodo Intermedio y fue muy frecuente en el Imperio Nuevo. Es la corona con la que se representa habitualmente a Ramsés II y a Ajenatón.
22. El ajet, el horizonte

El disco solar encajado entre dos montañas. Significa «horizonte», el lugar del amanecer y del ocaso, y por tanto el paso entre este mundo y el otro.
A veces las dos montañas se sustituyen por dos leones sentados espalda contra espalda, que son Aker, el guardián del horizonte. La palabra forma parte del nombre de varias pirámides: «Ajet-Jufu», el horizonte de Keops.
23. La corona atef

La corona blanca del Alto Egipto flanqueada por dos plumas de avestruz y, con frecuencia, cuernos de carnero y discos solares. Es la corona característica de Osiris.
El faraón la lleva en contextos rituales concretos, cuando se identifica con el dios. Es una de las más elaboradas del repertorio y varía bastante de una época a otra.
24. El loto

En rigor es un nenúfar azul, que se cierra de noche, se hunde y vuelve a abrirse por la mañana. Los egipcios vieron en eso el modelo del renacimiento diario.
Uno de los relatos de la creación cuenta que del océano primordial Nun emergió un loto y que de su flor salió el sol, en forma de niño. Es el emblema del Alto Egipto, se ve en los capiteles de las columnas y aparece en todos los banquetes pintados, con los invitados oliéndolo.
Una precisión: la religión egipcia no contempla la reencarnación. Habla de renacimiento del propio individuo en el más allá, que es otra cosa.
25. El cartucho

Un óvalo alargado con una barra en un extremo, que encierra un nombre real. Es un anillo shen estirado, y significa lo mismo: todo lo que el sol rodea, es decir, el dominio del rey sobre el mundo.
Empezó a usarse a finales de la III dinastía y se generalizó a partir de Seneferu. Es la herramienta más útil que existe para orientarse en un templo: buscando cartuchos se identifica de un vistazo qué faraón mandó decorar cada muro, y cuáles fueron borrados y sustituidos por otros, cosa que pasaba con frecuencia.
Fue además la llave del desciframiento: Champollion partió de los cartuchos de Ptolomeo y Cleopatra, porque sabía que dentro había nombres propios extranjeros que tenían que estar escritos con sonidos.
26. El ménat

No es una diosa: es un objeto. Un collar pesado de muchas vueltas de cuentas, con un contrapeso en forma de pala colgando por la espalda para equilibrarlo.
Es, junto con el sistro, el atributo de Hathor. Se agitaba en las ceremonias, sonando como el sistro, y se ofrecía al rey o al difunto como transmisión de la fuerza vital de la diosa. Aparece constantemente en Dendera.
27. El ureo

La cobra erguida y con la capucha desplegada que llevan los faraones sobre la frente. Es la diosa Uadyet, patrona del Bajo Egipto, colocada ahí para escupir fuego contra los enemigos del rey.
A veces la acompaña un buitre, que es Nejbet, patrona del Alto Egipto. Las dos juntas se llaman «las dos señoras» y forman uno de los cinco nombres de la titulatura real. Ojo con la grafía: se escribe ureo, del griego, y no tiene relación con el planeta Urano.
28. Los vasos canopos

Los cuatro recipientes en los que se guardaban las vísceras extraídas durante el embalsamamiento. Cada uno estaba bajo la protección de uno de los hijos de Horus, y a partir del Imperio Nuevo sus tapas tomaron la forma de la cabeza correspondiente.
| Imsety | Cabeza humana | El hígado |
| Hapy | Cabeza de babuino | Los pulmones |
| Duamutef | Cabeza de chacal | El estómago |
| Qebehsenuef | Cabeza de halcón | Los intestinos |
El corazón no se extraía nunca: tenía que quedarse en el cuerpo para el juicio. El cerebro, en cambio, se sacaba y se tiraba, porque no se le atribuía ninguna función.
29. El ib, el corazón

Un vaso panzudo con dos asas, que representa un corazón. Para los egipcios era la sede de la inteligencia, de la memoria, de la emoción y de la conciencia moral: todo lo que nosotros situamos en el cerebro.
Por eso es el órgano que se pesa en el juicio, y por eso el conjuro grabado en los escarabajos de corazón le pide expresamente que no testifique contra su dueño.
30. La colina primigenia

Un montículo saliendo del agua. Todos los relatos egipcios de la creación empiezan igual: un océano inerte, el Nun, del que emerge la primera tierra firme, y sobre ella aparece el creador.
Es probablemente la imagen más influyente de toda la arquitectura egipcia. La pirámide, el obelisco, el suelo elevado del santuario al fondo de los templos y el Osireion inundado de Abidos son todos, de una forma u otra, esa colina.
Dónde verlos
Casi todos, sin salir de un par de sitios:
- El Museo Egipcio y el Gran Museo Egipcio, con los amuletos y el ajuar de Tutankamón, donde están el anj, el dyed, el tyet, el escarabajo y el udyat en su forma original.
- El Valle de los Reyes, para los techos estrellados, el escarabajo solar y las escenas del Duat.
- Los papiros del Libro de los Muertos, para el juicio con la pluma de Maat completo.
- El templo de Karnak, para las coronas, los cartuchos y el disco alado, con la ventaja de que hay siglos de reyes distintos en el mismo edificio.
- Dendera, para el sistro y el ménat.
Un consejo para la visita
No intentes memorizarlos todos. Con reconocer cinco —el anj, el udyat, el cartucho, la doble corona y el escarabajo— ya cambia la manera de mirar un muro, porque empiezas a distinguir lo que se repite de lo que es particular de ese relieve.
Y con el cartucho en concreto se abre una afición: buscar cuáles han sido picados y regrabados encima. En Karnak, en el templo de Abidos y en Deir el-Bahari hay muros enteros donde se ve la operación a simple vista.
Si te interesa el contexto, tienes la civilización egipcia y la cultura del antiguo Egipto, y quiénes eran los dioses a los que pertenecen la mayoría de estos signos en los dioses egipcios.

