Egipto tuvo faraones durante tres mil años, más tiempo del que separa a Cleopatra de nosotros. En ese periodo hubo alrededor de treinta dinastías y más de trescientos reyes, y la mayoría son nombres que solo interesan a los especialistas.
Esta guía hace dos cosas: sitúa la cronología completa, para que se entienda en qué orden va todo, y luego cuenta quiénes fueron los quince gobernantes que de verdad hay que conocer antes de visitar el país, porque son los que firman lo que se ve.
La cronología, de un vistazo
| Periodo Arcaico | c. 3100–2686 a.C. | Dinastías I–II | Narmer, Merneith |
| Imperio Antiguo | c. 2686–2181 a.C. | Dinastías III–VI | Zoser, Seneferu, Keops |
| Primer Periodo Intermedio | c. 2181–2055 a.C. | Dinastías VII–XI | Fragmentación del poder |
| Imperio Medio | c. 2055–1650 a.C. | Dinastías XI–XII | Mentuhotep II, Sesostris III, Sobekneferu |
| Segundo Periodo Intermedio | c. 1650–1550 a.C. | Dinastías XIII–XVII | Dominio hicso en el delta |
| Imperio Nuevo | c. 1550–1069 a.C. | Dinastías XVIII–XX | Ahmose, Hatshepsut, Tutmosis III, Amenhotep III, Ajenatón, Tutankamón, Ramsés II |
| Tercer Periodo Intermedio | c. 1069–664 a.C. | Dinastías XXI–XXV | Sumos sacerdotes de Amón; faraones kushitas |
| Baja Época | c. 664–332 a.C. | Dinastías XXVI–XXXI | Psamético I, dominación persa |
| Periodo ptolemaico | 332–30 a.C. | Dinastía macedonia | Alejandro Magno, los Ptolomeos, Cleopatra VII |
Dos advertencias sobre estas fechas. Todas son aproximadas: la cronología egipcia se reconstruye a partir de listas reales, de datos astronómicos y de sincronismos con otras civilizaciones, y hay márgenes de décadas en los periodos antiguos. Y los números de dinastía no son egipcios: los estableció el sacerdote Manetón en el siglo III a.C., y se siguen usando por comodidad.
Los grandes faraones
Narmer

Hacia el 3100 a.C. Se le atribuye la unificación del Alto y el Bajo Egipto y el inicio de la I dinastía, y probablemente sea el mismo personaje al que la tradición posterior llamó Menes.
Lo notable es lo poco que sabemos de él. No se conserva ningún templo ni monumento suyo, y su fama descansa esencialmente en un objeto: la paleta de Narmer, una placa de esquisto de sesenta y cuatro centímetros hallada en Hieracómpolis, con el rey representado en una cara con la corona blanca del sur y en la otra con la roja del norte. Es la primera imagen conocida de un rey de un Egipto unificado y uno de los documentos históricos más antiguos del mundo.
Dónde verlo: la paleta está en el Museo Egipcio de El Cairo, y es una de sus piezas capitales.
Seneferu

IV dinastía, siglo XXVI a.C. Padre de Keops y el faraón que más piedra movió de toda la historia egipcia: construyó más volumen que su hijo, repartido en tres pirámides.
La de Meidum, que terminó, se derrumbó parcialmente y hoy parece una torre. La Acodada de Dahshur cambia de ángulo a media altura, probablemente porque aparecieron grietas y hubo que reducir la pendiente sobre la marcha. Y la Roja, también en Dahshur, es la primera pirámide de caras lisas que se completó con éxito.
Es decir: el problema geométrico y estructural de la pirámide se resolvió en su reinado, por ensayo y error. Sin eso, Guiza no habría sido posible.
Dónde verlo: en Dahshur, donde se entra en la Roja y en la Acodada sin colas, en el mismo día que Sacara.
Keops

