Turista extranjero junto a columnas de templo egipcio en un paisaje impresionante.

La Cultura del Antiguo Egipto: Historia y Legado

Sabemos más sobre la vida cotidiana en el antiguo Egipto que sobre casi cualquier otra sociedad antigua, y por una razón un poco irónica: porque los egipcios se preparaban tan a fondo para la muerte que llenaron sus tumbas de escenas de la vida. En las paredes hay gente arando, pescando, haciendo pan, tocando el arpa, jugando, peleándose y contando el ganado.

Este artículo va de eso: de cómo vivía, creía y trabajaba la gente. Si lo que buscas es la historia política —las dinastías, los faraones y las etapas—, la tienes en nuestro artículo sobre la civilización egipcia.

Relieve egipcio con el séquito detrás del faraón

El año egipcio: tres estaciones, no cuatro

Todo empezaba con el río. El calendario egipcio no tenía primavera, verano, otoño e invierno, sino tres estaciones de cuatro meses definidas por el Nilo: ajet, la inundación, de julio a octubre; peret, la salida de las aguas y la siembra, de noviembre a febrero; y shemu, la cosecha y la sequía, de marzo a junio.

Ese ciclo organizaba la vida entera. Durante la crecida no se podía cultivar, y esos meses de campesinado ocioso son los que el Estado empleaba en las grandes obras: las pirámides se construyeron, en buena parte, con gente que en esa época del año no tenía nada que hacer en el campo y recibía a cambio pan, cerveza y raciones.

La religión

Los egipcios tenían centenares de dioses y ninguna dificultad con ello. Cada ciudad tenía el suyo, algunos alcanzaron rango nacional y muchos se fundieron entre sí sin que nadie viera contradicción: Amón-Ra, Ptah-Sokar-Osiris. Un dios podía representarse como hombre, como animal o como hombre con cabeza de animal según lo que se quisiera subrayar de él.

Los más presentes en lo que vas a ver de viaje son estos:

Dios Ámbito Cómo reconocerlo
Ra El sol, creador Cabeza de halcón con disco solar
Amón Dios de Tebas, luego rey de los dioses Corona de dos altas plumas
Osiris El más allá, la resurrección Momificado, de piel verde, con cayado y flagelo
Isis Magia, maternidad Trono sobre la cabeza, o cuernos con disco
Horus Realeza, el cielo Halcón, o cabeza de halcón con doble corona
Anubis La momificación Cabeza de chacal negro
Thot Escritura, conocimiento Cabeza de ibis, con paleta de escriba
Hathor Amor, música, alegría Cuernos de vaca con disco solar
Sejmet Guerra, enfermedad y curación Cabeza de leona

Los templos no eran iglesias

Este es el malentendido más frecuente, y cambia por completo cómo se visita un templo egipcio. No eran lugares de reunión para los fieles: eran la casa del dios, y solo entraban los sacerdotes. La gente corriente se quedaba fuera, en el patio o en la puerta, y solo veía a la divinidad cuando su estatua salía en procesión durante las fiestas.

Por eso los templos se estrechan y se oscurecen hacia el fondo: cuanto más adentro, más restringido. El santuario final era una habitación pequeña donde el sumo sacerdote realizaba cada día el mismo ritual: abrir el altar, lavar la estatua, vestirla, perfumarla, ofrecerle comida y volver a cerrar. Todos los días, en todos los templos del país, durante tres mil años.

La muerte, y la vida que venía después

Se repite mucho que los egipcios estaban obsesionados con la muerte. Es al revés: estaban tan enamorados de la vida que se negaban a que terminara, y organizaron una logística enorme para prolongarla.

Cómo se hacía una momia

El proceso completo duraba unos setenta días y lo hacían especialistas, en talleres junto al río.

  • Se extraían los órganos por una incisión en el costado izquierdo y se guardaban en cuatro vasos canopos, cada uno bajo la protección de un hijo de Horus. El corazón se dejaba dentro: era la sede del pensamiento y hacía falta para el juicio.
  • El cerebro se retiraba por la nariz con un gancho y se desechaba. No se le atribuía ninguna función.
  • El cuerpo se cubría de natrón, una sal natural, y se deshidrataba durante cuarenta días.
  • Después se rellenaba, se ungía con aceites y resinas y se envolvía en varios cientos de metros de vendas de lino, con amuletos colocados entre las capas.