Hijo de Seneferu, constructor de la Gran Pirámide de Guiza, y una de las mayores paradojas de la egiptología: del hombre que levantó el edificio más grande de la Antigüedad solo se conserva un retrato, una estatuilla de marfil de siete centímetros y medio.
Su pirámide midió originalmente 146,6 metros y hoy conserva 138,5. Fue el edificio más alto del mundo durante casi cuatro mil años. Junto a ella se encontró en 1954, en una fosa sellada, una barca de cedro de cuarenta y tres metros desmontada en más de mil piezas.
Dónde verlo: las pirámides de Guiza; la estatuilla, en el Museo Egipcio; la barca, en el Gran Museo Egipcio.
Ahmose I

Hacia 1550 a.C. Expulsó a los hicsos, los gobernantes extranjeros que llevaban un siglo instalados en el delta, reunificó el país y fundó la XVIII dinastía, con la que empieza el Imperio Nuevo.
Conocemos aquella guerra con un detalle poco habitual gracias a la autobiografía grabada en la tumba de un soldado, Ahmose hijo de Abana, que sirvió en la campaña y dejó escrito lo que vio, incluidas las recompensas que recibió.
Levantó además en Abidos la última pirámide real construida en Egipto.
Dónde verlo: su momia se conserva y se expone en el Museo de la Civilización Egipcia; hay también piezas suyas en el Museo de Luxor.
Hatshepsut

Siglo XV a.C. Viuda de Tutmosis II y regente de su hijastro Tutmosis III, asumió los títulos completos de faraón y gobernó unos veinte años por derecho propio. No fue la primera mujer que reinó en Egipto —Sobekneferu lo hizo tres siglos antes—, pero sí la que gobernó más tiempo y con más éxito.
Su reinado fue pacífico y próspero. Organizó una gran expedición comercial al país de Punt, en el mar Rojo, y la hizo grabar entera en las paredes de su templo: los barcos, las casas sobre pilotes, los árboles de incienso transportados con su cepellón. Es uno de los relatos gráficos más vivos que dejó Egipto.
Décadas después de su muerte, sus imágenes y su nombre fueron sistemáticamente borrados de los monumentos. El motivo se discute, y hoy se tiende a explicarlo por razones dinásticas más que por rencor personal, ya que la campaña empezó muy tarde en el reinado de Tutmosis III.
Dónde verla: el templo de Deir el-Bahari, en la orilla oeste de Luxor, y su obelisco en Karnak, el más alto que sigue en pie en Egipto.
Tutmosis III

El mayor conquistador de la historia egipcia. Tras la muerte de Hatshepsut dirigió al menos diecisiete campañas en Siria y Palestina y llevó la frontera del imperio hasta el Éufrates. Los historiadores modernos lo han apodado «el Napoleón de Egipto».
La primera de esas campañas, la batalla de Meguido, está narrada con detalle en los muros de Karnak, incluido el consejo de guerra en el que sus generales le recomendaron el camino seguro y él eligió el desfiladero estrecho.
Fue además un gobernante meticuloso. En Karnak dejó grabada su lista de botín, sus donaciones al templo y un jardín botánico tallado con las plantas y animales que trajo de Asia.
Dónde verlo: Karnak, su tumba KV34 en el Valle de los Reyes, y una estatua suya extraordinaria en el Museo de Luxor.
Amenhotep III

Reinó unos treinta y ocho años en el siglo XIV a.C., en el momento de mayor riqueza y estabilidad de Egipto. Casi no hizo guerras: se dedicó a construir y a negociar.
Suyos son el grueso del templo de Luxor —el santuario, la sala hipóstila, el gran patio y la columnata—, el tercer pilono de Karnak, un palacio inmenso en Malqata y el mayor templo funerario que se construyó en Egipto, del que hoy solo quedan en pie los Colosos de Memnón.
Mandó tallar además centenares de estatuas de la diosa leona Sejmet, repartidas hoy por los museos del mundo. De su reinado se conservan las cartas de Amarna, la correspondencia diplomática con Babilonia, Mitanni, Hatti y Chipre: el primer archivo de relaciones internacionales conocido.
Tutankamón