Solo una minoría podía pagar la versión completa. Heródoto describe tres tarifas, y las clases populares se conformaban con enterramientos en la arena del desierto, que por cierto momificaban de forma natural bastante bien.

El juicio de Osiris

Al morir, el difunto comparecía ante cuarenta y dos jueces y declaraba lo que no había hecho: no he matado, no he robado, no he mentido, no he contaminado el agua. Después su corazón se colocaba en un platillo de la balanza y en el otro la pluma de Maat, la verdad. Thot anotaba el resultado.

Si el corazón pesaba lo mismo que la pluma, el difunto pasaba al más allá. Si pesaba más, cargado de faltas, lo devoraba Ammit —parte cocodrilo, parte león, parte hipopótamo— y la persona dejaba de existir. No había infierno: había desaparición, que para un egipcio era mucho peor.

Qué se llevaban

De todo. Comida, vino, muebles, ropa, joyas, juegos, barcas, instrumentos. Y figurillas ushebti, pequeñas estatuillas que trabajarían por el difunto cuando lo llamaran a hacer faenas en el más allá; en algunas tumbas hay una por cada día del año, más capataces.

El arte, y por qué no cambia

Estatuas de Ramsés II en el templo de Luxor

Una figura egipcia se representa siempre igual: cabeza de perfil pero el ojo de frente, hombros de frente, caderas y piernas de perfil, y los dos pies vistos por el lado interno. No es torpeza. Es una decisión: se representa cada parte del cuerpo desde el ángulo que mejor la identifica, porque la imagen no busca parecerse a lo que ve un ojo, sino ser eficaz para siempre.

Las convenciones se sostienen tres mil años casi sin variación, y conocerlas hace la visita mucho más interesante:

  • El tamaño indica importancia, no distancia. El faraón es enorme, su esposa le llega a la rodilla y los enemigos son diminutos.
  • El color de la piel distingue: rojizo para los hombres, más claro para las mujeres, porque ellas pasaban más tiempo bajo techo.
  • Los dioses llevan atributos fijos que permiten identificarlos siempre.
  • Los cartuchos, esos óvalos alargados, encierran el nombre de un rey o una reina. Si ves uno picado a martillazos, alguien quiso borrar a esa persona de la historia.

La única vez que el sistema se rompió fue con Ajenatón, en el siglo XIV a.C., y duró apenas dos décadas. Después se volvió a la norma.

Escribir

Los jeroglíficos no son un alfabeto ni un conjunto de dibujitos: son un sistema mixto en el que unos signos representan sonidos, otros palabras completas y otros aclaran de qué categoría es la palabra anterior. Se leen en la dirección hacia la que miran las figuras.

Se usaban para inscripciones monumentales y textos religiosos. Para el día a día había versiones cursivas —el hierático primero, el demótico después— que se escribían con cálamo sobre papiro o sobre ostraca, trozos de cerámica o de caliza que hacían de papel de borrador.

Saber escribir lo cambiaba todo. El escriba estaba exento del trabajo manual y del servicio militar, tenía acceso a la administración y podía prosperar. Un texto célebre, la Sátira de los oficios, describe con crueldad todos los demás trabajos para convencer a un chaval de que estudie: el herrero con dedos de cocodrilo, el barbero que va de calle en calle, el pescador que trabaja entre cocodrilos.

La vida diaria

La casa

De adobe, con vigas de palmera, ventanas altas y pequeñas para el calor, y la azotea como habitación más usada: allí se cocinaba, se secaba el grano y se dormía en verano. Los suelos eran de tierra apisonada y las paredes se encalaban. La piedra se reservaba para lo que debía durar eternamente: templos y tumbas. Por eso quedan los templos y no las ciudades.

La comida

Pan y cerveza eran la base y funcionaban también como salario: los trabajadores cobraban en raciones de ambos. Se comían legumbres, cebolla, ajo, puerro, lechuga, higos, dátiles y mucho pescado del Nilo. La carne era cara y se reservaba para las fiestas. El pan, molido en piedra, contenía tanta arena que las momias muestran una erosión dental impresionante.

La ropa y el aspecto

Lino, casi siempre blanco, ligero por el calor. Los hombres llevaban un faldellín; las mujeres, una túnica ajustada. Ambos sexos usaban peluca en las ocasiones formales y muchos se afeitaban la cabeza por higiene y por los piojos.

El maquillaje era universal, y no solo estético: el kohl negro alrededor de los ojos reducía el reflejo del sol y, según análisis modernos de sus compuestos de plomo, tenía además un efecto antibacteriano que ayudaba contra las infecciones oculares, muy comunes junto al río.

Las mujeres

Su situación legal era notablemente mejor que la de las griegas o las romanas de siglos posteriores. Podían poseer y heredar bienes, comprar y vender, firmar contratos, pedir el divorcio, declarar ante un tribunal y demandar. Hay documentos de mujeres litigando por una herencia y ganando.

Eso no significa igualdad: los puestos de la administración eran masculinos y el papel social esperado era el de esposa y madre. Pero cuatro mujeres llegaron a gobernar como faraones, entre ellas Hatshepsut, que reinó veintidós años y dejó uno de los templos más bellos del país.

Divertirse

Jugaban al senet, un juego de tablero de treinta casillas que acabó teniendo un significado religioso, como recorrido simbólico hacia el más allá; se han encontrado tableros en muchas tumbas. Había música —arpas, flautas, laúdes, sistros—, danza, acrobacia, lucha, caza en los marjales y natación. Y cerveza en cantidad: hay una inscripción en la que una anfitriona anima a sus invitados a beber hasta la embriaguez.

Deir el-Medina: la aldea que lo cuenta todo

En la orilla oeste de Luxor, cerca del Valle de los Reyes, se conserva el poblado donde vivieron durante casi cuatro siglos los artesanos que excavaban y decoraban las tumbas reales. Eran obreros especializados y sabían leer y escribir, así que dejaron miles de ostraca con notas.

Gracias a eso conocemos su vida con un detalle asombroso: quién faltó al trabajo y por qué —«su madre estaba enferma», «estaba haciendo cerveza», «le picó un escorpión»—, sus pleitos, sus préstamos, sus divorcios y sus chismes. Y en el año 29 del reinado de Ramsés III, cuando las raciones de grano llevaban semanas sin llegar, dejaron las herramientas y se sentaron delante del templo funerario a esperar. Es la primera huelga registrada de la historia.

Medicina y ciencia

El papiro Edwin Smith, copia de un original mucho más antiguo, describe cuarenta y ocho casos quirúrgicos uno por uno: exploración, diagnóstico, pronóstico y tratamiento, sin recurrir a la magia. Distingue lo que se puede tratar de lo que no y contiene la primera descripción conocida del cerebro. El papiro Ebers recoge centenares de recetas.

La práctica de la momificación dio a los médicos egipcios un conocimiento anatómico poco común, y su prestigio era tal que reyes persas y griegos los reclamaban en sus cortes. Había además especialización: los textos mencionan médicos de ojos, de dientes y de estómago.

Qué queda de todo esto

Turista en camello ante las tres pirámides de Guiza

Más de lo que parece. La lengua egipcia sigue viva en su forma copta, en la liturgia de la Iglesia copta ortodoxa. El calendario solar de trescientos sesenta y cinco días es antepasado directo del nuestro. Muchos topónimos y algunas palabras han sobrevivido, y el propio nombre del país viene, a través del griego, de un antiguo nombre de Menfis.

Y en el campo egipcio hay gestos que no han cambiado: el shaduf para sacar agua, las palomas criadas en torres de adobe, el pan plano cocido en horno de barro. Cuando pases en coche entre Luxor y Asuán, mira por la ventanilla. Muchas de las escenas de las tumbas siguen ocurriendo fuera.

Verlo en persona

Todo esto se entiende de otra manera delante de los objetos. Las escenas de vida cotidiana están en las mastabas de Sacara, las tumbas pintadas en el Valle de los Reyes, el ajuar completo en el Gran Museo Egipcio, y los templos en pie desde Karnak hasta Kom Ombo.

Puedes ver el recorrido completo en qué ver en Egipto y nuestras salidas desde España en viaje a Egipto desde España.

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