Reinó unos nueve años y murió con dieciocho. Políticamente fue un rey menor, y su mérito principal —revertir la revolución religiosa de Ajenatón y restaurar el culto de Amón— lo dirigieron en realidad sus consejeros.
Es el faraón más famoso del mundo por una razón puramente accidental: la suya es la única tumba real del Valle de los Reyes que llegó al siglo XX esencialmente intacta. Se salvó porque los escombros de la construcción de la tumba de Ramsés VI, siglos después, la sepultaron y la ocultaron.
Howard Carter la abrió en 1922 y tardó diez años en vaciarla. Contenía más de cinco mil objetos, entre ellos la máscara de oro de once kilos que se ha convertido en el emblema del país.
Dónde verlo: el ajuar completo, en el Gran Museo Egipcio; la momia y el sarcófago exterior, todavía en su tumba KV62 del Valle de los Reyes.
Ramsés II

Sesenta y seis años de reinado y más de noventa de vida, en el siglo XIII a.C. Tuvo tantos hijos que a varios les sobrevivió, y su sucesor, Merenptah, era el decimotercero.
Construyó más que ningún otro faraón, y también se apropió de más obra ajena: hizo grabar su cartucho sobre monumentos de sus predecesores por todo el país. Suyos son Abu Simbel, el Ramesseum, la gran sala hipóstila de Karnak terminada por él, los colosos del templo de Luxor y la ciudad de Pi-Ramsés en el delta.
Su batalla de Qadesh contra los hititas, hacia 1274 a.C., la hizo representar en media docena de templos como una victoria personal. Fue en realidad un empate que estuvo cerca del desastre, y terminó años después en el primer tratado de paz escrito que se conserva, del que hay copias en Karnak y en los archivos hititas.
Dónde verlo: en casi todas partes. Abu Simbel, Karnak, Luxor, el Ramesseum, el coloso de Menfis, y su momia en el Museo de la Civilización.
Las mujeres del trono
Merneith

I dinastía, hacia 2950 a.C., y la mujer más antigua de la que consta que ejerció el poder en Egipto. Fue esposa del rey Dyet y madre de Den, y todo apunta a que gobernó como regente durante la minoría de edad de su hijo.
Los indicios son de peso. Tiene en Abidos una tumba real del mismo tipo y tamaño que las de los reyes, con entierros de servidores alrededor; se conserva su estela funeraria, y su nombre aparece en una lista de soberanos de la época hallada en la tumba de Den.
Dónde verla: su estela está en el Museo Egipcio; su tumba, en Umm el-Qaab, junto al templo de Abidos.
Sobekneferu

Hacia 1806–1802 a.C. Hija de Amenemhat III, cerró la XII dinastía y fue la primera mujer que asumió la titulatura real completa de faraón, tres siglos antes que Hatshepsut.
Reinó menos de cuatro años y no dejó grandes monumentos propios, pero sí un detalle iconográfico revelador: en sus estatuas aparece con vestido femenino y, encima, el faldellín y el tocado nemes del rey. No disimula su sexo, lo superpone al cargo.
Su actividad constructiva se documenta en el Fayum y en Hawara, junto al complejo funerario de su padre que los griegos llamaron el Laberinto.
Tiye

Gran esposa real de Amenhotep III y madre de Ajenatón. No era de sangre real: sus padres, Yuya y Tuyu, eran nobles de provincias, y su tumba, hallada casi intacta en 1905, es una de las más ricas que se conocen fuera de la de Tutankamón.
Tiye tuvo un peso político poco habitual. Aparece representada a la misma escala que su marido, cosa rara, y en las cartas de Amarna hay un rey extranjero que, tras la muerte de Amenhotep III, escribe a su hijo diciéndole que consulte a su madre sobre lo que se había acordado.
Dónde verla: la cabeza en madera de tejo del Neues Museum de Berlín es su retrato más célebre; en El Cairo está el ajuar de sus padres.
Nefertiti
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Esposa de Ajenatón y figura central de la revolución religiosa de Amarna, cuando el culto se redujo al disco solar Atón y la corte se trasladó a una ciudad nueva construida en pleno desierto.
Su papel fue mucho más que decorativo: aparece haciendo ofrendas por sí sola, conduciendo un carro y, en un relieve, golpeando a un enemigo, una escena reservada al rey. Hay una hipótesis, discutida, según la cual habría reinado brevemente por derecho propio tras la muerte de su marido bajo el nombre de Neferneferuatón.
Su famoso busto policromado apareció en 1912 en el taller del escultor Tutmose, en Amarna, sin terminar: le falta el ojo izquierdo, que nunca se llegó a colocar. Su tumba y su momia no se han identificado nunca con seguridad, pese a las muchas noticias que anuncian lo contrario cada pocos años.
Dónde verla: el busto está en el Neues Museum de Berlín. En Egipto hay relieves y fragmentos suyos en el Museo Egipcio y en el Museo de Luxor.
Anjesenamón

Hija de Ajenatón y Nefertiti, y esposa de Tutankamón. Las escenas del ajuar de la tumba, en las que le tiende flores o le ajusta el collar, son de las representaciones más íntimas que dejó el arte egipcio.
La pareja no tuvo descendencia viable: en la tumba aparecieron dos fetos momificados, muy probablemente sus hijas.
Con su marido muerto y sin heredero, la dinastía se quedó sin salida, y aquí aparece uno de los episodios más extraordinarios de la diplomacia antigua. Los archivos hititas conservan la carta de una reina egipcia sin hijos que pide al rey Supiluliuma que le envíe uno de sus príncipes para casarse con él, «porque no quiero tomar por marido a un servidor mío». El rey hitita, incrédulo, mandó comprobarlo; cuando por fin envió a su hijo Zannanza, el príncipe fue asesinado antes de llegar. La identificación de aquella reina con Anjesenamón es la lectura más aceptada, aunque no la única.
Después de eso, ella desaparece de la documentación. Solo consta un anillo con su nombre junto al de Ay, el sucesor de Tutankamón.
Cleopatra VII

La última soberana del Egipto independiente, del 51 al 30 a.C. Conviene aclarar dos cosas que se repiten mucho y no son ciertas.
La primera: cuando llegó al trono, Egipto no era una provincia romana. Era un reino independiente, gobernado desde hacía tres siglos por la dinastía macedonia de los Ptolomeos, presionado por Roma pero soberano. Se convirtió en provincia después de su muerte, y Roma era entonces todavía una república en descomposición, no un imperio.
La segunda: no era egipcia de origen sino griega, descendiente de un general de Alejandro Magno. Fue, eso sí, la primera de su dinastía en molestarse en aprender egipcio, además de otras varias lenguas, y en presentarse ante sus súbditos como faraón a la manera tradicional.
Su reputación de belleza extraordinaria procede sobre todo de la propaganda romana posterior y del teatro. Las monedas acuñadas en vida la muestran con nariz prominente y mentón fuerte. Plutarco, que no era precisamente favorable, escribió que lo notable en ella no era su aspecto sino su conversación y su voz.
Su alianza con Julio César y después con Marco Antonio fue una estrategia de supervivencia para su reino. Terminó en Accio, en el 31 a.C., y con su suicidio al año siguiente. Con ella acabaron tres mil años de faraones.
Dónde verla: su único retrato oficial conservado en un monumento egipcio está en el muro trasero del templo de Dendera, junto a su hijo Cesarión.
Dónde se ve todo esto
- El Gran Museo Egipcio y el Museo Egipcio, para el ajuar de Tutankamón, la paleta de Narmer y la estatuilla de Keops.
- El Museo de la Civilización Egipcia, para las momias reales de Ahmose, Tutmosis III, Seti I y Ramsés II, trasladadas allí en 2021.
- El Valle de los Reyes, para sus tumbas.
- Guiza y Dahshur, para Keops y Seneferu.
- Karnak, Luxor, Deir el-Bahari y Abu Simbel, para Hatshepsut, Tutmosis III, Amenhotep III y Ramsés II.
Un truco muy útil: aprende a reconocer el cartucho, el óvalo que encierra el nombre real, y podrás identificar de un vistazo quién mandó decorar cada muro. Lo explicamos en los símbolos del antiguo Egipto.
Los itinerarios que recorren todos estos sitios, con guía en español, están en paquetes de viaje a Egipto, y si prefieres un recorrido a medida, en Egipto a medida.

